Había un prado, césped, una llanura mostrando un paisaje de ensueño, y un árbol en medio de toda esa tranquilidad inspirada, salida de alguna pintura de Claude Monet. El aire tan limpio, tan lleno de paz. Lina frunce el ceño y mira a su alrededor, luego clava sus ojos en ese árbol; ya lo había visto, ya había estado en ese lugar. Con lentitud, y también con un poco de miedo, ella comienza a caminar hasta ese árbol. A medida que se va acercando puede notar que un hombre está recostado bajo el árbol, pero no puede darse cuenta de quién se trata. Ella se paraliza al estar más cerca y poder ver de quién se trata ese chico quien está recostado sobre el césped y con un brazo tapando sus ojos. —¿Vas a quedarte ahí parada como si hubieras visto un fantasma? —se burla el hombre quitando su brazo d

