Capítulo 2

778 Words
—¿Desde cuándo cocinas tan bien? —pregunto, mientras Sophia lavaba los trastes.    Mi hermana rueda los ojos y me levanto para inspeccionar la gran sala de estar. En una de las paredes blancas, estaban pegadas algunas Polaroids, así que me acerco para observar mejor.    Habían fotos de mi hermana con nuestros padres, unas conmigo y otras en el nuevo estadio del Atleti y me sorprendo al ver tantas fotos con futbolistas. Sé que es su fisioterapeuta, pero no sabía que tenía una buena relación con ellos fuera del club.   Una foto en especial atrae mi atención y no tengo idea de por qué. Sophia estaba junto a un chico de ojos muy azules, ambos poniendo morritos. Mi mente parece estar en otro lado, porque no puedo darle nombre a su cara, a pesar de que conozco a la mayoría de los futbolistas por mi trabajo.   —Antoine Griezmann —suelta Sophia a mis espaldas. Me volteo de una y ella se ríe alzando los hombros. Recuerdo haber escrito artículos sobre él—. ¿Quieres ir al entrenamiento conmigo?   —¿No oíste lo que dije en el coche? No quiero saber nada de fútbol —me tiro en el sofá y la miro de lado—. Aunque si ese Antonio va...   —Se llama Antoine y se está divorciando —me interrumpe—. Tiene una hija y su ex esposa está embarazada, también es mi mejor amigo.   —j***r, macho.   —Cálmate —ríe al verme tan aturdida.   —Se supone que no puedo mirar a ningún futbolista, imagínate a uno que esté envuelto en las últimas noticias de la farándula.   —¿Vas a ir o no? Tengo que pasar por el estadio a hablar con el presi primero.   —Uy, ¿te quedaste sin trabajo? —bromeo risueña. Me levanto del sofá y guardo mi móvil en mi bolsillo trasero.   —En realidad, me van a contratar —la miro boquiabierta y salgo corriendo a abrazarla, este siempre había sido su sueño—. Me vas a ahorcar, Elie.   —Vale, pero... ¡estoy tan feliz por ti! —abrazadas, caminamos hasta el garage para irnos en la Range Rover negra de mi hermana.   Durante el camino al Wanda Metropolitano, nos ponemos al día con todo. Citas, amigos más cercanos, música, todo lo que se puedan imaginar. Tanto así, que los veinte minutos de viaje se pasan volando.    —¿Vienes? —pregunta abriendo su puerta.   —Ni modo que me quede aquí.   Odiaba quedarme en el auto esperando, lo detesto desde que a mis papás se les olvidó sacarme del coche cuando tenía unos siete años y me iba a morir ahogada.   Vamos directamente a las oficinas del estadio, pero en el camino nos detuvieron muchísimo, ya que todos querían felicitar a Sophia. La abrazaban, gritaban y luego estaba yo, abrumada por la cantidad de personas que estaba conociendo al mismo tiempo.   —¡Sophi, que gusto verte de nuevo! —saluda Enrique Cerezo a mi hermana—. Tú debes de ser Amélie, sois idénticas.   Mi hermana le habla, Cerezo responde, sacan papeles, los leen, los vuelven a leer y me encontré a mi misma, mirando a la pared sin mucho que hacer.   —¡Elie! —exclama la rubia, sacudiendo mi cuerpo—. Ya que firmé todo, le estaba contando al Presi que eres periodista.   —Ajá, sí.   —Nos vendría de maravilla el tenerte en nuestro grupo de Community Managers, especialmente en estos momentos. Yu, la chica que trabajaba como la gestora de nuestro i********:, ya no puede viajar con el equipo. No sé si podrías considerar la idea de tomar la vacante que ella deja.   —Too much (demasiado) —murmuro—. ¿No tendría que hacerme unas pruebas ni nada?   —Sophi me ha dicho que tienes un doctorado en Periodismo en unas de las mejores universidades, además trabajaste para de The Sun. Creo que necesitas muchas pruebas, la verdad —Cerezo ríe y se acomoda en su asiento, esperando por mi respuesta—. Eso sí, tendrías que traerme ciertos documentos, firmar un contrato y todo eso.   —Estaríamos juntas siempre... —canturrea mi hermana acercándose. La emoción se le nota hasta en la punta de su nariz.   Es una idea tentadora, pero no era el trabajo que tenía pensado para comenzar en Madrid y menos luego de trabajar con The Sun. Yo que intentaba alejarme del verde y la vida que me mete a empujones a la cancha.    Tampoco quería ser una carga para mi hermana y mucho menos molestar a mis padres por no trabajar, nunca lo hice y no pienso hacerlo. Quizás y si sea una buena propuesta.   —Vale, acepto —suelto, decidida a comenzar un nuevo capítulo en mi vida.   Hi there, Atlético de Madrid.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD