Claro que había escuchado a su padre, pero al final, sobre el corazón nadie era capaz de mandar y yo no podría decirle nada porque yo también me encontraba en problemas por no pensar con la cabeza fría.
La puerta de la entrada se cerró y luego unos suaves golpes a la puerta del baño, me hicieron saber que Félix se había ido.
Apenas abrí la puerta, una Lisa pálida entró y comenzó a vomitar en el retrete.
— ¿Qué sucedió?
Mi pregunta salió con miedo y ella tomó mi mano para que le ayudara a poner su cabello hacia atrás.
— Lo odio con toda mi vida. Tuve que besarlo.
— Eso escuché.
Acaricié su espalda mientras botaba todo lo que debía botar y luego sus lágrimas comenzaron a bajar. j***r, no sabía qué decirle.
Aunque a veces así eran mejor las cosas. No hacer comentarios y solamente acompañar para que la persona no se sintiera criticada o atacada.
— Tranquila… —susurré, tratando de reconfortarla y ella como respuesta, apretó mi mano y se alejó del retrete.
— Gracias por tu compañía. De verdad la aprecio.
La guié hacia el lavamanos y volví a tomar su cabello para que se lavara y pudiese descansar.
El siguiente día fue algo estresante. Tuvimos que arreglarnos con rapidez ya que ninguna de las dos había escuchado la alarma que estaba sonando a las seis de la mañana y nos habíamos despertado una hora tarde.
Lisa debía entrar a trabajar a las siete y ya faltaban solamente diez minutos y ella continuaba cepillándose los dientes, intentando parecer algo presentable para el día. Claramente no alcanzaría a bañarse, cosa que se me hizo graciosa puesto que yo si había alcanzado y con la tranquilidad del mundo.
— Yo de ti no estaría tan feliz —Lisa bufó—. Debes salir conmigo.
— ¿Por qué?
— Por las cámaras. Mejor que nos vean salir juntas y no separadas. Luego se van a preguntar quién es quién. Puedes meterme en problemas.
Mi rostro cambió su expresión y me quedé quieta en mi lugar sin moverme. Ella tenía razón. No podía salir después de ella porque claramente habrían cámaras de seguridad y estarían buscando a una mujer de mi contextura física y si llegaban a darse cuenta que dos mujeres salían de la misma habitación, inmediatamente sabrían las verdad. No era necesario tener dos dedos de frente para entenderlo.
Lisa sacó la lengua y comenzó a reír, empujándome hacia su habitación.
— Tienes cinco minutos.
Asentí y bufé.
Comencé a cambiarme con rapidez y cepillé mi cabello, sintiéndome completamente limpia después de mucho tiempo. Mi corazón se infló y sonreí mirándome al espejo.
Me veía cansada, pero bien.
Mi piel estaba reaccionando bien al no utilizar nada en ella y la revisé, recordando que durante mucho tiempo había sido mi debilidad. Las cicatrices de acné apenas se veían y eso me hizo sonreír aún más grande. Hubiera querido decirle a mi yo joven que todo saldría bien y que podría luchar contra mis inseguridades.
— ¡Vamos!
El grito de Lisa me hizo escapar de mis pensamientos y salí del baño mientras ponía el tapabocas en mi boca.
— Si no supiera quién eres, diría que definitivamente trabajas aquí.
— Claro, porque tengo tu uniforme.
Lisa rodó los ojos y tomó mi maleta.
— Llévatelo. Di que es algo que te encargó tu superior. Que no puedes dejarlo.
— ¿Quién sería mi superior?
— Puedes decir que el señor Fox. Ni siquiera viene pero a veces si envía personas a que le hagan favores dentro de la villa.
— Entendido.
— Cualquier cosa, avísame. Hoy debo encontrarme con Félix para mi supuesta vacuna. Te contaré todo en la noche cuando volvamos a encontrarnos.
— Está bien.
Nos despedimos y salimos las dos de la habitación. Mi corazón golpeaba mi pecho con fuerza viendo a las personas a mi alrededor. Sentía que en cualquier momento podrían reconocerme, pero deseaba con todo mi corazón que así no fuera. Debía encontrar esos sótanos de los que había hablado el padre de Lisa y además, intentar encontrar el pasillo o lugar donde tenían a los supuestos contagiados con AAA23.
— No te quedes mirando a las personas. Sonríe y saluda.
— Pero no sé quiénes son…
— No importa.
Lisa tomó mi brazo y me guió con ella a uno de los laboratorios donde se encontraban los científicos. Igual a donde habíamos estado Joel y yo.
— Trata de mantener un semblante serio y que no se den cuenta que no trabajas aquí —Lisa hizo un sonido y yo asentí—. Si llegas a necesitar una clave de acceso, recuerda que es 0432.
Ella suspiró y vi cómo su cuerpo se movía lejos de donde me encontraba. Ya podía decir que estaba completamente sola. Tendría que pensar muy bien lo que haría y encargarme de mis asuntos sin aquella chica. Ella debía de responder por sus propios problemas.
Las personas que estaban a mi alrededor comenzaron a trabajar en algunas muestras que salían en un tablero y yo intenté hacer lo mismo. Sorprendentemente, ninguno de los científicos que había podido detallar, estaban conmigo cuando había trabajado.
¿Qué había pasado con ellos?
