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1717 Words
— Eres la mejor persona que he conocido y solo espero que seas la persona que siempre has querido ser. Te amo y te amaré. Espero pronto nos podamos re encontrar. Te amo, hija. El hombre le mandó un beso a la pantalla y luego movió la mano como señal de despedida a su hija. Luego de eso, la pantalla se apagó y Lisa se derrumbó completamente, llorando desconsolada. — Era mi padre… —murmuró y asentí—… me pidió quedarme contigo. Ni siquiera con mamá. ¿Qué es lo que está sucediendo realmente? — No lo sé, Lis. Pero las dos nos encargaremos de encontrar todas las respuestas que buscas. *** Lisa continuó sintiéndose mal y decidí que no era momento para salir y buscar algún tipo de información. Quería hacerlo pero me vería mala persona, entonces prefería dejar las cosas así y mejor dedicarme a mejorar su ánimo y también descansar un poco ya que había tenido que estar mucho tiempo en la ventilación. — Ten cuidado. Félix puede llegar en cualquier momento. — No importa eso. Yo me esconderé en algún lugar. — Debemos guardar tus cosas de todas maneras —Lisa se levantó del sofá y comenzó a recoger mis cosas—. No es mucho, pero cualquier cosa puede darle indicios de que estás aquí y no podemos permitirlo. — ¿No quieres hablar de lo que acaba de pasar? Quería preguntarle eso. No era que fuese chismosa, sino que muchas veces las personas necesitábamos dejar salir los sentimientos que albergábamos durante tanto tiempo en nuestro cuerpo y la mejor forma de hacerlo era así. Dejándolo salir. Conocía personas que no tenían ningún tipo de apoyo y ellos darían lo posible porque alguien se sentara y escucharla sin juzgarlos o algo parecido. Yo también quería eso. Mi padre me había amado como nadie y mi madre me había querido como su única hija. Pero de igual forma, algo me hacía falta. Sentía que ellos me amaban demasiado y habían creado una Joy perfecta, que ante cualquier comportamiento fuera de lugar, sentía que podría decepcionarlos y romper ese imaginario que habían construido. Durante mi infancia no había pensado en que necesitaba a alguien con quien desahogarme y solo fue hasta que llegué a mi adolescencia que el mundo me golpeó como nunca al enfrentarlo sola y ahí, decidí comenzar a ahorrar para estar con un psicólogo que me pudiera apoyar como no sentía, lo hacían mis padres. Su nombre era Christian y él me había ayudado a formarme de la manera que lo había hecho. Agradecía completamente que pudiese ser junto a él todo lo que siempre quise y al final, logré sacar todo lo que cargaba dentro de mí y me sentí libre. Luego, entré a la universidad y nuevamente me alejé de mi familia y mi vida completa. Me mudé de ciudad y comencé una vida completamente nueva, lo que generó que el estrés y ansiedad me jugaran una mala pasada y estuviera a punto de buscar a Christian. Pero, un alma apareció y me sirvió de soporte. El soporte que siempre quise en mi vida. Joel era guapo. Sus ojos y su altura fueron las dos primeras cosas que me llamaron la atención. Su sonrisa perfecta y su voz me conquistaron apenas compartimos nuestra primera charla y después, no pude detenerme. Me lo había presentado un amigo que en ese momento, estaba algo enamorado de mí. Él pensó que tal vez Joel podría ser capaz de hacerme caer en cuenta de él y podría ayudarlo a que tuviéramos algo. Primer error. Luego, comencé a pasar más tiempo a solas con Joel y sus chistes pronto me hicieron enamorarme. Él siempre me había dicho que así sucedería, pero yo lo negaba. Él había sido una persona liberada mientras yo, me sentía algo tímida a su lado. Nuestra relación mejoró y con ella, todo lo que estaba pensando sobre él. Al principio, habíamos decido simplemente ser amigos. Pasar tiempo juntos y charlar. Nada más y él tampoco había intentado saltar a otra base, cosa que le agradecí en su momento. Hasta que un día estuvimos en su apartamento y comenzamos a ver una de las películas de Harry Potter. Su cuerpo se sentía cada vez más cálido y luego, sentí sus ojos sobre mi rostro. Inspeccionándome. Él era un mujeriego, pero, nunca había tenido problema con ninguna persona. Al parecer, y según lo que decían las malas lenguas, él siempre dejaba en claro lo que buscaba y que nunca quería una relación seria. Recordando eso, había tragado saliva y mirado de reojo. Ni siquiera había querido voltear completamente porque sabía lo que sucedería después. Yo había sentido algunas cosas por él, pero no se lo había dicho. Como siempre había dejado en claro que no quería relaciones, yo había respetado su decisión. — ¿Joy? ¿Por qué no me miras? Su pregunta me había dejado fuera de base y recordaba haberme golpeado en la frente internamente ante mi respuesta. — ¿Mi-mirarte? ¿Para