No tenía ninguna intención de hablar con Lisa al respecto. Si ella decía que no sabía mucho más, era mejor dejar las cosas de esa manera. No quería involucrarla más de lo que ya estaba y hacer que corriera más peligro. Además, no podía confiar completamente en ella. Claro, me había ayudado, pero no podía bajar la guardia.
Los padres de Julián también nos habían ayudado y luego habían terminado de la manera que lo habían hecho. No podía confiar una segunda vez y que me sucediera algo parecido. O peor, ya que no me encontraba fuera de la villa donde podría refugiarme en algún otro lugar lejos. Ya me encerraban cuatro paredes en las que cada movimiento que diera, debía pensarlo minuciosamente.
— ¿Quieres comer algo?
— No tengo hambre —le sonreí.
Habíamos comenzado a hablar de nuestras vidas y por qué nos encontrábamos allí. La chica me había comentado que llevaba dentro de la villa poco tiempo. Solo un par de meses y eso me sorprendió, puesto que en ningún momento recordaba habérmela cruzado. Estaba en sus veintes y su padre “había muerto” hacía como uno o dos años. No podía recordarlo bien.
Su madre vivía en otro país de Europa y ella había terminado la universidad. Todo parecía más tranquilo de lo que ella había pensado, hasta que de pronto en sus vacaciones, encontró algunos documentos de su padre dentro de la oficina que compartía con su madre y ahí, fue que se enteró de todo. Su madre nunca le quiso hablar de lo que había sucedido y era algo curioso y sospechoso, puesto que, si ella no le había comentado nada, tal vez podía ser que sabía cosas que nadie más sabía o simplemente la habían amenazado.
Cuando las personas que estábamos dentro de la villa, habíamos firmado el contrato, había una cláusula muy específica sobre la confidencialidad. Aunque, en nuestra profesión —y estaba segura de que casi en todas—, las personas debíamos mantener un perfil bajo sobre el trabajo que estamos o vamos a desempeñar.
— ¿Cómo entraste aquí?
— Contacté a Félix por f*******:.
Fruncí el ceño sin entender la relación entre las dos cosas. Era una investigación importante. Mundialmente hablando. Y ellos se habían contactado por una red social de citas.
— ¿Qué quieres decir?
— Hablamos sobre nuestras pasiones y me ofreció venir aquí porque para él, era hermosa —se encogió de hombros—. Juro que al principio no pude creerlo, pero él me ofreció venir. Solamente pidió que no me involucrara emocionalmente con nadie.
— ¿De verdad?
— Si. Hay varias mujeres que llegaron a este lugar de la misma forma. Yo sabía a lo que venía a la villa, pero ellas no. Ellas pensaron que sería un trabajo de modelaje en otro país y por eso aceptaron.
— ¿Trabajan en lo mismo que tú?
— No —Lisa miró hacia la puerta y luego bajó su tono de voz—. Ellas están junto a Joel. Experimentaron algunos medicamentos en ellas y no salió como esperaban.
Levanté las cejas, sorprendida. No podía creer que realmente ese hombre se encargara de buscar así personas. Aunque bueno, eso podría dar indicios de la manera en la que también había sido contactada la esposa de Robert al momento de llegar a este lugar.
— ¿Tu has escuchado hablar de alguna mujer embarazada que haya pasado por eso?
La chica me observó unos segundos el rostro, pensando. Su mirada se dirigió a sus manos y luego a mi rostro. Parecía que intentaba recordar, pero no podría decir si era cierto o no.
— No lo sé.
— ¿Estás segura? Su nombre era Chloe.
Lisa abrió los ojos y asintió con rapidez.
— ¡Claro! Ese nombre también lo he escuchado. Pero no sabía que estaba embarazada.
— ¿Cómo así?
— Hay una mujer que se encarga de algunos pendientes de Félix. Su nombre es Chloe y es de Portugal. Pero ella es la pareja de Félix.
¿Acaso hablábamos de la misma mujer? Aunque no podía imaginar que hubiese dos personas con el mismo nombre, del mismo país y en el mismo lugar. ¿Acaso ella había engañado a Robert?
— ¿Segura que son pareja? ¿Entonces por qué él te trajo aquí?
— Porque su relación es rara. Muchas veces los he escuchado pelear en la oficina de él. Ella no se escucha muy feliz en este lugar, además de que sabe que él la ha engañado.
— ¿Tú podrías averiguar si ella estuvo con una persona antes de venir aquí?
Lisa asintió y decidimos cambiar de tema.
No quería profundizar mucho en lo que había sucedido con Robert por simple respeto. Nunca hablamos sobre el hecho de comentarle este tipo de situaciones a personas que no fuéramos nosotros dos y menos, si alguno llegase a morir. El solo hecho de pensar en él muerto, hizo que mi piel se erizara y un hueco se apoderara de la boca de mi estómago.
En el poco tiempo que llevábamos de ser amigos, le había querido mucho y me partía el corazón haber tenido que abandonar su cuerpo de la manera que lo había hecho. Pero intentaría buscar por todos los medios la manera de llegar a él, o por lo menos, intentar darle una sepultura tranquila.
— ¿Cuántos años tienes tú? —Ella cuestionó y me sorprendí por su pregunta.
