La semana pasó mucho más rápido de lo que hubiese deseado y en medio de preparativos y planes el día de la festividad llegó. Ayse ahora se encontraba bajó el sol ardiente de Erzurum, cubriéndose con un enorme sombrero veraniego. Desde niña no estaba presente en dicha fiesta tradicional de su provincia. Le alegra ser nuevamente participe de sus raíces costumbristas, de regreso en dónde pertenecía.
—Hace un día inmensamente cálido. —Habló su madre detrás de ella.
Ayse sonrió, asintiendo para mostrarse de acuerdo, completamente alegre.
—Esta zona me recuerda al gran cañón en Colorado. —inquirió sosteniendo el sombrero para que no se fuera ante la repentina brisa que hizo en ese momento.
Lo más impresionante de la estructura rocosa natural, era su vastedad y los colores cambiantes a lo largo del día. Las distintas capas de roca mostraban una gama de tonos rojizos, naranjas y marrones que se intensifican con la luz del sol, creando una vista simplemente asombrosa. La arena caía con soplido del viento.
—¿Me permiten acompañarlas? —El ceño de Ayse se frunció al escuchar aquella voz que comenzaba a ser fastidiosa. Mehmet Polat había llegado al fin.
—Que gusto verlo, señor Polat. —se apresuró su madre a saludar, dándose cuenta del cambio de humor en su hija. —Por supuesto, estaríamos encantadas.
—Es usted muy amable. —contestó encantadoramente. Mehmet estiró ambos brazos, ofreciéndoselos a las damas. —Quiero que todos me tengan envidia por las hermosas mujeres que me acompañan. —anunció de manera amable.
Ayse quería negarse a ser su acompañante, pero la promesa que hizo a su abuelo se presentó incesante en la mente. Suspiró y asintió antes de tomarlo, esperaba que su Dede viviera muchos años más y le pagará este enorme favor.
—¿Hace mucho que no visita Turquía? —preguntó de pronto su madre. Ayse se tensó, estando bastante atenta a la respuesta. —Perdone si es entrometido.
Mehmet negó repetidas veces, restándole importancia a la pregunta.
—Para nada, me fui a estudiar al extranjero a los diez años. —admitió sin más. —Prácticamente soy más inglés que turco. —dijo de manera bromista.
La progenitora de Ayse río, llamando la atención de varias personas que ahí se encontraba. Ella deseo ahorcarla por ocasionar eso, quería pasar lo más disimuladamente posible. Al contrario, Mehmet lucía honestamente relajado.
—Ayse también se marchó casi a esa edad y solo volvía en vacaciones. —Las mejillas de la mencionada adquirieron un tono rojizo a causa de la vergüenza. —Realmente la extrañaba mucho durante esa época y estoy feliz de que volviera.
—Mamá… —dijo a modo de advertencia. —No creo que al señor Polat le interese precisamente esa etapa. —aseguró tratando de enviarle una señal clara.
—Tonterías. —respondió agitando la mano. —Si a él le molestara, lo diría.
Ayse suspiró agotada, nadie podía detener a su progenitora cuando decidía hablar hasta del mercado que hizo la semana pasada. Lo mejor sería apechugar y tratar de no morir de la pena si contaba algo de su vida que fuese muy personal.
—¿Extrañaste a tu tierra? —le preguntó Mehmet mirándola directamente.
La joven ladeo la cabeza de un lado al otro con cierta nota de fastidio.
—Mucho, no creo que exista alguien que decida marcharse de su país por cualquier razón y se olvide completamente de este. —inquirió esbozando una sonrisa de manera automática. —Incluso cuando escuchaba música quería volver.
—Entiendo el sentimiento, en la escuela había pocos extranjeros y ningún turco a parte de mí. —explicó luciendo algo melancólico. —Fue una época dura.
Estaba bastante sorprendida por aquella respuesta, no esperaba tener algo en común con Mehmet y menos una cosa tan personal como esa. No pudo evitar un poco de empatía por él, quizás era mucho mejor persona de lo que pensaba al principio. Ese pensamiento la volvió tímida repentinamente, así que bajó la vista.
—Tengo hambre, iré por algo de comer. —comentó su madre de pronto.
Ayse la miró directamente conteniéndose para no negar con la cabeza, pero diciéndole con la vista: No, no te vayas, no hay necesidad de que me dejes sola con él.
