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1815 Words
Eran las cuatro y treinta de la mañana y aunque pensaba que ya debería haber personas trabajando allí, me di cuenta de que no. ¿Entonces a qué hora comenzaban las funciones si nosotros teníamos que trabajar desde las seis de la mañana? ¿O ya no había gente allí? Sin pensarlo mucho más decidí golpear la rejilla y volver a intentar quitar los tornillos que había y no me dejaban bajar con prontitud. El trabajo cada vez era más complicado por mi debilidad, pero luego de largos minutos me encontré bajando para tomar algunas cosas. El lugar era frío y comencé a coger todas las cosas que podía y guardarlas en mi maleta. El computador lo había dejado en la ventilación por si algo sucedía y tomé algunas botellas de agua y soda, junto a pan, chucherías y latas de lo que hubiese. Tenía serias ganas de ir al baño y aunque me contrariaba, ya estaba decidida a soltar todo en una esquina del almacén y volver a subir, pero, una pequeña puerta que decía baño me salvó y pude entrar como una persona normal. Al terminar, me sentí como una persona medio nueva e intenté lavar un poco mi herida que, revisándola, no había sido muy profunda, pero definitivamente podía darme alguna infección aún así tuviera las vacunas en contra de ello. Al terminar, no quise esperar mucho más tiempo, así que nuevamente subí a la ventilación, sin escuchar a nadie entrar a la zona de alimentos u otra acción que me generara curiosidad. Claro que estuve tentada a quedarme allí abajo y moverme de esa manera por la villa, pero era mucho más complicado. Intenté cuadrar lo mejor posible los tornillos en su lugar para que no se viera la diferencia antes de que bajara y luego, decidí darme un banquete para recobrar fuerzas y continuar mi travesía. Era una lastima que no hubiese alcanzado a calentar un poco la comida que había logrado obtener de las latas, pero agradecía al cielo que siquiera, pudiese comerla. Preferí no moverme mucho mientras comía y cuando me sentí lo suficientemente llena, guardé cuidadosamente la comida que dejé y decidí reposar un poco. — ¿Tú tomaste el pan del desayuno? Apreté los labios e intenté asomarme por la r*****a del ducto de ventilación, logrando ver a una mujer y un hombre que acababan de entrar al lugar. j***r, ¿acaso era su desayuno? Me dio algo de gracia la situación y no pude evitar esbozar una pequeña sonrisa mientras los veía discutir sobre quién lo había hecho. — ¡Te dije que dejaras de comerte las cosas! — Pero yo no hice nada —el hombre expresó y me dio algo de pesar—. Lo juro. — Tú ya has robado comida. Le diré al señor Félix. — No, no… — ¿Por qué? Nos cobrarán la comida a nosotros. — Pero me asesinará —la voz del hombre bajó varias octavas y fruncí el ceño. Definitivamente las personas en ese lugar le temían a ese hombre, pero, no había escuchado mucho sobre Julián. ¿Acaso era posible que fuera cierto lo que había dicho? Que él no sabía nada. Me rompió el corazón un poco la conversación, pero decidí continuar con mi camino. Necesitaba descansar y estar tan cerca de la rejilla no me dejaría hacerlo cómodamente. Me había logrado limpiar un poco el polvo y la alergia había bajado, pero estaba segura de que apenas siguiera mi recorrido, volvería. La ventilación se hacía cada vez más pequeña y eso deparaba que estaba cerca de llegar al lugar donde se conectaban las ventilaciones de la parte donde estábamos y donde había trabajado. Por la misma razón había dicho que sabría hacia donde dirigirme en el caso que entrara a la villa. Todavía me sorprendía que estuviese en ese lugar, entendiendo lo difícil que había sido para mí llegar a donde estaba. Pude ver a lo lejos el ventilador que había visto en el computador y comencé a maquinar la manera en la que podría hacer para que se detuviera, pero, al momento que estuve aún más cerca me di cuenta de que realmente no estaba funcionando. Nuevamente me surgía la pregunta, ¿acaso habían comenzado a abandonar la villa? Lancé la maleta por el hueco que había entre las alas del ventilador y luego pasé yo, soltando un suspiro apenas toqué el otro lado de la ventilación. En ese lugar, esperaba poder descansar lo suficiente como para tener las energías necesarias. Puse la maleta en el suelo y acomodé mi saco de manera que la capota nuevamente me tapara el rostro y cerré los ojos, pensando en mi vida antes de todo este problema. Me encontraba caminando alrededor de la casa junto a mi padre, cuando él miró la televisión. — j***r, ¿una pandemia? Miré junto a él a la presentadora que estaba dando las noticias de la noche y su rostro mostraba preocupación. — El día de hoy se descubrieron los primeros casos en la parte oriental del planeta tierra donde más de diez personas fueron contagiadas con un virus proveniente de un animal. No sabemos lo contagioso que pueda ser, pero la OMS ya realizó un comunicado pidiendo a los países alrededor del mundo, comenzar a tomar medidas para no dejar propagar este virus. Era interesante la manera en la que intentaba difundir miedo a la comunidad, pero, buscaba de igual manera tranquilizarlos. Era como decir: “Tienes una enfermedad, pero no te preocupes, no te vas a morir ahora mismo. Pero sí en un mes”. — Algunos presidentes han dicho que comenzarán a poner algunas restricciones en cuestión de vuelos internacionales —continuó—, pero aún no es seguro que pueda propagarse de la manera que se menciona. Igualmente, les recomendamos tener cuidado, lavar sus manos y utilizar mascarilla, mientras lo controlan. Mi padre apagó el televisor y volteó a mirarme como si yo supiera algo. — ¿Qué pasa? —Le pregunté con gracia. — ¿Te han dicho algo en el trabajo? Eres de esas científicas que trabajan con cosas así. Debes saber si es verdad. — Bueno —me reí—, no es tan así. Soy asistente de investigación. — ¿La diferencia? — Todo. Su rostro nuevamente me examinó y soltó un suspiro. — De igual manera, cuídate. No quiero que te infectes de esa cosa. — No lo haré. Esto no va a pasar de aquí. Luego de eso, no había vuelto a verle por alrededor de dos años. Dos años en los que solamente habíamos podido compartir algunas llamadas y nada más. Le extrañaba como no había idea y cuando habíamos tenido la oportunidad de reencontrarnos en la casa familiar, habíamos decidido aceptar la mierda de trabajo en Polonia y ahora, era el momento, donde no sabía nada de él. Si estaba bien, si se encontraba en buen estado de salud. Nada. *** Abrí los ojos y suspiré, intentando estirarme un poco en mi lugar. Había logrado dormir lo suficiente y cuando miré la hora en el computador, abrí los ojos. Eran las dos de la tarde. Había dormido más de ocho horas y aunque no me sentía descansada, había perdido bastante tiempo. Intenté abrir nuevamente el mapa que tenía en el computador, pero no lo encontré por ningún lugar. Un pitido comenzó a salir del objeto e intenté silenciarlo, pero no lo logré. Estaba descargándose y no tenía manera de cargarlo. No había recordado revisar la batería o cuando había estado en la zona de alimentos lo hubiese puesto a cargar, aunque fuera un poco. — ¿Estás bien? Intenté preguntarle al computador y éste vibró más suave que la última vez. Por un momento pensé que tal vez nunca se le acabaría la batería, pero lastimosamente no había sido así. No podía vivir sin el computador t de esa manera, era inminente que descendiera otra vez. Intenté recordar el lugar hacia donde debería ir, pero al mirar a mi lado izquierdo, logré encontrar una de las rejillas que daban para salir. Si lograba observar por allí, de pronto lograría reconocer el lugar donde estaba y así volverme a mover con rapidez y tranquilidad. Me moví con rapidez —más de la que necesitaba—, y miré por los pequeños huecos, donde daba hacia un baño. Pero no era el mismo baño de antes o implementado de la misma manera. Era un baño más tecnológico de lo que creía y aquello me dio a entender algo: había llegado al ala de investigadores. Tenía ganas de bajar sin que me interesara nada, pero decidí moverme aún más allá, intentado buscar alguna habitación u oficina. Podría encontrar a Félix o a Joel, si era la ocasión. Cuando estuve en la segunda rejilla, observé varias mujeres moverse con prontitud frente al llamado de una persona que no tenía idea. No podía reconocer a ninguna persona, pero, un nombre me hizo observar con atención. Lisa. — ¡Vamos Lisa! Debemos comenzar a trabajar. El rostro de la chica se contrajo y miró al suelo con tristeza. ¿Podía ser la hija del hombre que había estado llenando de información la IA? — Espera. Su voz era más suave de lo que pensaba y algo dentro de mí, dijo que era ella. Debía ser ella. Habían dicho que estaba muerta, pero no lo estaba. O bueno, todavía podía tener los deseos de que así fuera. Además de que, si resultaba cierto, podía significar que la esposa de Robert tampoco había muerto y, por ende, su bebé menos. Su rostro era afilado y sus ojos rasgados. ¿El hombre era oriental? Quería intentar imaginarme su rostro y poder decirle gracias cuando lo viera. Si todo salía bien, intentaría por todos los medios buscarlo y darle las gracias por su ayuda. Aunque no era muy positiva frente al hecho de que él siguiera con vida. Tal vez ella había intentado hacer lo que yo estaba haciendo o simplemente la habían secuestrado para utilizarla para alguno de sus experimentos y luego se dieron cuenta que podían usarla para algo más. Mientras la observaba moverse, mis ojos se agrandaron cuando vi a una persona conocida y no pude evitar apretar la mandíbula. Félix. — ¿Qué estás haciendo, Lisa? Su pregunta tenía un tono recriminatorio y la rabia comenzó a apoderarse de mi cuerpo. Ella se veía de apenas 18 o 19 años y él estaba acosándola. No había necesidad de que le dijese una palabra más, era notorio lo que estaba haciendo. — Voy a trabajar señor. — No me llames señor —descaradamente tocó su rostro y ella intentó alejarlo, pero él no la dejó—. Llámame, Félix. — Por favor… — ¿Qué? — Déjeme. Félix se alejó ofuscado y empujó el pequeño cuerpo de Lisa, la cual, cayó al suelo.
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