Capítulo: 2

2672 Words
Ava. Por fin llegó el día en que se expondrían en el museo los nuevos hallazgos sobre la era de los clanes, y en especial del clan Armstrong mis favoritos. No más porque babeas por su líder. No puedo contradecir a mi conciencia cuando dice la purita verdad. El domingo pinta soleado y hermoso así como se siente mi ánimo ante la idea de ver aquellos tensores del pasado. Aplico un poco de rubor, labial rosa, sí esta vez me maquillarme simple ya que como dije no soy muy buena en esto y no quisiera quedar como payasa. Pero esta es una ocasión especial para mí la verdad. Dejo suelto mi corto cabello castaño suelto cayendo hasta mis hombros. Hago una mueca al pensar que dos años atrás lo usaba super largo, pero luego me hicieron esa terrible maldad en una fiesta a la cual nunca debí ir. Debí saber que no querían en verdad mi amistad, sino nada más para tener de quien burlarse. Y yo caí redondita. El cebo fue el profesor Darío, ese que aunque es apuesto no tiene ese algo que me atraiga como hombre. Pero digamos que he llegado a un punto en que no puedo vivir de sueños así que debo adaptarme a la realidad. Y los hombres que existieron hace más de tres siglos ya se acabaron. No hay guerreros que den su vida por cuidarte, ni tratarte como a una reina. Mi voz interior me grita que no idealice tanto a los hombres de ese tiempo porque no tengo la certeza de que en verdad traten así a sus mujeres. Pero se vale soñar ¿cierto? También debo reconocer al menos para mí misma que todavía sigo siendo malditamente virgen. Y es que perder el jodido himen se volvió casi misión imposible cuando en mi época de estudios fui la rara, la nerd y empollona. Una completa asocial. Tampoco soy una blanca palomita, ya que me gusta tocarme y jugar con mi pequeño vibrador. Solo que me gustaría saber que se siente tener a un hombre duro y fuerte dentro de tí. Temo morir virgen. Aunque eso sea absurdo porque podría fácilmente ir a un bar equis y acostarme con un tipo equis. Cosa que no va a suceder porque soy una romántica empedernida, y sueño que mi primera vez sea enamorada y con un hombre que lo dé todo por mí. Osea que eso no será pronto. Por lo tanto seguiré siendo virgen por tiempo indefinido. Me pongo mi abrigo porque está haciendo frío. Manejo a la dirección del museo donde llego media hora más tarde. Estaciono en el sitio designado para los automóviles y luego de asegurar a mi carro me dirijo a la entrada del museo. Unos guardias de seguridad me miran y asienten en saludos para yo corresponderles de la misma manera. Adentro veo a pocas personas mirando las reliquias hecho que no es de extrañar en esta era de pura tecnología. Los jóvenes están más pendientes de tirarse selfies, o presumir quien tiene el teléfono más caro. A veces creo que nací en la época equivocada porque soy un alma vieja en un cuerpo de veintitrés. Aún con la triste realidad prefiero disfrutar de las cosas buenas que me da la vida. Y eso es estar aquí. Mis ojos no deciden que mirar primero porque todo llama mi atención. Hay armas, estilo lanzas, cuchillos y arco y flechas. En unas esculturas de piedra están los ropajes de piel de animal. ¿Cuál animal? Ni idea, y es mejor no saber porque con lo sensible que soy seguro lloraré. Sin importarme si en esa época era normal tener ropa de animales. Me pierdo en los pasillos dejando deslumbrar ante cada cosa que ven mis curiosos ojos. No hay nada que me distraiga. Lo malo es que aún no encuentro los cuadros con la imagen del líder o algo parecido. ¿Será que no hay? Ese pensamiento me hace entristecer. No sé cuánto minutos paso buscando el bendito cuadro sin éxito hasta que me resigno de que no hay tal cuadro. Me giro para ir a la salida porque ya ví todo lo que ofrece este magnífico lugar prometiéndome a mi misma que volveré otro día. Solo que al girar a mi derecha tropiezo con algo que hace tirar la cortina donde se revela un cuadro. Al mirarlo se me seca la boca porque aunque no se con exactitud quien es el hombre algo me dice que es mi amor platónico. Paden Armstrong. Y mi imaginación se queda corta porque el hombre en el cuadro es mucho mejor. Talvez mide dos metros y algo de cuerpo bastante musculoso y mirada feroz de ojos tan azules como el mar. Con su cabeza azabache en trenzas pegadas a su cráneo, luciendo ropaje de piel de animal. Con la típica falda escocesa negra con franjas rojas que no le quita para nada masculinidad es lo único que tiene puesto porque su torso de piel bronceada y pectorales como abdominales fuertes se roban mi atención. Joder este hombre en vida fue un pecado andante. Y es tan bochornoso que me sienta excitada no más por ver su aspecto en en el cuadro. Mierda, soy asquerosa. Lo que no entiendo es porque este maravilloso cuadro estaba cubierto detrás de las cortinas. Quizás lo querían exhibir otro día. Pero mi suerte me lo quiso