Por parte, la mujer mayor había notado cierta tensión entre ambos jóvenes y quería darles algo de intimidad para que se conocieran mejor. Con una sonrisa de gato Cheshire soltó el brazo de Mehmet y dio la vuelta hacía los puestos de comida.
—Lamento mucho esto, no sé porqué lo hizo. —se disculpó sinceramente.
—No hay problema, también quisiera conversar más contigo. —confesó Mehmet encogiéndose de hombros. Ayse no respondió, pero sus mejillas lo dijeron.
Continuaron caminando tranquilamente bajo el sol, viendo a los niños que corrían de un lado al otro jugando entre ellos. Ayse les sonrió con cierta ternura.
Cuando volvió a mirar a Mehmet este ya la observaba atentamente. La chica se aclaró la garganta ciertamente incomoda. ¿Por qué hacía eso tan repentinamente? Debía comportarse, al menos porque estaban en total público.
El sol comenzó a caer suavemente y pronto el ambiente estaba rodeado por una suave tonalidad anaranjada y morada que la hacía sentir adormilada.
—¿Te gustaría comer algo? —preguntó Mehmet apretando más su brazo para evitar que se cayera. —Ya tenemos un buen rato caminando sin probar nada. —Ayse dudó durante unos segundos, pero terminó asintió al sentir rugir el estómago.
Los dos caminaron hacía una carpa dónde había un puesto de comida rápida. El aroma era delicioso y la hizo salivar, tomaron asiento en una mesa blanca e inmediatamente el dueño se les acercó para preguntarse que iban a ordenar.
—Voy a querer un lahmacun y dos simit. —dijo mirando el pequeño menú.
El mesero anotó en una libreta y luego posó su atención en Mehmet.
—Lo mismo que pidió ella y kofte. —aseguró apoyando las manos en la mesa.
—¿Querrán algo para tomar? —preguntó tomando notas rápidamente.
—Un refresco de cereza. —pidió Ayse con chillido infantil, Mehmet asintió y pidió lo mismo. —Espero que la comida sea de tu agrado. —repitió las mismas palabras que su abuelo le había dicho durante la cena en casa de los Karaman.
Mehmet enarcó una ceja y esbozó una sonrisa picarona que provoco un salto en el corazón de Ayse, quien bajó la mirada hacía la servilleta que estaba en la mesa. ¿Cómo es que usaba aquella arma de manera tan relajada, debería ser un crimen?
Entendía un poco porqué su prima deseaba hacerlo su esposo bajó cualquier método. Claro que, ella jamás utilizaría dichos “métodos” de conquista, pero Hatice parecía realmente enamorada, así que realmente no podía criticarla.
—¿Estás bien? —preguntó Mehmet sacándola de sus pensamientos. —Parecías estar en otro lugar, menos aquí. —Lucía divertido y un poco preocupado.
Ayse sacudió la cabeza para espabilarse y trató de mostrarse lo más relajada.
—Solo me distraje, supongo que el hambre no me sienta bien. —¿Qué? ¿Pero qué estupidez acaba de decir? Las neuronas se les habían ido de paseo sin más.
Mehmet iba a decir algo, pero al instante llegó el camarero con el pedido. Su estomagó gruñó y después de eso ya no volvieron a hablar de nuevo, ambos concentrados en sus respectivos platillos. Si era honesta consigo, lo agradecía.
Casi gime ante el delicioso sabor de la comida, ¿hace cuanto que no disfrutaba de una buena comida rápida turca? No podía recordar nada fuera de: alitas de pollo, pizza, hamburguesas y aros de cebolla (que eran bastante deliciosos, pero igual).
—Tienes algo aquí. —dijo Mehmet señalando su boca. Ayse se paso la mano para limpiarse, mientras veía como su acompañante reía por lo bajo. —Deja te ayudo. —Antes de que tuviera tiempo de reaccionar, Mehmet se inclinó para y deslizó la comisura de su dedo por su labio inferior, limpiándolo. —Ya está listo.
El corazón de Ayse comenzó a latir desbocado, de ser posible no le sorprendería que Mehmet pudiese escucharlo estando tan cerca de ella. Tosió y se apartó, volviendo nuevamente a su puesto, sentía el calor subiendo por sus mejillas
—Muchas gracias. —agradeció volviendo a su comida como si nada pasara.
Cuando terminaron de comer pensó que Mehmet se marcharía y ella podría buscar a su madre para salir de allí. Lamentablemente las cosas no siempre salían como uno las quería, porque el hombre se le había pegado como una lapa. Tuvo que contener las ganas de gruñir y decidió rendirse, no podría disfrutar del festival.
