Capítulo 6: Botada del trabajo.

1374 Words
Capítulo 6: Botada del trabajo. Me desperté con un leve dolor en el cuello, la música de Harry Styles con As it was sonaba en mis oídos con los audífonos que me había dado George anoche para poder dormir. //...Me está reteniendo, la gravedad me está reteniendo, quiero que tiendas la palma de tu mano, ¿por qué no lo dejamos así? No hay nada que decir cuando todo se interpone. Parece que no puedes ser reemplazado, y que seré yo el que me quede. En este mundo, somos solo tú y yo. Sabes que ya no es lo mismo que era…// Miré unos brazos alrededor de mi cuerpo, George me tenía abrazada de una manera un poco sofocante e incómoda. ¿Qué había pasado anoche? Recordé que había venido con él a una isla y había comenzado a llover… Mierda. Ya era de día. ¿Qué hora era? Me solté del agarre de George con cuidado y me quité los audífonos también, me levanté. —Buenos días. —escuché su voz ronca detrás de mí. ¿Buenos? Preocupantes. —Es de día. —dije arreglando mi cabello, debía de parecer un espantapájaros. —¿Y…? —dijo George soltando un profundo bostezo. —Tenemos que irnos. —dije, evitaba verlo, no quería que viera mi cara de recién levantada. —¿No te quieres bañar un rato en la playa? —preguntó George. —No está en mi lista de prioridades para hacer dinero. —dije. Me metí al baño a lavarme la cara y los dientes con un cepillo que estaba ahí, solo tenía en la cabeza de que iba tarde y podían despedirme de mi trabajo. Salí del baño, George estaba estirándose, tuve que despegar la mirada de él al ver todos sus músculos contraerse en esa forma ejercitadamente impresionante. —Vamos Margareth, no seas aburrida. —dijo George— Estarás conmigo todo el día, podemos divertirnos mucho. Muy tentador, si yo fuera de esas chicas… —Tengo que irme ya —me limité a decir. —¿Tienes que trabajar hoy? —Preguntó George. —Si, probablemente me despidan si no llego en 1 hora. —murmuré. —Puedes trabajar en mi empresa. —dijo George encogiéndose de hombros, le lancé mi mejor mirada de incredulidad. No, trabajar con él no era opción. —¿Y qué haría? —dije con algo de ironía. —Podrías ser mi secretaria. —dijo. ¿Qué? —Ya tienes una. —dije alzando ambas cejas. George se encogió de hombros acercándose a mí. —Una que quiero botar. —dijo. Me reí un poco y di un paso atrás, no me agradaba que se acercara tanto a mí, hacia que todo dentro de mi cuerpo se encendiera con rapidez y actuara con más torpeza de lo usual. —Vamos. —dije caminando hacia la puerta, George soltó un suspiro se colocó la camisa y por fin nos fuimos de ahí en la moto de agua, al menos hoy, el mar estaba calmado, así que no hubo contratiempos, George me llevó en su camioneta hasta mi casa, no podía estar tranquila, sentía que los segundos eran minutos. —Gracias por la cita, adiós. —murmuré abriendo la puerta. George me miró y me agarró del brazo para acercarse y besarme en los labios, sentí que dejé de respirar, el nerviosismo me invadió y como un reflejo, aparté el rostro aclarando mi garganta. No, no, no estaba lista para darle un beso, ni hoy ni nunca. —Eh… gracias por todo. —me limité a decir. George pareció casi ofendido. —¿No merezco un beso? —preguntó. —¿Crees que tengo cara de enamorada? —pregunté confusa. —Para besarnos no hay que estar enamorados. —dijo intentando inclinarse para besarme otra vez, pero yo me alejé de él… otra vez. —Qué lástima que pienses así —dije—, yo no beso a cualquiera. Él frunció el ceño soltándome, pareciendo algo ofendido. —Eres muy estirada y… —Aburrida. —lo interrumpí. —Difícil. —agregó. —No