Capitulo 4. Entrega.

2319 Words
Capítulo 4. *Entrega. Anabella se levanta y camina en dirección del escándalo; cuando lo ve, está hecho un asco, apenas puede mantenerse en pie y ella se acerca para ayudarlo. —Suéltame, suéltame, no soy un niño, puedo solo, no sé por qué todos piensan que pueden manejar mi vida a su antojo, ¿desde cuándo ellos deciden por mí? —dice débil, cayendo en el suelo donde le hace una señal para que no se acerque. —Por favor, déjame ayudarte. —Le dice débil Anabella. —No, no es necesario, vete, quiero estar solo. Alejandro se aleja dejándola en un gran dolor; ella lo ama y verlo así empieza a hacerla sentir muy mal; apenas puede soportarlo y se controla para que él no la vea tan débil. *Dos meses después. Anabella está en su habitación, se siente muy mal, tiene un poco de fiebre y no para de vomitar. Alejandro, quien viene llegando de intentar encontrar a Paula, la escucha y su corazón late fuerte al escucharla vomitar. Camina a su habitación, a la que jamás ha entrado, y al verla sobre el suelo del baño, se paraliza. —¿Anabella? —dice y ella apenas lo mira. —¿Qué pasa? —¿Qué tienes? —pregunta acercándose para ayudarla. —No es nada, estoy bien. —responde débil al levantarse. Anabella tambalea, está muy mareada y, sin poder evitarlo, cae sobre los brazos de Alejandro, quien la sostiene llevándola a la cama donde la acuesta. Alejandro pide a una de las sirvientas que llame a un doctor; los minutos pasan y uno de sus hombres de seguridad trae al doctor, que empieza a examinarla en silencio, toma muestras de sangre que examinar. —Que hagan una prueba de embarazo, quiero descartar todo. —Dice llamando la atención de Alejandro, quien mira a Anabella, quien está temblando de frío. —¿Embarazada, doctor? —¿Usted cree que este embaraza? —pregunta aterrado. —No lo sé, solo lo descartaremos ante los síntomas que presenta. Todos quedan en silencio mientras le colocan un tratamiento; en cuanto están listos los exámenes, suena el celular del doctor con los resultados. —¿Qué dicen, doctor? ¿Está embarazada? Todos están en la espera y la información parece de mucho interés ante los sirvientes que vigilan a la pareja. La noticia sobre el embarazo de Anabella se divulga rápido entre su familia y amigos; la mejor amiga de Paula se entera y no duda en ir a contarle, quien se encuentra acostada en su habitación de la que no ha salido en semanas. —¿Paula? Amiga, tenemos que hablar. —Dice Fernanda trayendo para ella los mensajes de su Nana. —¿Qué pasa? ¿Por qué tienes esa expresión? —Tu hermana es una desgraciada, lo siento, amiga, pero debes saberlo, tu hermana no solo te quiere robar a Alejandro, sino que también se ha embarazado de él para quedarse con todo su dinero. —¿Qué estás diciendo, Fernanda? —Mi nana me llamó que la nana de Gonzalo le comentó sobre las nuevas noticias de la casa grande, amiga, está embarazada la muy desgraciada. Paula apenas puede asimilarlo; las lágrimas brotan de su mejilla sin detenerse. Por un instante estaba pensando en volver, pero no tiene fuerzas para hacerlo. —Me lo quito, me lo quito, Fernanda, me lo quito todo. Paula sufre, apenas habla con sus padres y siente que ella tiene la culpa; se burló de Anabella cuando supo lo de su primer compromiso con Alejandro, pero jamás pensó que ella la traicionaría; es su hermana, su relación nunca fue buena, pero se querían a su manera. Ahora es ella quien tiene al hombre que ama y que tendrá un bebé con él; eso la destroza. —No, no, querida, no lo has perdido, vuelve, Paula, vuelve con él, ella no es nadie, no es rival para ti. —Es tarde, Fernanda, jamás debí irme, debí enfrentarlos, es tarde, lo perdí, lo perdí, amiga. Paul se sienta muy mal y llora en los brazos de su mejor amiga, mientras que en la casa Alejandro combate con sus nervios ante el resultado de la prueba. —Negativo, señor, ella no está embarazada, pero sí tiene un fuerte virus que ataca su sistema con fuerza; ella podría empeorar en algunas horas. Como si el alma volviera a su cuerpo, Alejandro logra reaccionar tras varios minutos. —¿Qué hacemos, doctor? —pregunta un poco más tranquilo. —Le pondremos un tratamiento y la tendremos en vigilancia por 24 horas. —Está bien, doctor, haga lo necesario; si