Parecía que la jerarquía de la que nos habían hablado al principio era igual puesto que ninguna de las personas de mi alrededor habían volteado a mirarme o mirar a los científicos e investigadores que hablaban entre sí y reían.
Habían cuatro asistentes y yo.
— Necesitamos un poco más de este elemento. Por favor ve por él.
Una voz profunda a mi espalda habló y me volteé mirando al suelo.
— Si señor.
Tomé el recipiente y salí corriendo del laboratorio. Ni siquiera había observado su rostro. Si llegaba a ser una persona que yo conocía, podría decirle a Félix y me metería en problemas.
Ni siquiera sabía a dónde tenía que dirigirme. Solamente comencé a alejarme y pronto, sentí una mano tocar mi espalda, cosa que me tensó.
— Disculpa…
Tragué saliva y me volteé, encontrándome con las mismas manos de antes.
— Entiendo que debemos respetar la jerarquía, pero mínimo deberías mirarme a los ojos —murmuró una voz joven que nunca había escuchado y levanté la mirada, conectando mis ojos a los de él—. Así está mejor. Solamente te quería decir que era hacia la derecha donde está el congelador que alberga estos elementos. No entiendo a dónde vas.
— Lo lamento…
— ¡No te preocupes! Soy nuevo aquí también.
Deje que continuara hablando y detalle lo que podía ver de su rostro. Parecía ser mucho más joven que yo y claramente, era guapo.
— ¿Perfecto?
Asentí sin recordar lo que había dicho y él soltó mi brazo, dejándome ir hacia donde me había dicho que era donde se encontraban las cosas.
Sin mirar atrás, golpeé mi frente y corrí a buscar lo que me había pedido. La puerta al congelador era grandísima y una clave de acceso me hizo fruncir el ceño.
¿De dónde sacaría eso?
Mientras pensaba en alguna clave que me hubieran hecho saber, abrí los ojos y recordé las palabras de Lisa. 0432.
Anoté los números como ella había dicho y la puerta se abrió luego de un suave sonido. Dentro, estaba completamente lleno de cajas y utensilios que me hicieron abrir la boca. Definitivamente era el cielo para cualquier investigador.
Impresionante.
Comencé a buscar el nombre que tenía anotada la pequeña botella y descubrí que se encontraba en la parte más alta de los estantes. Solté un bufido y tomé la escalera que había cerca para subir.
— No puedo creer que tenga que hacer esto.
— Lamento haberte enviado, entonces.
El mismo muchacho de antes habló y abrí la boca, sorprendida.
— No señor… —reí con nerviosismo—… solamente no pensé que estaría tan alto.
— Claramente…
— Lo siento, yo-
Miré a la puerta de entrada y un rostro estaba asomado, generándome algo de intriga. Intenté que no se notara mucho y sentí mis ojos comenzar a humedecerse.
Joel.
Sin poder medir mis palabras, éstas salieron de mis labios sin consentimiento de mi cerebro.
— ¿Eres tú Joel?
Los ojos de la persona conectaron con los míos y fue en cuestión de segundos que desapareció de su lugar.
Mis piernas comenzaron a temblar y tragué saliva, bajando de las escaleras.
— ¿Todo bien? ¿A quién le hablaste?
— ¿No había nadie en la puerta?
— No…
Asentí y le pasé el frasco con lo que me había pedido.
— Lo siento. Aquí tiene todo lo que me pidió.
— Muchas gracias, señorita.
Sonreí y bajé un poco mi cabeza, comenzando a dirigirme fuera del lugar.
— Yo tenía otra chica como mi asistente pero creo que podrías ser ahora tú. ¿Qué te parece?
— Lo agradecería mucho —sonreí.
— Perfecto. Ahora eres mi asistente.
Mi mirada se movió por todos los lugares que pasamos hasta que llegamos al laboratorio, pero la persona que había visto antes no aparecía. Estaba segura de haber visto a Joel. No podía ser una visión o algo parecido. Se veía como una persona de verdad y me partía el corazón pensar que mi mente estaba imaginándolo ante su pérdida.
***
Decidí quedarme trabajando junto al desconocido un poco más. Él estaba siendo atento y me había sacado una que otra sonrisa. Debía parecer normal y que no se diera cuenta que realmente nunca había sido contratada.
Le había dicho que era nueva, pero que llevaba un tiempo en la villa porque todavía habían estado buscando un investigador para mí, pero que había sido demasiado complicado hasta ese momento en el que él había decidido quedarse conmigo.
— ¿Si eso no hubiera sucedido te habrían sacado del trabajo?
— Puedes ser.
— Bueno. Fui como tu salvador.
Comenzó a reírse y una tos nos hizo dar la vuelta para mirar la puerta.
Y allí estaba. Julián Fox.
— Los asistentes no pueden relacionarse con los investigadores. Ya lo he dicho muchas veces.
— Lo lamentamos —mi investigador habló y se puso delante de mí—. Fue mi culpa.
— ¿Estás seguro, David?
— Si.
Julián asintió y ni siquiera me miró. Sólo revisó lo que habíamos estado haciendo y mi corazón comenzó a latir nuevamente con fuerza. Tragué saliva intentando calmarme, pero se me hacía imposible. Lo tenía tan cerca de descubrirme que mi cuerpo no podía evitar reaccionar.
— Muy bien. Continúen.