soy difícil solo que siempre me alejé de los chicos como tú —dije—, que veían a las chicas como juguetes sexuales. Él alzó ambas cejas. —Entonces —dijo—, ¿nunca has tenido la aventura de un corazón destrozado? —No, ni tampoco me interesa que me rompa el corazón alguien que ni siquiera sabe amar. Pensé que me había pasado y había sido un poco dura, pero en cambio, George sonrió, su maldita sonrisa siempre siendo un rayo de sol a todo su rostro. —Me caes bien. —dijo. —Tú también —dije luego de un momento—, de una manera extraña. Abrí mas la puerta del auto para bajarme. —Adiós. —dijo. —Adiós. —respondí y me bajé rápidamente para poder irme a cambiar. Dios mío, era demasiado tarde. Entre, me cambié y salí al trabajo, fue en ese momento que me di cuenta de que tenía 2 horas de atraso y el teléfono reventado en llamadas de mi jefe. Maldita sea. Llegué a la tienda, mi jefe fue el primero al que vi, me moría de la vergüenza. —Perdone la tardanza. —dije sin aliento con el corazón acelerado, por fin había llegado. Mi jefe me miró sin interés mientras arreglaba unas bolsas plásticas. —No importa. —dijo. ¿Qué? Él siendo tan duro no creí que me respondería así. —Ah okey… —murmuré. Iba a mi lugar de trabajo para comenzar a trabajar, pero mi jefe dijo: —¿A dónde vas? Lo miré confusa. —A trabajar —dije sin comprender. —No, no vuelvas más. —dijo. ¿Qué? Sentí una presión en el pecho. Ay no… —Pero señor… —dije sintiendo un nudo en la garganta. —No puedes llegar tarde. —dijo indiferente. —Señor… —Es algo que no voy a tolerar ni una vez —me interrumpió antes de que le dijera mi excusa—, te lo dije al principio. Sí, si lo había hecho. Maldita sea. Apreté los labios y salí de ahí quitándome el moño del cabello, con la dignidad por el piso, j***r, ahora estaba desempleada por pasar una fabulosa noche en una isla desierta con un chico ardiente, bueno no sonaba tan mal, pero… me había costado mi trabajo. A la mierda no me arrepentía, pero ¿ahora que iba a ser? Necesitaba el dinero. Solté un suspiro, ahora sí que la había cagado a lo grande, ahora tendría que nuevamente dejar mi síntesis curricular en las tiendas para que algún día me llamaran y así posiblemente empezar a trabajar. Me hubiera quedado en la playa con George. Como si lo hubiera invocado, me llegó un mensaje, saqué mi teléfono del bolsillo, era George. Fruncí el ceño abriéndolo, decía: George: Hola, ¿salimos esta noche? Mordí mis labios, ahora que lo recordaba, él me había ofrecido trabajo, era como ver la luz al final del túnel. Perfecto. No tardé en responderle. Margareth: ¿Puedo llamarte? No esperé que respondiera, lo llamé, tardó 3 repiques antes de contestar. —Hola. —dijo. —¿Es muy raro esto de llamarte? —pregunté algo apenada. —Un poco sí —admitió— usualmente no me gustan las llamadas, pero, es agradable volver a escuchar tu voz. Claro, la labia de perros. De seguro se lo decía a todas. —Oye —dije— ¿recuerdas que te dije que iba tarde y que me podían despedir y tu dijiste que me podías contratar? George pareció pensativo. —Sí… —Bueno —dije—, llegué tarde, me despidieron y ahora necesito trabajo. Eso era. —Oh. —murmuró luego de un momento. —Sí. —susurré. —Está bien —dijo—, ¿te parece si vienes para una entrevista de trabajo? —Sí… sí claro. —dije. —Debes venir elegante. ¿Qué? —Entonces dame 3 horas. —dije, ni siquiera me había bañado desde ayer. —Está bien —dijo—, aquí te espero. Me colgó. Uhm, vaya, que inesperado giro del destino, ahora George sería mi jefe… …Si me contrataba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD