Capítulo 5: Hermosa

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V Después de devorarse tres platos de la exquisita comida de su anfitriona, ambos se dispusieron a conversar de su proyecto. El tema era libre, eso quería decir que la responsabilidad debía ser mayor. Aluna lo escuchaba hablar y se le hacía curioso lo interesado que estaba Matthew en el trabajo, él ni siquiera tendría que estar tomando ese tipo de curso, pero le agradó mucho lo muy en serio que estaba apropiándose de todo aquello. Matthew le mostró un tema interesante en la pantalla de la laptop a la chica. Esta se inclinó para verlo mejor y de nuevo, pese a sus intentos por ocultarlo con sus cuellos altos, sobresalió esa odiosa marca, esa mordida que sellaba la vida y la fortuna de casi todos los omegas. Sintió su sangre hervir al imaginar a esa niña en brazos de otro, desnuda, gimiendo, excitada ante la poderosa penetración que ejercieran sobre ella. Apretó los puños al pensar en Aluna jadeando el nombre de ese desconocido, retorcerse bajo un cuerpo que la acariciaba y la destrozaba. Luego entonces, ese momento, ese cuando su nuca palpitaba como su vientre, pidiendo, suplicando por ser mordida. —¡Maldita sea! —gritó mientras golpeaba con violencia la mesa, haciendo que Aluna brincara del susto. —¿Qué pasa? Podemos usar otro tema si este no te gusta... —¡Ah, no! Discúlpame, recordé algo desagradable, eso esto todo. Me decías... Matthew, alterado por su propia imaginación, empezó a respirar profundo por su nariz para intentar relajarse. No se dio cuenta lo cerca que estaba Aluna, que seguía algo inclinada hacia la pantalla, mostrándole infinidad de imágenes. Uno de sus suspiros le hizo percibir el aroma de su cabello, y sin esperárselo, acercó más y más su nariz a la cabeza de ella, que ya se había dado cuenta de todo y, aun así, no se movía. La respiración de la chica empezó a alterarse al sentir el cuerpo de Matthew tan cerca, al inicio apenas rozando su hombro, ahora casi aprisionando su espalda. Algo parecido a un jadeo salió de la boca del patinador y Aluna sintió como si aquello le hubiera atravesado el pecho. Cerró los ojos, ese contacto cálido la estremecía, la inquietaba. El hombre de cabellos de otoño levantó su mano y con suavidad la puso en la mejilla de ella para atraerla y así seguir absorbiendo su único y maravilloso aroma, que no era provocado en esa oportunidad por las feromonas. Era su propio olor y eso estaba enloqueciendo al Alpha. Matthew rozó levemente sus labios en la oreja de Aluna y esto hizo que la muchacha exhalara un leve quejido. Aquello fue el gatillo para sus intenciones, buscando con desespero su rostro, la miró lo más fijo que se permitió, comprobando lo hermosa que era. Sus ojos como almendras, esas pestañas tan largas y tan negras, esa sonrisa que le quita de encima tantos miedos, que lo consolaba todas esas noches en que lloró de dolor, de rabia, de decepción. Aluna, tan bella como su nombre, estaba peligrosamente cerca, no se estaba resistiendo y quedaba claro que también lo deseaba, mucho. La de cabellos de noche cerró los ojos, y ese instinto primario de una r**a que se caracterizaba por estar en la cima, salió de la humanidad de Matthew y se lanzó a sus labios con todo el deseo y la necesidad del universo. Era un beso profundo, ahogado en jadeos, lleno de deseo. La lengua de Matthew luchaba por saciar cada espacio de aquella boca que lo recibía gustoso, que quería más. Se separaron un instante para poder tomar aire, pero el deseo los empujó de nuevo a unir sus labios y sus cuerpos. Aluna lo abrazaba por el cuello como si impidiera que escapara, y el rey del hielo, la presionaba por la espalda con fuerza abrumadora. Estaban sentados en el piso, y de un solo movimiento Matthew puso a Aluna sobre sí, que no lo impidió. Los labios ardientes no se separaban, y las manos inquietas de Matthew, ya desbordadas de deseo, empezaron a buscar a la niña holandesa por debajo de la blusa, sintiendo en el tacto su piel caliente, que se encendía aún más con esas caricias. Ese pequeño sollozo que exhalaba la niña, lo enloquecía más y más, tanto que le arrancó aquella prenda y dejó reposar su frente en medio de los pechos de esa chica, sintiendo paz. «¿Es así como lo deseas, niño mío?» Matthew la soltó de golpe y así mismo la alejó. Apenas si podían ambos respirar, pero Aluna quería una explicación que jamás llegó. Lo que vino de parte del impulsivo hombre, la dejó sin palabras. —¡Discúlpame, por favor! ¡Yo no quería hacer algo así! Mejor me voy... nos veremos mañana en clases, ¿verdad?... discúlpame, por favor... Con dificultad se puso en pie, tomó su bastón y salió de ahí todo lo rápido que se permitió. Aluna no se movió del piso hasta mucho tiempo después, al ver las frituras de Matthew sobre la mesa. Se llevó la mano al pecho, había un viejo dolor en este que creyó que había sanado por completo, pero que ahora, después de ese beso intenso y que la rejuveneció 10 años, parecía que lo traía de vuelta. Logró entender un poco a Matthew. Ese no era el momento, ni el lugar, ni ella era la persona adecuada para estar con el patinador. El de ojos de mar, a mitad de camino a su departamento, quiso devolverse y explicarle por qué había reaccionado así en ese momento. A lo lejos se escuchó una alarma, era la que se activaba cada vez que un omega entraba en celo de repente y debían Alphas y betas alejarse lo más posible de la zona de peligro. Matthew supo que no podía ser Aluna, no obstante, ese sentimiento de pérdida y recordar las palabras de su abuela que llegaron como un relámpago en ese momento divino que vivía con esa muchacha, detuvieron su camino y lo hicieron llorar de ira, como cada vez que tenía una pesadilla. *** Fin capítulo 5
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