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Una Noche Turca

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Blurb

Ayse Karaman, una bailarina de ballet que lleva años viviendo en Nueva York, se ve obligada a regresar a su Turquía natal tras la enfermedad de su abuelo. Sin embargo, su regreso la confronta con su pasado y con los secretos de la poderosa familia Karaman. En medio de una sociedad llena de tradiciones y apariencias, Ayse deberá proteger su identidad mientras se reencuentra con la intensidad de su cultura y con Mehmet Polat, un hombre enigmático que parece tener oscuros motivos para acercarse a ella.

Entre danzas clandestinas y conspiraciones familiares, Ayse se encontrará atrapada en un juego peligroso de poder, atracción y traiciones. ¿Podrá mantener su libertad y descubrir las verdaderas intenciones de Mehmet antes de perderlo todo?

"¿Qué es lo que realmente quieres, Mehmet?" le espetó Ayse, con la mirada fija en él.

"Tal vez lo mismo que tú, Ayse… o tal vez mucho más," respondió él, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.

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Prefacio
El invierno ya había llegado a Erzurum y no había ciudad al norte de Turquía que se viese más hermosa que esta. Era como tener una postal navideña, de esas que se suelen regalar durante las festividades, solo que a escala realista. El frío, la música y las luces. Mehmet Osman amaba esta época casi tanto como cualquier niño de diez años. Principalmente porque le daban obsequios, ¿a quién no le gustaban? Al ser el hijo menor, sus padres se desvivían en sus regalos. Tuvo que donar algunos juguetes por espacio. Incluso su hermana mayor, Cemre Osman, lo colmaba de atenciones. Ella era nueve años mayor que él, así que prácticamente lo consideraba una especie de mascota a la que cuidad. Normalmente esto no le molestaba a Mehmet, sobre todo si había caramelos. El niño de cabello avellana adoraba a su familia, ¿cómo no hacerlo? Entre ellos solo había amor y cariño. Sus padres eran buenas personas y devotas, admirados por todos en su pueblo. En cuanto a su hermana, era considerada la joven más bella de todo Erzurum. Sin embargo, no por ello actuaba de forma arrogante, todo lo contrario. Era una muchacha sencilla, de modales cordiales y sonrisa constante para aquellos que contaban con su buena voluntad. Le agradaba a todo el mundo y todo le mundo le agradaba, sencillo. ¿Cómo no adorar a dicha criatura de cabellos dorados y ojos azules? Incluso Mehmet debía admitir que su hermana representaba un tipo de hermosura casi astral. Como de otro mundo. Una belleza etérea que solo generaba admiración. Nadie se atrevería a envidiarla. ¿Por qué hacerlo? Eso solo significaría no disfrutar de su presencia y ningún conocido deseaba privarse de tal honor. Debido a esto contaba con decenas de pretendientes, pero rechazo a cada uno de los que se paro en la puerta. No le interesaban. Mehmet sentía curiosidad por aquello, así que un día reunió el valor suficiente y se lo preguntó. Todavía era joven y le costaba comprender del todo la idea del amor. Sobre todo, si esto significaba que debía besar a una niña, que, para ese entonces, le daban asco. Cemre le sonrió con ternura y mientras recogía algunas hiervas del huerto en su casa, le respondió. Nunca olvidaría las sabías palabras de su hermana, tan sabia como anciana. —Estoy esperando al hombre correcto, solo entonces pensare siquiera en la idea del amor para mí. —declaró pasando los dedos a través de los rizos de su hermano. —No quiero conformarme con una vaga inclinación. Yo lo deseo todo. —afirmó riendo al sol. —¿Cómo sabrás que es la persona correcta? —preguntó Mehmet muy confundido. Esta vez la sonrisa de Cemre era totalmente coqueta, aquella que hacía que los chicos cayeran rendidos a sus pies y desearan cumplirle cualquier cosa, prometían cualquier cosa. —Porque llegará como un torbellino a renovar mi mundo, sentiré que estoy atada a él para toda la eternidad. Incluso si nos separamos, habrá algo que siempre me traerá de vuelta hacía él. Seremos un antes y un después en la vida del otro. —explicó viéndolo. Aquello sonaba increíblemente hermoso, sin embargo, no lo comprendía correctamente. Así se lo hizo saber a