LIII Las noches se estaban haciendo un poco más caóticas, dado que ya no era uno solo, sino los dos preciosos bebés, los que reclamaban amor de mamá. Solo que, Luka sí seguía teniendo más paciencia. Flora estaba feliz con aquel alboroto que no se sentía en su casa desde que ella tuvo sus propios hijos. La habitación estaba atestada de juguetes, todos de parte del tío Thomas y la tía Anna. —Este pequeño no quiere desprenderse de ti, debe tener más genes de Matt —dijo Flora a manera de broma, por el apego que tenía Simon a Aluna. —Bueno, tal vez al antiguo Matt —replicó la madre, soltando al fin al pequeño de su pecho. —Lo siento tanto… pero sé que en alguna parte de su cerebro… Flora tuvo que dejar de hablar, cuando escuchó que tocaron a la puerta principal. Su hijo menor, que claro no

