El silencio del anochecer caía sobre la mansión Karaman, pero el ambiente seguía cargado de tensión. Ayse estaba en su habitación, mirando por la ventana. Su reflejo le devolvía una mirada cansada, con ojeras marcadas y ojos apagados. ¿Cómo puede alguien destruir tanto en tan poco tiempo?, pensó mientras se abrazaba a sí misma. Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos. —Señorita Ayse, su abuelo y su padre la esperan en el despacho. —El sirviente no esperó respuesta antes de marcharse. El ambiente en el despacho era sofocante, cargado de tensión. Hikmet se sentó tras su imponente escritorio, observándola en silencio. Ayse permaneció de pie, con los brazos cruzados, esperando el juicio inevitable. —¿Dónde está Mehmet? —preguntó finalmente, su tono frío. Ayse apretó los puños,

