Para su tranquilidad, la llegada de un sospechoso Malibú n***o de vidrios polarizados lo sacó de sus divagaciones. El auto se detuvo frente a la casa del contador, pero sus tripulantes se quedaron adentro y mantuvieron los vidrios cerrados. Su instinto enseguida se disparó y se puso en alerta. Fijó la mirada en el vehículo. Minutos después, un sujeto vestido de saco y corbata, con lentes oscuros y de cabellos rubios, salió y se apoyó en el auto para otear los alrededores. Iván tenía tiempo sumergido en la delincuencia, sabía identificar cuando estaba frente a un ciudadano común o a un pervertido recién salido de prisión, por eso sacó el arma que escondía bajo el asiento y la cargó entre las piernas al tiempo que el rubio divisaba el Camaro. —¿Qué ocurre? —le preguntó Elena al ver lo

