La chica asintió en el suelo y la mujer que le había pedido que fuera con ella apareció en mi campo de visión, ayudando a levantarla y luego de hacer una pequeña reverencia hacia Félix, se fueron.
El hombre se mantuvo en su lugar observando el suelo. Pude ver como sus hombros subían y bajaban y me rompió el corazón recordar el miedo en los ojos de la pequeña. Realmente él era la peor mierda que había podido conocer en mi vida y ahora, parecía que era el jefe de las personas allí dentro. No había rastro de Julián.
Tal vez le había arrebatado su puesto y todo lo que Julián había dicho era cierto.
Mientras pensaba, Félix soltó un resoplido y comenzó a alejarse, yendo hacia una de las oficinas que había cerca. Pude leer a lo lejos que decía “mánager”, pero no pude entender la otra parte.
Él había ascendido a un puesto más importante que el que tenía y ahora, se creía lo mejor en la villa. Pero yo me encargaría de demostrarle que las cosas no eran como creía y lo haría pagar por cada uno de sus errores. Tendría que rogarme por respetar su vida y decirme dónde estaban las personas por las que estaba en ese lugar.
Lisa, la esposa y bebé de Robert y Joel.
Haría lo posible por encontrar la verdad entre tanta tiniebla y él tendría que ir a la cárcel por todos sus errores. Además, destaparía toda la olla podrida que había dentro de esa villa y entre la comunidad científica alrededor del mundo que también estaba segura, de que estaban completamente enterados de lo que estaba sucediendo en este momento y no estaban haciendo absolutamente nada para detenerlo. Solamente les gustaba recibir regalías y ganar de dinero por entrevistas y sustos a las personas sobre el virus AAA23 y la pandemia que ya había pasado.
Pero todos pagarían.
***
La noche llegó y decidí que debía descender a buscar algún lugar donde cargar el computador. Al tocar el suelo, los pasillos se encontraban vacíos e intenté caminar lo más natural posible por si llegaba a encontrarme con alguna persona de frente.
Mientras caminaba hacia uno de los baños mirando el suelo, sentí el choque de otra persona, lo que hizo que cayera al suelo de golpe y solté un gemido lastimero al golpearme el lugar donde me había herido con anterioridad.
— ¡Lo siento!
Reconocí aquella voz y levanté la mirada, encontrándome con Lisa. La chica que había estado mirando más temprano.
— No-no hay de qué preocuparse.
Sus ojos se dirigieron hacia mi cuerpo y abrió la boca, dándose cuenta de que estaba herida en la pierna. Cerré los ojos y maldije internamente viéndola agacharse, hasta quedar a mi altura.
— ¿Estás bien? Debes ir a enfermería. ¿Dónde te pasó esto?
Me mantuve en silencio y me encogí de hombros esperando que se diera cuenta que no quería hablar con ella. Pero al parecer, era difícil que lo hiciera porque siguió hablando.
— Ven a mi habitación. Te curaré.
— No pueden verme.
Inmediatamente se calló y miró a su alrededor, como si no quisiera ser descubierta.
— Acaso tú…
— ¿Yo?
Nuevamente volvió a mirar a su alrededor y se acercó un poco más para que pudiese escucharla bien.
— ¿Acaso tú eres la señorita Cox?
Apreté los labios y miré el suelo. ¿Cómo sabía mi apellido?
— No sé de qué me hablas.
— Mi padre te dejó algo. ¿No lo tienes?
Quedé en silencio y asentí lentamente.
Ella también asintió y me ayudó a levantarme sin decir ni una palabra.
— Vamos a mi habitación. Todo estará bien.
— Las cámaras.
— Allí no hay. Lo pedí a mi jefe.
— ¿Félix?
Los hombros de la chica se tensaron, pero asintió.
— Él está enamorado de mí. Puedo pedirle algunas cosas.
— Pero él te maltrata.
— No importa —me cortó—. Pero estoy aquí dentro.
No demoramos mucho en llegar a su cuarto y allí, puso alguna clave en la puerta y cerró detrás de nosotras. Sin confiar mucho, revisé un nuevo ducto de ventilación y encontré el que estaba en el baño. También sentí el arma que había hecho junto a Robert y me senté en el pequeño sofá que allí había.
— Mi padre se llama Alfred —ella comenzó a hablar—. Yo me llamo Lisa.
— ¿Tu padre es médico investigador?
— Era —apretó los puños—. Aquí lo asesinaron.
— ¿Cómo así?
Lisa miró el techo del lugar y luego tragó saliva, sentándose a mi lado.
— Mi padre era investigador del virus que escapó. Él fue de las primeras personas que se encargó de todo el proceso y de intentar detenerlo, pero lo enviaron lejos. Lo que él no sabía, es que lo contagiaron y solamente lo habían enviado para una clase de ciudad de contagiados.
— No puede ser…
— Allí intentaron “salvarlos” a todos, pero ninguno sobrevivió. Mi padre era muy inteligente, él creó junto a uno de sus colegas una inteligencia artificial que programaron para que la persona que la encontrara supiera todo lo que sucedió en este lugar.