me necesita, estaré en mi despacho —dice alejándose de la escena. —Está bien. —Responde el doctor ante la situación que lo deja sin palabras; para ser su esposa, no mostró interés alguno por ella, ni siquiera se acercó a ella para darle apoyo, dejando al doctor muy sorprendido. Anabella pasa la noche muy mal; entre sueños, los recuerdos la invaden. Ama a sus padres con todo su corazón; a pesar del daño que le han hecho, ella no les siente rencor; al contrario, en su sueño solo desea ser aceptada, amada. Imágenes sobre lo felices que son sus padres con Paula con cada cosa que hace vienen a su mente; recuerda observarlos de lejos, al igual que le dolía verla junto a Alejandro. —Este fin de semana, papá, abra una celebración por el cumpleaños de Alejandro; será una gran reunión y quiero comprar un hermoso vestido para la ocasión. Anabella solo los observa en silencio. —Lo que desees, mi princesa, los vestidos que necesites. —¿Anabella? —¿Tú qué te pondrás? —pregunta Paula emocionada. —No, Anabella no irá, Paula, ella vendrá conmigo a la empresa. —Exclama Cristofer muy serio. Anabella apenas tenía 16 años y en cuanto su padre dijo esas palabras sintió una gran emoción, de ir con Alejandro a estar con su padre; ella siempre lo elegiría a él y que su padre le invitara la llenaba de esperanza, pero esa emoción no duró mucho, pues el día llegó y Cristofer, sin importarle nada, se marcha muy temprano dejando a la emocionada Anabella vestida; no siquiera lo vio salir, al igual que Paula, quien salió muy temprano a ver a la estilista. Una vez más, se sintió engañada, menospreciada como ahora, que su esposo está tratando de calmar la situación que por sus sirvientes se ha divulgado y que él ve como una fatalidad que ella pueda estar embarazada. —Señor, le juro que mis intenciones no fueron ocasionarle ningún tipo de problemas, solo se lo comenté a mi prima. —Dice una de las sirvientas llorando a mares. —Recoge tus cosas, estás despedida. —Expresa Alejandro sin piedad. —Señor… —Alejandro está tan enojado por el hecho de enterarse por su padre lo del embarazo que él no ha divulgado, que no mide límites. —Largo… —dice muy serio, asustando a la joven que corre ante su fría mirada. —¿Alguien más quiere acompañarla? —Todos niegan. —Bien, a trabajar. —Dice retirándose a su despacho. Alejandro va muy poco a verla; una visita por casualidad lo lleva a la escena en la que la ve temblando en la cama, suda y su aspecto pálido lo detiene; jamás la había visto tan débil. No puede moverse, observando su dolor, que causa en él una extraña sensación que aumenta al escucharla llamarlo. —No lo hagas, por favor, Alejandro… —dice débil y Alejandro se acerca para escucharla con más claridad. —Lleva así por mucho tiempo, no ha dejado de llorar. —Dice la enfermera que le pasa un calmante que la ayuda a descansar mejor. —Alejandro, por favor… —dice en un susurro mientras las lágrimas recorren sus mejillas. Alejandro la mira por unos segundos y se pasa la mano por la barbilla; verla así es inquietante hasta para él; ella causa un gran conflicto en su mente. *1 semana después. Anabella se siente mejor, ha vuelto a levantarse de la cama y sale al jardín a dar un paseo cuando lo ve llegar de la empresa. Viene elegante, luce muy guapo; ni siquiera la nota, viene pegado al y ella, de manera inocente, se acerca para saludarlo y que vea que está mejor, pero se detiene ante las palabras que expresa Alejandro. —No pares hasta encontrarla, Tomás, necesito saber de ella, necesito hablar con Paula. Anabella cierra los ojos con preocupación ante las palabras de su esposo y se aleja de su camino, vuelve al jardín donde se mantiene alejada de todo; en este momento siente que se cuestiona por todo, se siente atrapada y acorralada, siente que se ha perdido; por ello debe buscar algo que hacer, y en vista de las circunstancias, no tiene más que salir de casa y buscar un trabajo. *1 mes después. Han pasado 3 meses y dos semanas desde su unión con Alejandro. Anabella ha encontrado recientemente un empleo, el cual su esposo desconoce porque apenas mantienen contacto; son dos extraños viviendo en una casa en la que el dolor es su único refugio. Alejandro se embriaga de manera constante y ella es quien