Cuando llegó a la entrada principal del edificio, su abuelo y su padre ya habían salido. Ayse respiró profundamente, intentando recuperar la compostura. Fue entonces cuando notó a alguien observándola. Un hombre alto, con un traje impecable y un porte que irradiaba confianza, estaba de pie junto a la recepción. Sus ojos, de un marrón cálido, se encontraron con los de Ayse, y él esbozó una sonrisa amable antes de acercarse. —Ayse Karaman, ¿verdad? Soy Emirhan Demir. Ayse asintió, intentando no dejarse intimidar por su presencia. Había escuchado su nombre antes; era un socio cercano a Hikmet, alguien conocido por su habilidad para cerrar acuerdos importantes. Emirhan extendió una mano, que ella estrechó con firmeza, intentando igualar su energía. —He estado siguiendo tu trabajo. Hikmet ha