enseñar a mi primero. Sonrío emocionada para mirar a mi derredor aliviando me de ver el pasillo solo para hacer lo que deseo. Poco a poco acerco mi mano al cuadro donde acaricio el lienzo con sumo cuidado. Con el anhelo de poder sentir su piel en la mía. Contentándome que al menos de esta forma lo pude tocar, tener para mí. Delineo con mis dedos, su torso, brazos, su nariz recta, sus labios para detener mi mano en el centro de su pecho. Ahí poso la palma deseando sentir los latidos de su corazón. Justo cuando la iba a quitar una luz dorada me envuelve sintiendo que soy absorbida por una fuerza superior a la mía donde creo que han pasado varias horas. Hasta que caigo al duro suelo aturdida. El mundo da vueltas cuando trato de abrir mis ojos. Joder ¿que rayos me pasó? Por fin consigo ver claramente dándome cuenta que estoy en un despacho medieval con un escritorio de madera rústica con pincel de tintas y hojas de color blanco opaco No sé que rayos está pasando. ¿Será que ahora me volví loca? Porque ni en mis más locos sueños me imaginé una escena así de esta época. Se ve tan real. Pero nadie me preparó para ver en la pared colgado el mismo cuadro que estaba en el museo. Eso me hace dar un jadeo y corro a tocarlo de nuevo y nada ocurre. Esta vez no hay luz dorada ni el sentimiento de levitar. ¿Será que viaje en el tiempo? No seas ridícula Ava, eso no es posible. Lo que viste hace rato no pasó y esto es otra área del museo. Con esa resolución salgo de la especie de oficina abriendo mis ojos café al ver la original fachada del castillo medieval. Vaya, se lucieron aquí. Doy grito de susto cuando unos guardias salen de la nada y se me acercan apuntándome con sus espadas. Yo alzo las manos asustada porque no sé de qué va esto. ¿Dónde diablos estoy? ¿Ya no estoy en New York? —¿Quien eres? ¿Cómo entraste? —Seguro es una espía del Clan MacLeod...Hay que avisarle al Ceannard—Dicen ambos guardias. Escucharles hablar escocés antiguo cuando ellos actualmente hablan inglés me deja claro que esto no es un puto sueño. De alguna manera he viajado al pasado. Mierda. Y sí, estoy tan obsesionada con este clan y su cultura que aprendí su idioma original ya que eso me hacía sentir cerca de ellos. Los guardias que ignore por haberme perdido en mis pensamientos me toman con brusquedad de los brazos para arrastrarme. —No no por favor paren, no soy ninguna espía de nadie...Déjenme explicarles—Pido aterrada afianzando mis pies en el suelo pero no me sirve de nada porque a pesar de ser alta con mi metro setenta y cinco soy delgada y estos sujetos son mucho más altos con cuerpos robustos. Conclusión: me están arrastrando como muñeca. No importa cuánto hago por oponerme, ellos no me escuchan. También se preguntan por mi ropa extraña. Al menos yo no tengo ropa con pelaje de animal. —¡No, no me lleven a los calabozos por favor!—Suplico desesperada, y nada cambia el hecho de que me siguen llevando. —¿¡Que diablos pasa aquí!?—Ruge la voz atronadora de un hombre que logra que los guardias se paralicen. Los guardias se templan y me sueltan. —Es unna intrusa Ceannard... Estaba en su oficina —Ahora mismo la llevamos al calabozo—Informan los guardias inquietos ante su líder. —¿Una intrusa? ¿¡En mi jodida casa!? Aquí rodarán cabezas—Brama el Ceannard furioso mirándome con ferocidad causando que me paralice. __Pa..Paden—Balbuceo atónita. Porque nada me preparó para ver alguna vez en persona a mi amor platónico. A ese gallardo guerrero que solo en sueños podía tener. Es hasta mucho más imponente que en el cuadro. Es alto de cuerpo de musculoso con esa piel bronceada portando con elegancia la falda escocesa que abraza sus atléticas piernas y una camisa de lino blanca manga larga que se ajusta a su cincelado torso con un abrigo de piel de oso rodeando sus anchos hombros. Obviamente estamos en época de invierno por lo tanto usan las pieles. El detalle que me deja sin aliento son sus ojos azules que transmiten frialdad, maldad y mucha confusión. Lo entiendo yo también estoy confundida. —¿Quien eres mujer? ¿Quién te mandó?—Interroga Paden enojado yendo hacia mí empujando a sus guardias que aterrados se apartan pegándose a la pared a sus costados. —Yoo...Eeh.. noo.. Tartamudeo angustiada ¿porque como le explico algo de esta magnitud? Doy un grito dolorido cuando me toma de los hombros y me azota contra la pared sin importarle si me lastima. —Habla mujer, o te juro que te arrepentirás—Amenaza Paden directo. Y le creo completamente porque estoy tratando con Paden el guerrero implacable pero la cuestión aquí es que si me creerá si le cuento la verdad. Al sentirme aterrada y sin salida comienzo a tamblearme, viendo puntos negros y blancos. Para finalmente mi mundo volverse oscuro. Paden. Algo muy dentro de mí me decía que este día me traería muchas sorpresas, y no me equivoqué. Aparte de que conquisté otro tercio