—Que no me creo que firmaste, tía —dice mi hermana bajándose de su coche, porque habíamos llegado a la Ciudad Deportiva.
—Ni yo que acepté —murmuro, contemplando todo a mi alrededor. Bajo la mirada a mis manos y desbloqueo el móvil que me entregaron para el i********: del equipo.
¿Estaba nerviosa? Creo que no puedo respirar. Nunca he hecho algo así, pero sé que puedo, siempre he podido con todo lo que se me presente.
Sigo a mi hermana por todo el estacionamiento, revisando que cosas habían en el móvil y que era lo que tenía que hacer, encontrándome con que la chica de antes, me había dejado consejos en las notas. Yu, eres la mejor.
Entramos a la Ciudad Deportiva y había gente sacando utilería e incluso nos topamos con algunos jugadores, que saludan a mi hermana con mucha emoción. Todos se asombran al verme, por alguna razón.
Llegamos al campo y de repente, se nos acercan tres señores que, claramente, sabía quiénes eran, gracias a mi familia y trabajo.
—Mister, ella es Amélie, mi hermana y la nueva gestora del i********: del equipo —me presenta Sophia con una sonrisa. Extiendo la mano para presentarme, pero el Cholo la ignora completamente.
—Nada de formalidades y menos si sos hermana de Sophia —el argentino se acerca y me da dos besos—. Mirá, él es Germán, mi mano derecha y él es el Profe Ortega, encargado de tener a estos pibes así de guapos.
—Un placer conocerlos —muestro mi mejor sonrisa y los jugadores empiezan a pasar por nuestro lado para llegar al campo.
—Ven para que te presentes —Sophia jala mi brazo y me lleva al centro, aunque estuviera poniendo toda la resistencia del mundo para que no lo hiciera.
—No quiero, Soph.
No sé por qué soy tan tímida al conocer personas, porque soy todo lo contrario cuando estoy en confianza.
—Chicos, tenemos nueva integrante en el grupo y estará con nosotros siempre, porque es la nueva encargada del i********: —suelta el Cholo apareciendo a nuestro lado.
Me hace un pequeño ademán para que me presente yo misma y siento el calor subiendo por mis mejillas a toda velocidad.
—Soy Amélie Dunne, la hermana mayor de Sophia y es un gusto conocerlos —digo como si fuera la persona más confiada del mundo, pero en realidad, me estaban temblando hasta las uñas.
Los futbolistas del primer equipo iban a responderme, pero el Cholo no los deja continuar dando inicio al entrenamiento.
Saco muchísimas fotos y videos, mientras ellos estaban concentrados en los ejercicios. Habían varios chicos guapos en el grupo, pero alejo todos esos pensamientos, porque no era el momento y no debía pensar en ellos.
Antonio o Antoine, ya ni sé, parecía un niño en un parque de diversiones y a veces me encontraba a mi misma mirándolo, sin siquiera tener intención en hacerlo.
El entrenamiento termina y todos se van a los vestidores rápidamente. Busco a mi hermana con la mirada y como no la encuentro, me imagino que está en su oficina. Camino insegura por el lugar que a duras penas conocía y tras un rato encuentro la oficina de Sophia.
—¿Estás lista? —me pregunta, mientras me siento frente a ella. Niego con la cabeza y la veo resoplar—. Estoy en las mismas, hay muchos lesionados.
—Papá dice que es mejor que pase a principio de temporada que...
—Al final —termina la oración de Harry Dunne y reímos juntas al recordar la frase icónica.
Tras diez minutos, ambas habíamos terminado con lo que nos faltaba y yo me estaba muriendo de hambre. Íbamos conversando como si nada, cuando escuchamos el nombre de mi hermana a nuestras espaldas.
—¡Soph! Te estoy gritando desde hace un montón —un chico alto con una hermosa sonrisa se acerca t deja un beso en la frente de mi hermana. Frunzo el ceño y me cruzo de brazos, como la buena hermana mayor que soy.
—Lucas, Amélie. Elie, él es Lucas —el francés iba a darme dos besos, pero extiendo mi mano con un semblante serio. Hay que ver cuáles son sus intenciones con mi hermana—. Ella es así cuando tengo un tío cerca.
—¿Elle ne sait pas que tu es ma petite amie?? (¿Ella no sabe que eres mi novia?) —murmura en francés.
Sophia y yo sabemos francés desde pequeñas, porque era materia obligatoria en nuestro colegio. Lucas no sabía que yo lo hablaba también, al parecer.
—Évidemment pas (Obviamente no) —contesto molesta.
No entiendo por qué Sophia no me dijo nada temprano de este chico.
—¿Qué dices, gilipollas? —Sophia lo empuja molesta y me mira alarmada—. Es el chico del que te hablé, tía.
—Ah —murmuro—. Gusto en conocerte, Lucas. Le haces algo a mi hermana y te corto los...
—Vale, suficiente. Te llamo cuando llegue a casa —le dice y me toma del brazo para irnos.
—¡Habrá cena en casa de Grizi!
—¡Ahí estaremos! —le grita mi hermana de vuelta.
—Yo no voy, señorita.
—De que vas, vas —la rubia me amenaza con esa sonrisa que pone cuando una idea le cruza su cabecilla.
Sophia Dunne, te tengo miedo.