Capítulo 3

2324 Words
Kansas y Jonas —No puedo creer que tu madre se vaya de crucero —se queja Jonás. Jonás y Kansas vuelven de Texas, más preciso de la casa de Meredith. Ellos habían ido hasta allí para pasar unos días con la madre de Kansas, antes que Meredith se vaya a pasar las fiestas en un crucero con amigas. —¿Cuál es el problema? —cuestiona Kansas viendo como su chico pasa los cambios. —¿Me preguntas en serio? Ella bien podría venir con nosotros o pasarla en tierra firme donde todo es más seguro —refuta. —Le tienes miedo a un barco —acusa la joven sonriendo. —No le tengo miedo a ningún barco —se defiende él. Kansas sonríe, divertida. —Sí lo haces —asegura. —Eso no es cierto —replica el joven—. Pero de seguro es más peligroso que ir en avión —masculla. —Has viajado mucho en avión —le señala ella—. Ahora no vengas con miedos absurdos. —No son miedos absurdos. No es ninguna clase de miedos —entona elevando la barbilla. —Hay más posibilidad de morir en la ducha que en un avión o un crucero —le indica, provocando que Jonás se estremezca. —Que reconfortante, ahora tendrás más problemas para hacer que me bañe —le advierte medio en broma para ocultar su insensato miedo. —Cualquier excusa te viene bien para hacer que nos metamos los dos bajo la ducha —suelta mostrando una sonrisa. —Hablando de hacer cosas juntos —sopesa Jonás—. Deberíamos tener sexo antes de llegar. Deberíamos hacerlo arriba de mi hermoso bebé para dejarle un buen recuerdo —sugiere elevando las cejas con sugerencia. —No nos iremos para siempre, solo serán unos días y tu bebé estará muy bien sin que le dejemos ningún recuerdo —replica acomodando los pies sobre el tablero del auto. —Abajo —Jonás le pega con suavidad en las piernas para hacer que las baje—. Quiero tener sexo arriba del auto —canturrea como un niño caprichoso. —Jonás, estamos en medio de la nada —le hace ver gesticulando con sus brazos el camino, el cual solo consiste en desierto y la ruta pavimentada por la que van—. No podemos solo pararnos y... Y eso —concluye medio balbuceando. —De hecho, sí podemos; es más, mi querido amigo ya está pensando en todo lo que quiere hacerte en el asiento trasero y está despertando. —Bueno, dile a la princesita Sofía que vuelva a dormir porque… —No acabas de llamarla princesita Sofía —se queja frunciendo el ceño—. ¿Te volviste loca? —reprende. —Bien, entonces al pequeño Hércules; da igual como lo llame, no vamos a detenernos hasta… —Puedes dejar los diminutivos, por favor —protesta el joven—. Sabes muy bien que muy lejos está de ser algo diminuto —masculla observando su entre pierna. —Oh, toqué tu ego masculino —se burla ella. —Podrías tocarlo de verdad —sugiere con intención—. Prometo no ofenderme —bromea. —Eres increíble —se mofa. —Lo sé —asiente el joven con orgullo, mientras ella niega con la cabeza—. En serio, amor, muero por tener sexo. Los tres días que estuvimos con tu mamá no se despegó de nosotros ni por un momento. Fue como si supiera el momento exacto en el que quería arrancarte la ropa y darte duro contra el muro. Aquello hace reír a Kansas. —Eres un exagerado —le sonríe. —No lo soy —se defiende él sin quitar la vista del camino. —Admítelo, al menos un poco exagerado eres —entona al momento que se desabrocha la camisa con parsimonia. Kansas lleva un short de jean y una camisa a cuadros verde, la cual termina quitándose y arrogándola hacia el asiento trasero. —¿Qué…? —Jonás mira a su chica quedarse solo con el sostén y observa como comienza a desabrochar con lentitud los botones de su short—. Dios, debes avisar —musita. Eleva las caderas y quita por completo su short y con ayuda de sus pies se quita las sandalias. Luego de sonreírle a su chico, se quita el sostén dejando libre sus senos. Jonás al verla de esa forma, no lo piensa y dirige el auto a la banquina, en donde lo estaciona. Kansas sonríe con astucia al verlo detenerse de forma abrupta y quitarse a toda velocidad su camiseta y luchar con el cierre de su pantalón. Cuando el joven logró despojarse de su ropa, toma a Kansas de las caderas y la obliga a sentarse a ahorcadas sobre él. De un tirón rompe y desprende la tanga de la joven. Y sintiendo lo lista que está su chica para él, de una sola vez la penetra. —Ahora dime exagerado —le indica sosteniéndola firme de las caderas para que no se mueva—. Esto no es ninguna exageración, pequeña —esboza y comienza a moverla de arriba abajo robando gemidos de ambos. La boca de Jonás se apodera de la boca de Kansas y ambos empiezan una sincronía entre sus caderas y lenguas. Cuando el aire falta, el joven deja la boca de la chica para hacerse de los pechos femeninos. Llena su boca y gime, primero con un seno y luego con el otro. —Mmm… Como necesitaba esto —murmura Jonás con la voz ahogada por tener el rosado pezón de Kansas en su boca. La joven echa la cabeza hacia atrás, al tiempo que se toma con fuerza de los hombros de su chico. Cierra los ojos al sentir como los dientes del joven rastrillan su sensible y erecto pezón. Jonás coloca una mano hacia abajo del asiento y tirando de la palanca hace que el respaldo vaya hacia atrás de golpe llevándolo a ambos con él. Kansas lo mira desde arriba con los ojos cargados de deseo y descontrol. Jonás ama verla de esa manera, ama ver como su mirada se vuelve tan sexy cuando están haciendo el amor. Los ojos inocentes que suele tener normalmente desaparecen como por arte de magia. Kansas comienza un suave ritmo con sus caderas, logrando que Jonás apriete sus dientes al sentirla tan bien sobre él. Sus dedos se agarran con fuerza de las caderas de la chica para poder controlar aquello que lo hace querer arremeter contra ella con tal deseo que de seguro pueden volverse locos. La chica tira la cabeza hacia atrás al sentir como dos dedos de Jonás se colocan de manera estratégica entre ambos cuerpos y juega con su excitado clítoris. Con solo unos toques más, ella se deja ir con un largo gemido y un visible espasmo. Segundos después, Jonás la sigue con un ronco gruñido. Una fuerte bocina los hace saltar en el lugar. Al ver de qué se trata y escuchar más bocinas, Kansas se esconde rápidamente apretándose contra el cuerpo de Jonás, mientras él comienza a reír al escuchar los silbidos y aplausos de los motoqueros. —No es gracioso —sisea Kansas avergonzada sin poder salir de su escondite. Era bastante larga la caravana de motociclistas. —Sí lo es —Ríe—. No deberías avergonzarte —entona con diversión. —Tu deberías estar muy enfadado —le señala ella, al tiempo que sale de su escondite al darse cuenta que ya habían pasado todos los motoqueros. —¿Por qué debería estar enfadado? Fue un maravilloso sexo arriba de mi hermoso auto —canturrea. —Porque los motociclistas acaban de verme en pelotas, idiota —le responde con el ceño fruncido. Jonás arruga la frente sopesando lo que su chica le acaba de decir. Carraspea su garganta. —Bueno… Eh, viéndolo de esa manera, no es gracioso —Vuelve a carraspear su garganta—. No entiendo que se te metió en la cabeza para que tengamos sexo en medio de la carretera —se queja provocando que la chica le lance con una de sus sandalias—. Auch. —Deja de hacerte el gracioso —le advierte—. Ni siquiera te molestó que me hayan visto desnuda, ¿verdad? —Bueno, son motociclistas. —¿Y eso qué carajo tiene que ver? —inquiere Kansas perdiendo la paciencia. —Me acabo de convertir como en un héroe para ellos —entona frunciendo la boca y esperando el golpe de su chica. —Eres un idiota —insulta, ya vestida—. Ahora vamos a ver qué tan héroe seas cuando no tengas sexo hasta el año que viene. —No puedes hacer eso —se queja luchando para ponerse su pantalón—. Sabes tan bien como yo que no podemos estar sin sexo, somos mucho mejor cuando tenemos sexo… —Hasta el año que viene, Jonás —interviene con seriedad, aunque sabe bien que ella no va a aguantar más de dos días sin sexo con su chico. —Ok, de todas formas, no faltan muchos días —murmura abrochando su pantalón. —Dos