Antoine —¡Sophia, ayúdame con tu hermana! —grito, subiendo las escaleras. Ya eran las cuatro de la mañana y Amélie estaba más borracha que yo en la celebración de la Europa League. No recibo respuestas de la rubia, por lo que termino de subir las escaleras mientras la cargaba como una bebé. Abro una de las puertas, rezando porque fuera la habitación de la inglesa y cuando veo una pequeña "A" brillando con focos, suelto un suspiro de alivio. Coloco delicadamente el cuerpo de Amélie en su cama y me quedo un rato observándola. Su cabello caía despeinado por todos lados, sus mejillas estaban rojas al igual que sus labios, de los cuáles no me había fijado lo carnosos que eran. Quiero besarla. ¿Besarla? Dios, no. ¿Qué me pasa? Me levanto rápidamente y cierro la cortina d

