—Señorita Norato, es un placer recibir tan exquisita visita. Ariana sonrió ante la mirada sádica de Roberto Lobato, un hombre alto, corpulento y con una barba descuidada que lo hacía parecer un sucio pirata. Pero a pesar de la apariencia de su rostro, el sujeto siempre estaba muy bien vestido, portaba trajes costosos, brillantes cadenas y anillos de oro con piedras preciosas incrustadas. Era un hombre rico y poderoso y le fascinaba mostrarlo con sus pertenencias. Con mano callosa él tomó el delicado brazo de Ariana y lo giró para besarle con seducción la parte interna de la muñeca. Ariana sintió repulsión por lo que iba a hacer, pero lo disimuló con su bien ensayada sonrisa. —¿Por qué razón fui bendecido con su presencia? —Vengo enviada por Jacinto Castañeda, para reafirmar la amist