de tierra en dónde planeo expandir mi Clan. Nosotros venimos de tres generaciones de guerreros formidables. Lastimosamente mi familia murió en la última batalla que hubo cuando apenas era un chiquillo de veinte años y me tocó liderar antes de tiempo. Me tocó ganarme el respeto y como no el miedo a base de sangre y sudor. Nadie me quitaría el derecho que me corresponde para liderar. Los ancianos del clan me están presionando para que tome a una mujer y procree a un heredero. Pero aún no me apetece, además que las mujeres que conozco no despiertan en mi nada más allá de un deseo carnal. Soy un hombre sano y joven que disfruta del coito sin ataduras. Apenas tengo treinta y dos años por lo que me queda mucho tiempo para conocer a la sería la bean-uasal del clan. No puede ser cualquiera. Me estiro con cansancio porque estoy despierto desde el amanecer para trazar rutas y tácticas para ver que otra área podemos conquistar. Lo que me distrae de mis planes son los gritos de una mujer, ese hecho me obliga a ir averiguar que rayos pasa. A fuera en el pasillo veo a dos de mis guardias arrastrar a una menuda chica de pelo corto castaño de piel blanca. La cual viste unos ropajes extraños. ¿Será de otro clan? Mis guardias se apartan de ella con expresiones aterradas. Hago nota mental de castigarlos por este error. También me doy cuenta que la chica me mira con impacto y con un brillo en sus ojos café que no sé cómo interpretar. Me tomo un momento para detallar que su piel es blanca y tiene pecas en las mejillas y nariz que le hacen verse adorable. Jamás me había parecido antes una mujer adorable, solo sexis para follar. Aunque tampoco puedo negar que tiene curvas que se pueden apreciar en los extraños ropajes que está usando. Su corto cabello castaño combina con sus ojos cafés que me miran asombrados. Y la entiendo porque soy un tipo de más de dos metros intimidante por donde se me mire. Sacudo la cabeza para concentrarme en el ahora. Interrogo a la intrusa luego de azotarla contra la pared a su derecha sacándole un jadeo de dolor. Y eso de alguna manera me causa un poco de arrepentimiento, pero lo ignoro porque ella es una intrusa en mi casa, quizás siendo una espía de mis enemigos. Los cuales he perdido la cuenta, ya que la lista es larga. Frunzo el ceño en el momento exacto en que sus ojos se ponen en blanco y se desvanece entre mis brazos. Damn. Gruño frustrado cargando a la Intrusa que no pesa demasiado y su cabeza cae débil en mi pecho. Eso me causa un sentimiento extraño en mi que decido volver a ignorar. —Ceannard, déjela yo la puedo llevar—Indica el guardia ansioso, ganándose una mirada mordaz mía que hace que el tipo diera dos pasos atrás. —Yo me haré cargo, largo. Luego hablaré con ustedes y su incompetencia—Mascullo tajante obteniendo que los guardias se vayan casi corriendo. Yo bufo porque tiemblan ante mi cómo hojas de los árboles. Adoro que me tengan miedo porque se lo pensarían dos veces o más antes de atacarme. Yo soy tan peligroso sin importar si uso algún arma o con mis manos. Soy experto en desencajar mandíbula con mis manos sin mucho esfuerzo. Digamos que ese es mi sello. Camino por los pasillos para adentrarme a las mazmorras dónde dejaré a la Intrusa. Abajo las guardias se ponen firmes pero yo los ignoro porque la verdad me estoy conteniendo bastante ante el delicioso olor de la mujer inconsciente en mis brazos. Fuck. Uno de los guardias que tal parece decidió servir para algo me abre una de las celdas. Entro con la chica en brazos para prácticamente tirarla sin ningún miramiento en el duro camastro. Al parecer eso la hace reaccionar porque se queja parpadeando para mirar a su alrededor confundida. Pero cuando sus ojos cafés se posan en mi el gesto de horror se intensifica. —No estoy soñando, esto es real—Murmura ansiosa sentándose en el camastro alborotando su corta melena castaña. Nunca me han gustado las mujeres de cabello corto pero en ella le luce espectacular y en especial porque deja al descubierto un esbelto cuello. El cual me provoca morder y chupar. ¿Que mierda me pasa a mi con esta mujer? —Es muy real mujer, y si no hablas de aquí a mañana te enseñaremos como tratamos a los intrusos espías. Por ser mujer te daré hasta mañana si no hablas te atendrás a las consecuencias—Continuo serio luego de obligarme a conectar mi cerebro con mi boca. Giro inmediatamente sobre mis talones para huir de sus ojos cafés que parecen brillar de miedo y también de inocencia. Aquella inocencia que tengo años de no ver pero que no puedo creer que ella posea porque ha invadido mi castillo de la nada. Aunque algo me dice que nada será sencillo con la llegada de esa mujer. Y que mi dilema apenas inicia. Mini glosario Gaélico. Maighdeann: Doncella. Ceannard: Líder. bean-uasal: La señora Fuck: Mierda. Dam: Maldita sea.
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