— Yo-
— Yo sé que eres tú —sus ojos se iluminaron—. Tu esposo me lo dijo.
— ¿Qué?
Me levanté del sofá donde estaba inmediatamente. Era la primera persona que me decía que Joel estaba vivo.
— ¿Dónde está? —Comencé a bombardearla con preguntas y ella puso la palma de su mano en mi boca, intentado que me callara.
— Silencio. Pueden escucharnos si hablas tan duro.
— Lo siento…
— Él… —volteó a mirar a otro lugar—… él ahora mismo no está aquí.
— ¿Cómo así? Yo vine a este lugar por él. Pensé que se encontraba aquí.
— Él está aquí —ella recalcó—. Pero no ahora.
— ¿Dónde está?
Lisa comenzó a caminar alrededor de mí y comencé a sentirme estresada. No quería pensar en lo peor, pero era lo que parecía.
— Él está encerrado.
— ¿Dónde?
— En una de las alas de infectados de la villa. Él se contagió.
Pasé una mano por mi cabello y exhalé con fuerza. j***r, no podía ser cierto. No podía creer que al final lo hubiesen contagiado.
— Pero ¿está bien?
— Sí. Pero corren el rumor de que él fue el que expandió el virus.
Sentí como todas las emociones en mi cuerpo me pasaban factura y caí al suelo sin previo aviso. Mi cuerpo estaba a punto de desfallecer y al escuchar la noticia desde la boca de una persona que estaba dentro de la villa, era peor para mí. Ahora debían de estar odiando a Joel, pero yo creía en él. Era imposible que hubiese podido dejar escapar el virus cuando nunca había tenido ningún tipo de cercanía con el mismo. En cambio, yo, si había tenido cercanía, pero claramente no había sido la culpable.
Podían haber pasado minutos u horas hasta que por fin había logrado abrir los ojos. Lo primero que había visto era a Lisa con su rostro preocupado y apreté su mano, dándole un poco de tranquilidad mientras volvía en mí.
— Estoy bien.
— No lo estás. Casi te mueres.
Miré mi pierna y entendí por qué lo decía. Realmente me había desmayado por la herida en mi pierna. Al parecer había sido peor de lo que creía y mientras descansaba, Lisa se había encargado de hacerme la curación de la pierna para que no se propagara más. Ahora, ya tenía limpia la herida y debía entrar al baño para darme una ducha después de mucho tiempo.
Mientras estuve allí me sentí descansada. Mi pierna picaba un poco y solté uno que otro quejido mientras me enjabonada. Debía agradecer a esa chica que estuviera de mi lado y que me brindara toda la ayuda que me estaba dando. No todo el mundo creía en otra persona de esa manera y menos, cuando la estaban buscando de la manera en la que me estaban buscando a mí.
Había decidido llevar mi maleta conmigo y dejar el computador cargando en el baño. No lo quería perder de vista por nada del mundo y ella había aceptado aquello. Ni siquiera se había opuesto, lo que también me daba buenas vibras de su parte. Ella era una buena muchacha intentando conocer la verdad de lo que había sucedido con su padre.
Me había comentado que realmente a ella nunca la habían secuestrado. Simplemente había querido mostrar eso para que nadie sospechara que realmente se había infiltrado dentro de la villa como si fuera una asistente de investigación. Luego, se había dedicado solamente a enamorar a Félix, y cuando había logrado su cometido, tener algunas cosas mejores que los demás y comenzar a crear algo de repulsión hacia ese hombre. Quería armar una pequeña revuelta dentro de la villa. Ella decía que era la única forma en la que las personas estarían contra ese hombre y, además, también creía que era la única manera para poder pasar a la zona donde se encontraban las personas contagiadas con el virus AAA23.
— Él no deja que nadie pase a ese lugar —me comentó, mientras secaba mi cabello—. Solamente pueden pasar él y un hombre llamado Julián. Ellos dos son los únicos que se encargan de otorgar diferentes clases de medicinas para ver qué puede servir para ellos.
— Pero hasta el momento nada…
— Nada —asintió—. Hace poco murió una mujer más joven que yo. Nadie sabe de dónde llegó. Solo supimos cuando su cuerpo salió de este lugar.
— ¿Cuántas personas hay internadas ahí?
— Alrededor de diez. Todas en estado crítico.
— ¿Joel Cox también?
— Por supuesto.
Me siguió contando sobre la manera en la que supuestamente Joel había dejado escapar el virus y por eso él había sido la primera persona infectada. No se había dado cuenta que había dejado uno de los frascos abiertos y luego lo había golpeado con su cuerpo y allí, se había infectado. Como era capaz de expandirse por el aire, esa había sido la primera y única hipótesis que habían sacado del caso.
Luego, lo habían dirigido hacia ese pabellón y nunca más había salido. Lo único que sabían era que seguía con vida.
Pero, si realmente estaba en estado crítico, ¿por qué me había enviado ese correo?