Eso pensaba, hasta que vio algo a lo lejos que la dejó completamente impresionada. Sin pensarlo mucho tomó a Mehmet por el brazo y lo guio hasta allí.
—Tenemos que subir, no lo hago desde niña. —afirmó señalando los globos aerostáticos que tenían frente a ellos. —Mi abuelo solía montarse conmigo y Hatice durante cada festividad, es increíble. —explicó sonriendo enormemente.
Mehmet no dijo nada, simplemente se dejó arrastrar por ella entre la multitud de gente. El sol ya comenzaba a caer y el atardecer se vería preciosos desde lo alto.
—Dos boletos, por favor. —Le pidió al encargado sacando su monedero.
—No es necesario, yo pago. —aseguró Mehmet deteniéndola abruptamente.
Ayse negó moviendo la cabeza de un lado al otro, restándole importancia.
—Tu invitaste la comida, es justo que yo pague esta atracción. —inquirió con su mejor expresión de inocencia y le guiñó un ojo antes de voltearse al encargado.
No discutieron más después de eso y su acompañante le ofreció una mano para ayudarla a subir. Una corriente eléctrica le recorrió el brazo en cuanto se tocaron y Ayse lo soltó rápidamente, asustada por tal sensación. ¿Qué era eso?
—¿Todo listo? —preguntó el encargado una vez estuvieron en el canasto.
Ayse asintió y unos minutos después ambos comenzaron a volar. La joven se sostuvo de la orilla, observando anonada el resto de los globos que se encontraban delante de ellos. Como pensó, el atardecer se veía mucho mejor desde las alturas.
Una agradable paleta de naranjas y rojos cubrían el cielo, eso combinado con los colores vibrantes de los globos se mezclaban, dándole un cuadro que era placentero ante sus ojos. Ayse miró hacia abajo, soltando un gemido de sorpresa.
—¡Oh dios mío! —chilló emocionada. —Es idéntico al gran cañón. —aseguró golpeando suavemente en el brazo de Mehmet para llamar su atención ante ella.
Él miró el lugar donde lo había golpeado y Ayse terminó por sonrojarse.
—P-perdón. —tartamudeó. Tuvo que aclararse la garganta antes de continuar. —Es que me recordó mucho al Gran cañón en Estados Unidos. —dijo.
—No hay problema, yo también me enternecí. —admitió sacando su celular. —Si quieres puedo tomarte una foto, será un bonito recuerdo. —aseguró riendo.
Ayse pensó que era una idea increíble, así que accedió y posó mirando directamente a la cámara. Oyó un suave “clic” y luego volvió a lado de Mehmet, este estiró su celular para que pudiese ver la fotografía. Era realmente hermosa.
—Eres un fotógrafo grandioso. —aseguró impresionada con la imagen.
—Suelo hacerlo en mis momentos libres, a modo de hobbies. —respondió.
El viaje terminó después de unos minutos, la pareja regresó a tierra. Una vez sus pies tocaron nuevamente tierra firme, Ayse quería pedirle a Mehmet su número de teléfono para enviar las fotos. En eso una figura conocida los abordó.
—¡Ayse, que bueno que los encuentro! —gritó su madre acercándose a ellos.
La mujer se veía cansada, seguramente había estado corriendo durante un buen rato; por lo que tuvo que apoyarse contra Ayse respirando entre cortadamente. La joven empezaba a preocuparse del estado de su progenitora.
—T-tu, t-tu abuelo. —dijo entrecortadamente, como si estuviese tratando de encontrar aire para sus pulmones. —Se desmayo y tuvieron que trasladarlo al hospital. —Ayse sintió cómo la sangre dejaba de circular en todas sus venas.
—Tenemos que alcanzarlos ahora mismo. —Ayse se giró hacía Mehmet. —Como veras, tendremos que suspender el recorrido, nos vemos después. —afirmó.
—No te preocupes, permítanme llevarlas. —Ayse le sorprendió que la tuteara, pero no era el momento de ahondar en eso. —Tú mamá no se ve muy bien.
Pensó unos segundos y terminó por aceptar el ofrecimiento. Era mucho más fácil que ir a buscar un taxi, Mehmet la ayudó a llevar a su progenitora y los tres fueron hasta donde tenía el carro estacionado. Subieron y emprendieron la marcha