Cemre, quien simplemente se limitó a asentir. —Eres un niño, cuando crezcas podrás entenderlo. —aseguré besando su mejilla. Así pues, para su tierna edad le parecía que todo era absolutamente perfecto. Al menos hasta que ya no lo fue. Un día, el anterior a navidad, estaba jugando con su pelota en el jardín, hasta que escuchó unos gritos que provenían del interior de la casa. Mehmet frunció el ceño. No solía escucharlos, suponía que sus padres discutían de vez en cuando, pero procuraban que el no estuviese presente para que no pudiese escucharlos. Era bastante extraño eso. Hizo le mejor que podía hacer a esa edad y entró, la algarabía provenía del segundo piso, por lo que subió las escaleras de dos en dos. Se detuvo frente al cuarto de su hermana. —¡No puedes irte con ese hombre! ¡Ni siquiera la conoces! —gritaba su madre. Las alarmas de dispararon dentro de Mehmet. Su progenitora nunca les hablaba de esa forma. —Madre, no puedes impedírmelo. Soy mayor de edad y tengo la facultad para decidir lo que quiero. —afirmó su hermana. Nunca la había oído hablar con tal seguridad. —¿Cómo puedes decir eso? ¡Es un hombre casado! —Su madre se movió ligeramente, permitiéndole ver las maletas de Cemre. ¿Acaso pensaba marcharse hoy? —Está en tramites de divorcio, mamá. No pasará mucho tiempo antes de que esté completamente libre. —declaró rodando los ojos. ¿Quién era esta mujer tan desconocida? —¿Y de verdad tu le crees eso? ¡Abre los ojos, te está engañando! —apremió. —Suficiente, no te permite una sola palabra más en su contra. —Cemre había levantado una mano para callar a su madre. La voz se le había elevado una octava más. Mehmet estaba detrás de la puerta, era la primera vez que escuchaba tal discusión. Cemre nunca le había hablado de esa forma a sus padres, con tal irrespeto. Siempre se mostraba recatada y complaciente con ellos. Comenzaba a sentirse un poco, muy mareado. —Mi pequeño rayo de luz, ¿de verdad quieres marcharte de casa? ¿Alejarte de tu familia? —preguntó. Hizo amago de tomar las manos de Cemre, pero esta se lo impidió. —Lo haré, no debes preocuparte por mí. Ibrahim me ama con todo su corazón y jamás haría algo que pudiese lastimarme. —inquirió soltando una risa cantarina. —Volveré aquí en cuanto esté completamente instalada, incluso podrás venir a verme en mi casa. —Por favor, no lo hagas. —rogó su madre en un último intento de convencerla. Pero era inútil, Mehmet podía ver la resolución en los ojos de su hermana. Se marcharía. —Lamento que ahora lo veas de esa forma, pero lo amo y jamás podré separarme de su lado. Entonces si moriría en vida. ¿Quieres verme marchita como una flor de verano? Mamá negó con la cabeza y entonces se puso de pie, dándole espacio a Cemre para que tomará sus maletas. Esta le dirigió un ligero asentimiento de cabeza y recogió sus cosas. Aunque estaba en su camino, Cemre ni siquiera lo notó, como si fuese invisible. Mehmet no perdió tiempo y la siguió escaleras abajo. Fuera había empezado a llover y su ropa se empapo por completo en cuanto puso un pie en el exterior. Eso no le importó, necesitaba alcanzar a su hermana. Ella no podía abandonarlo de esa manera, no a él. Un auto se detuvo en frente de la casa. Nunca lo había visto, pero se notaba que era costoso, del tipo que solamente llevaban los ricos. El chofer se bajó y le abrió la puerta a su hermana. Para ese punto Mehmet estaba a unos pasos, con el rostro llenó de lágrimas. —¡Por favor, no te vayas! —gritó golpeando el cristal de la ventana. —¿Qué se supone que estás haciendo? Quédate conmigo. ¿Acaso ya no me quieres? ¿Hice algo mal? —cuestionó entre sollozos lastimeros. Cemre ni siquiera le dio la cara, solo ordenó algo. El coche se puso en marcha, llevándose junto consigo, el recuerdo de la hermana a la que tanto había amado. Esa fue la última vez que la vio, al menos con vida. A partir de ese día algo cambio dentro de Mehmet. La familia perfecta que idolatró se desarmó por completo. Ya no se escuchaban risas, ni música y las muestras de afecto entre ellos eran prácticamente nulas. Sus padres se cerraron en ellos buscando consuelo. ¿En cuanto a él? Creo que una coraza a su alrededor que no hacía otra cosa más que crecer. La gente el pueblo comentaba la mala fortuna que tenía, se reían