qué? Su mano se había dirigido hacia mi cabello y una exhalación había escapado de su boca. j***r, hasta haciendo eso me gustaba. No podía ser posible. Sin mediar otra palabra, sus manos se dirigieron a mi rostro y pegó sus labios a los míos con fuerza. Yo había continuado el beso, feliz. Sabía que me estaba utilizando, pero no quería detenerlo. Él se había convertido en mi debilidad y solo había podido imaginar cuando sucediera aquella cosa. Pero, luego de separarnos después de mucho tiempo. Me sorprendí ante sus palabras. — Quiero que seas mi novia. Estoy muy enamorado de ti, Joy. El solo recordar aquellas palabras, hizo que mis cabello se erizaran y mordiera mi labio inferior. Quería volver a estar en sus brazos y no soltarlo nunca más. — ¿Joy? Aquella voz me hizo salir de mis pensamientos y me encontré con la mirada de Lisa, la cual me observaba confundida. — Di-dime. — ¿En qué estabas pensando? —En nada. ¿Por qué? — Te veías excitada. Abrí mis ojos y el color rojo comenzó a subir por mi rostro. Dios, no. Yo no estaba así, solamente estaba recordando lo que había sucedido la primera vez que había tenido algún contacto con Joel. Mis mejillas estaban de tono carmesí y escondí mi rostro entre mis manos. No podía ser cierto. Tal vez me estaba sucediendo por todo el tiempo que llevaba luchando por sobrevivir. — ¡Eres una niña para hablar de esas cosas! Intenté cambiar el tema, pero ella sólo rodó los ojos. — Claro. Unos golpes en la puerta se hicieron escuchar y ella apretó los labios, dándome a entender que se trataba de Félix. Asentí y me dirigí hacia el baño con mis pertenencias. — No subas. Él no se moverá de la sala. — Tranquila —sonreí—. Cuídate, ¿vale? Lisa sonrió y asintió también. Me apresuré al baño y cerré con seguro la puerta, procediendo a sentarme en el suelo. Él debería demorarse alrededor de veinte o treinta minutos y luego irse. Lisa me había dicho que siempre hacía lo mismo. Escuché cómo la chica lo saludó y lo guió hacia la sala, como habíamos acordado. Puse mi oreja en la puerta, para poder escuchar mejor y claramente, fue posible. — ¿Cómo te has sentido en tu nuevo trabajo? Aquella pregunta fue lentamente respondida por Lisa. Tal vez estaba sirviendo algo de tomar o no sabía qué decir. — Un poco incómodo. No me hallo. — ¿Qué quieres decir? — Quisiera algo más… dinámico. — ¿Qué? Félix y yo soltamos la pregunta al unísono y escuché como Lisa bufó. — Quisiera ayudarte en el lugar de los infectados. Eso quiero. — ¿Por qué? — Porque he escuchado que trabajar allí es… excitante. La vos de Lisa bajó algunas octavas y me reí por lo bajo. ¿Qué mierda intentaba hacer? ¿Acaso quería ser sensual? ¡Si ella era un pudín! — No creo que pueda hacerlo… — ¿No eras el jefe de todas estas personas? — Mhm… — ¿No? — Claro. Solo es que… me da miedo que te contagies. Allí hay muchas personas. — ¿No tienes alguna vacuna para que no suceda? La sala se quedó en silencio y luego escuché como se habían comenzado a besar. j***r, Lisa. No tenías que besarlo. — ¿Entonces? —La voz de la chica se escuchó con fuerza. — Tenemos una posible cura. Podría intentar ponerla en ti. — ¿Entonces podría trabajar en ese lugar? —Intentó escucharse emocionada al respecto y fruncí el ceño. Ella era inteligente. — Pero no puedes decirle a nadie lo que veas ahí. Hay personas importantes en ese ligar y tal vez conocidas. No debes nombrarlas. — ¡No me importa! — Duplicaré lo que ganes desde ahora si te vas para ese lugar. Pero no quiero que dejes de ayudarme. — ¿Entonces qué debería hacer? — Hacer las dos cosas. — ¿Y si me contagio? No puedo estar cerca tuyo si esos sucede. — No me importa —El hombre se levantó del sofá y se acercó a Lisa, que se encontraba de pie (podía intuirlo ya que ella no se había levantado)—. Me gustas mucho y no pienso dejarte ir tan fácilmente. Si te contagias, lo haremos los dos. Hice un gesto de disgusto ante su repulsivo comentario romántico y luego suspiré. Ella sería la única persona que me podría ayudar a entrar a ese lugar y también, conseguir una de esas vacunas si eran realidad. Me sentía nerviosa y solo deseaba que todo saliera como esperaba. Lisa sería mi salvación y la de Joel. Veinte minutos más pasaron y yo continuaba encerrada. Mi trasero comenzaba a doler y no podía orinar porque podrían escucharme. Ellos dos se habían quedado hablando acaramelados y nada más. Tenía algo de miedo de que Lisa se confundiera con lo que estaba sucediendo o que realmente comenzara a encontrar un gusto por ese hombre, cosa que haría que nuestros planes se dañaran y yo tuviera que escapar. Pero, luego de que él se fuera, tendría oportunidad de entablar una conversación con ella y que fuera sincera conmigo.
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