cuida de él por las noches, pero a él le es indiferente, ya que al despertar ella no está y supone que está en su habitación. Apenas la mira o se cruzan y, cuando lo hacen, ella siempre le regala una pequeña sonrisa penetrante. No sabe si es culpa o remordimiento lo que siente por ella, pero verla sonreír causa un extraño efecto en él, así que trata de llegar un poco más tarde para no encontrársela. El escándalo de lo ocurrido ha cesado, sus amigos dejaron de ser amigos y sus padres se han vuelto distantes con él y fríos ante el hombre que se está convirtiendo; no es lo que ellos quieren ni necesitan en este momento, al igual que los Álvarez, quienes demandaron a su familia por incumplimiento de contrato, un golpe más a la familia, ya que no es incumplimiento, porque él está casado con una de las hijas Álvarez. La pelea continúa porque Cristofer pelea por quitarle el apellido a Anabella. Paula ha dejado de llorar; ahora trata de rehacer su vida lejos de todos en Chicago, donde ha empezado a salir con alguien, a pesar de que no puede olvidar a Alejandro. Paula, con ayuda de sus amigas y familiares, trata de empezar de nuevo y ese es un golpe que Alejandro no acepta. *Dos meses después. Parece que la familia desea una nueva unión, está vez Paula ha regresado a la ciudad para la celebración de su compromiso, vaya que ha Sido una gran noticia para todos, tanto para la familia, como para Anabella, quien ve esperanzas después de la tormenta, pero su esposo no lo ve así, no la ha podido superar y aunque tiene una hermosa mujer a su lado, no puede olvidar a Paula, eso lo lleva a embriagarse hasta el punto de que el alcohol lo hace olvidar, sin embargo lo que hace es asustar a Anabella quien regresa del trabajo muy cansada encontrando a su esposo totalmente ebrio y perdido arrojando cosas y rompiendo todo a su paso, Anabella al ver su estado corre para sostenerlo al verlo caer al suelo. —¿Alejandro? —dice Anabella muy preocupada, ayudándolo a levantar. —Soy un imbécil, un imbécil… —dice arrojando todo al suelo. Anabella se mueve para que no se haga daño y sin querer se corta con el vaso del whisky. —Soy un animal, mira en lo que me he convertido, solo déjame ayudarte. —Dice Alejandro acercándose a ella. Anabella se queda en silencio; él apenas puede mantenerse en pie, se tambalea de un lado al otro y ella lo sostiene con su frágil cuerpo que cae sobre ella en el sofá. Ambos se miran, están muy agitados y ella, muy débil, trata de sostenerlo; lo toma de la mejilla y lo acerca despacio hasta lograr besar sus labios. Alejandro apenas le corresponde; su mente no está centrada, al igual que su corazón. En este instante no puede pensar; el momento se hace intenso ante los besos de Anabella, quien, al sentir que cede, no duda, llevando el beso a algo más intenso. Alejandro, muy perdido, aprieta fuerte el muslo de su pierna derecha, sacando de los labios de Anabella un jadeo fuerte y claro. Ella lo observa y vuelve a besarlo, permitiendo que Alejandro levante su falda. Como un niño pequeño, se desliza de sus labios a sus senos, le hace el amor; ambos no piensan, solo se entregan nuevamente como esa noche, pero esta vez con más pasión. Ella se siente tan feliz, se siente amada; cada beso de sus labios en su piel la debilita, las caricias, la entrega, todo la hace sentir que quizás este es su momento, que después de todo él quizás en el fondo sí la quiera. * Al despertar por la mañana, Alejandro aún duerme; Anabella le prepara el desayuno sacando a las chicas de servicio de la cocina para que le permitan hacer algo especial para él. Al estar lista, camina nuevamente al sofá, donde al llegar Alejandro ya no está. Va a buscarlo a su habitación, pero él no le da respuesta; puede escuchar una llamada en la que le suplica a Paula que se vean. Alejandro no recuerda con claridad las cosas que pasaron anoche y lo asocia a un mal sueño, uno en el que su error vuelve a repetirse. Anabella lo espera. Cuando por fin sale de la habitación, lo nota tratar de llegar a la salida con afán, siendo detenido por Anabella. —¿Podemos hablar de lo que pasó anoche? Alejandro se detiene y voltea en su dirección. —¿Qué pasó anoche?
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