de aquella desgracia. “La hija mayor de los Osman desapareció, sus padres quedaron devastados”. Su hermano paso de ser la sensación de todos, a la comidilla de viejas chismosas. Perdió la cuenta de la cantidad de veces que se metió en peleas durante la última semana. Una cosa es que resintiera a su hermana y otra es permitiera tantas injurias hacía ella. Mehmet creyó que nada podía ser peor para él. Por supuesto, se equivocaba. La tarde después de fin de año, sonó el teléfono de su casa. Aquello era una novedad, últimamente las personas les huían como la peste. Pueblo chico, infierno grande. Su madre se levantó para contestar. De inmediato su ceño quedó fruncido. Mehmet estuvo atento. —Si, yo soy su madre, ¿le ha pasado algo? —preguntó en un tono nervioso. Mehmet alzó la cabeza, ¿su hermana por fin se comunicaba como prometió? —¿Cómo? ¿En qué hospital la tienen? —La voz le temblaba y parecía que se desmayaría. —Ya voy para allá. El teléfono prácticamente cayó de sus manos. Mehmet vio como su padre la tomaba. —Cemre ha tenido un accidente, debemos ir. —explicó lentamente. —Traigan sus cosas, la tienen en la Cruz Roja. —Ninguno perdió tiempo, pronto estaban fuera de casa. No tardaron mucho en llegar al hospital. Su madre lucía completamente desesperada, tartamudeaba cada vez que pedía indicaciones sobre el estado de su hermana. Por suerte pudieron comprendieron y los llevaron con ella. Estaba recostada en una cama. —Mi pequeño rayo de sol. —inquirió su madre arrodillándose a su lado. —¿Qué has hecho? —preguntó tomándola de las manos. Fue entonces cuando notó las vendas. Había una cubriéndole cada muñeca. El rostro de Cemre estaba demasiado pálido. —Me engaño mamá, nunca tuvo intención de separarse de su esposa. Ella ni siquiera sabía de los planes de divorcio. Todavía viven juntos. —Lagrimas cubrían su cara. De no haber sido una situación realmente grave, Mehmet hubiese comentado lo guapa que lucía. Algo no andaba bien, Cemre se escuchaba débil. Cada palabra que salía de su boca parecía ser un esfuerzo realmente enorme para ella. Mehmet sintió un frío en el corazón. De pronto su hermana dejó de respirar y el monitor que tenía a su lado emitió un “Bip” Mehmet estaba petrificado, quiso moverse hacía ella, decirle que abriera los ojos y volviera con ellos. Pero sus pies se encontraban pegados al suelo. Volvió a la realidad cuando escuchó el grito de su padre y a los médicos entrando a la habitación de Cemre. Lo ultimo que vio antes de que lo sacaran, fue el delicado cuerpo de su hermana siendo reanimado por una especie de planchas. Jamás podría sacarse esa imagen de ella. Media hora después, el doctor salió a darle la mala noticia: Su hermana había fallecido y como si eso no hubiese sido suficiente para el dolor. Estaba embaraza 1 mes. Poco recuerda de lo que sucedió después, cree que sus abuelos vinieron de la capital y se encargaron de el mientras se hacían los arreglos fúnebres. Lo único que nunca podría olvidar, fue el momento en la enterraron. Había demasiadas personas para su gusto. El traje que lo obligaron a usar le picaba y tenía la incesante sensación de querer huir de ahí. Si imaginaba que ese no era el féretro de su hermana, podía decirse que aún vivía. Hubo un instante antes de que la bajaran, en donde su madre cayó de rodillas en la tierra. —¡Madre! —chilló yendo directamente hacía ella. Gulsah Osman alzó la mirada. —Debes vengar la muerte de tu hermana, mi pequeño león. —afirmó tomándolo. —¿Qué quieres decir con eso? —La mención de Cemre le daba ganas de llorar. —Ibrahim Karaman. Recuerda ese nombre, porque le pertenece al hombre culpable de que mi pequeño rayo de sol decidiese arrebatarse la vida. —declaró con rabia psicótica. “Ibrahim Karaman”. ¿Ese fue el hombre que Cerem amo más que a su propia vida? —Júramelo Mehmet, júrame frente a la tumba de tu hermana que la vengaras. —Lo juro, madre. Hare que Karaman pague por lo que ha hecho. —dijo. Ese fue el juramento que sello su destino para siempre y el que unió su vida a la de la familia Karaman. El odio que sentía por él sería lo único que lo impulsara durante todos estos años. Incluso después de que su madre muriera por el dolor y su padre la siguiera.

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