semanas —le hace ver y él traga saliva al escucharla. El viaje siguió sin altercados, los chicos llegaron a su hogar por la noche, y a pesar de todos los intentos de Jonás, Kansas no accedió a tener sexo. Su penitencia iba en serio y el pobre chico ya estaba sufriendo por adelantado. Ambos se acostaron y como de costumbre, Kansas le da la espalda y le toma de la mano para que le rodee la cintura y así dormir. —Genial, ahora voy a estar toda la noche duro —masculla cuando su chica se aprieta más a él. —Silencio …ordena ella. Obviamente sonriendo por su malicia. —Sí, señora —suelta en un suspiro antes de esconder su rostro en el cuello de la joven. De a poco, Kansas despierta. Se estira en su lugar para luego tomar su celular y ver la hora. Al hacerlo se levanta de golpe, no sin antes golpear a Jonás para que despierte. —¡Jonás! —grita provocando que el joven se asuste y caiga de la cama—. Es tarde. Vamos. —Mierda —refunfuña el joven, sobándose su parte trasera—. ¿Por qué me empujas? —inquiere subiendo de nuevo en la cama. —No lo hice —se defiende—. No te vuelvas a acostar —le ordena buscando a toda prisa su ropa en el placard—. Se nos hizo tarde —le hace saber. Jonás se pone boca abajo en la cama y se tapa con la almohada—. ¡Jonás! —grita al tiempo que le da un cachetazo en el culo—. Arriba. —No dormí en toda la noche por tu maldita culpa —se lamenta sin moverse del lugar. —Hablo en serio, Jonás. Es mejor que te levantes ahora mismo —le advierte conforme se coloca los zapatos. El chico suspira. Jonás se levanta y se dispone a vestirse. Cuando ambos están listos, Kansas, prácticamente lo arrastra afuera de la casa hasta subir a un taxi para llegar, o tratar de llegar, al helipuerto en donde los esperan los demás. —No me puedo despertar —clama el chico refregándose los ojos. —Pareces un niñito llorón —rezonga Kansas observando la hora en su celular. —No soy un niñito —espeta—. Fue tu culpa que no pudiera dormir —le acusa. —No me digas —articula la joven. —Por supuesto que sí. No quisiste darme sexo y encima pegaste tu lindo culo a mí… —Jonás —La pobre chica trata de no mirar al conductor del taxi por el espejo retrovisor sabiendo bien que el hombre está escuchando su conversación. —Ahora tiene vergüenza —masculla—. De seguro él también sabe sobre eso de penitencias maritales. El chofer sonríe, pero es sabio y no acota nada. —No hay tal cosa de maritales en nosotros. No estamos casados —le señala ella en un intento fallido de defenderse. —Es lo mismo, convivimos —le señala—. Y más vale que me levantes esa estúpida penitencia tuya porque mi amigo y yo no vamos a aguantar mucho —Fija muy convencido de su argumento. —Eras lindo cuando citabas a Otelo —farfulla la chica haciendo que el chico ría. —Soy lindo en todo momento y lo sabes —alega mostrando travesía en sus ojos. —En estos momentos estás siendo molesto —declara. —Podríamos investigar ciertos lugares del avión —sugiere conforme mueve las cejas de manera juguetona—. Eso de seguro haría que dejara de ser molesto. Kansas ríe sin tener otra opción y Jonás toma esa risa como un sí. —No vamos a tener sexo hasta el año que viene —le recuerda sin perder la sonrisa. —Escuchó, señor. Escuchó eso —se lamenta con el chofer. —Algo habrás hecho, hijo —pronuncia el hombro mirándolo por el retrovisor. —Yo no hice nada —se defiende con gesto inocente. —¿No hiciste nada? —inquiere Kansas elevando una ceja. —No lo hice y tú lo sabes —le indica—. Si quieres usar al chofer como mediador, por mi está bien. Podríamos explicarme con lujo de detalle por qué estás molesta conmigo —sonríe ampliando sus labios al ver la cara de horror de la joven. —Será mejor que mantengas la boca cerrada si no quieres que sea dos meses en vez de dos semanas —le amenaza y luego sonríe al ver como el chico frunce el ceño. —Muy astuta —murmura para luego perder la mirada en el camino en donde ya podía divisar el avión.
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