— Treinta.
— ¿De verdad?
— Claro. ¿Parezco de veinte? —Me burlé.
— Eso creo —se cruzó de brazos—. Me sorprende mucho que mi padre te hubiera escogido para que tuvieras toda esta información. Al parecer, eres muy inteligente.
— O estuve en el momento equivocado —me reí—. La información se me suministró por medio de una USB. No entiendo cómo lo hicieron, pero esa información la tenía era Félix.
— Si, por supuesto. Ellos descubrieron que mi padre había hecho ese tipo de cosas y por eso fueron a buscar todo lo que él había recolectado.
— ¿Entonces ellos poseen al final, la misma IA que yo?
— No sabría decirte —Lisa torció la boca—. No conozco mucho sobre eso y mi padre prefirió dejarnos lejos de su trabajo. Pero, estoy segura de que tú debes conocer más cosas y todavía no lo sabes. La IA que mi padre creó junto a uno de sus compañeros es de las más interesantes que he escuchado.
— Parece un diario.
— Lo sé —sonrió—. Fue lo único que supe de eso. Él la utilizaba para guardar sus memorias. Lastimosamente no tengo manera de conocer lo que decía.
Pensé en ofrecerle mi computador, pero no era el momento y tampoco quería que supiera en lugar específico donde tenía la IA. Pero, ella podía intentar buscar la USB en la oficina de Félix o en sus computadores. Tal vez él la tenía allí.
El hecho de que sus hombres me habían quitado la USB y no sabía si se había quemado o la habían entregado a otra persona, me hacía preguntar si realmente podrían tener esa USB o copia. Aunque bueno, él no era estúpido y todas las personas al poseer información tan importante, dejaban copias de seguridad en todas partes. Tal vez él había hecho lo mismo.
— Puedes buscar en su oficina —le insinué.
— ¿Por qué?
— Porque hay varias copias. Él debe tener alguna allí. Puedes usarla si la consigues.
— ¿Y cómo voy a saber cómo se llama el archivo?
— Deberías saberlo. También puede ser una USB.
— Ay, Joy. No sé…
— No te preocupes —tomé sus manos—. Yo he llegado hasta este lugar y estoy bien.
Comenzó a reírse y sonreí sin entender.
— “Estás bien” —Hizo la mímica y comencé a reír junto a ella.
Claro que no estaba perfectamente, pero podía decir que estaba viva y era lo más importante para mí en ese momento. Ella tenía la oportunidad de acercase cada vez más a Félix y si él le había abierto de esa manera las puertas, lo mejor era aprovecharlo al máximo.
— Necesitamos conocer lo que sucedió con tu padre y hacer que Félix pague por todo lo que ha hecho.
— Eso es lo que-
Unos golpecitos se hicieron escuchar en la puerta y abrí los ojos, comenzando a sentir cómo el pánico se apoderaba de mi cuerpo. Lisa se levantó y comenzó a mirar a todas partes algún lugar donde poder esconderme, pero la verdad, era que su habitación no tenía muchas cosas y era demasiado pequeño el espacio, así que lo más factible fue esconderme en el baño con todas mis cosas.
Solo podíamos rogar que no entraran allí.
Me metí en la bañera y corrí un poco la cortina ya que el espejo que había en el baño dejaba ver algo de la sala, por si llegaban a entrar.
Lisa se dirigió a la puerta y abrió ésta.
— ¿Qué quieres?
Las palabras de la chica me hicieron preocuparme un poco, puesto que debía tratarse de Félix o alguien conocido de él.
— No sé de lo que me hablas y no entres a mi habitación.
— ¡Claro que lo sabes!
Una mujer alta y delgada comenzó a caminar por todo el lugar bajo la atenta mirada de la chica y mía. Su rostro me parecía conocido y cuando empujó hacia una de las paredes a Lisa, quise salir a ayudarla.
— ¡Dime qué quieres de él!
— ¡No quiero nada! —Lisa gritó. Furiosa—. Déjame en paz.
— ¡Niña malcriada!
— ¡Chloe!
Una voz se escuchó en la puerta de la habitación y pude reconocerla perfectamente sin necesidad de verlo. Era Félix.
Su cuerpo se movió por todo el lugar y se acercó a la mujer, a la cual, tomó del brazo con fuerza y alejó de Lisa. Su mirada mostraba la rabia que tenía por la situación y luego sus gritos llenaron el lugar.
— ¡No tienes derecho de venir a molestar a mis empleadas!
— ¡Ella no es empleada tuya! —La mujer intentó zafarse, pero no lo logró—. ¡Ella quiere estar contigo!
— ¡Nadie quiere estar conmigo! —Félix la soltó de golpe y la mujer dejó escapar un siseo de dolor.
— Eso es falso… Esta mujer ni siquiera tiene los estudios para estar en este lugar.
— ¿Y tú? —Lisa le cuestionó—. Tú solo estás aquí porque te dejaste embarazar de Félix y ahora no quieres que esté con nadie más.
La habitación se quedó en silencio y yo continué prestando atención, hasta que me di cuenta de una cosa.
Ella era la esposa de Robert.
¿Se había dejado embarazar para estar con Félix? No podía entender cómo podría ser así.