Capítulo 16: Esto entre nosotros

1653 Words
XVI Los primeros pasos fueron dados. Después de la conversación con su padre, Matt estuvo más sereno en lo que había sucedido. A pesar de sentir la horrible culpa de lastimar a alguien que quería tanto, entendió que ahogarse en alcohol y enloquecer hasta probar el límite de su fuerza, no era la respuesta. Ya no era un jovencito, tenía que madurar y Aluna era una de las razones que lo empujaban a hacerlo, para reenfocar todo. Estaba incluso muy preocupado por el futuro, ya que no tenía trabajo como patinador, y el dinero se gastaba muy rápido. Matt poseía algunas propiedades regadas por el mundo, así que contactó a su madre para que vendiera un par de estas, las más grandes. La mujer no preguntó, ni siquiera quiso saber el porqué, solo obedeció. Estaba tranquila por la visita de Zack, a su amado hijo. Entonces, empezó a contactar a Aluna por mensajes, estaba ya con unas ganas enormes de verla, no obstante, debía estar muy seguro de lo que le diría, o cómo lo haría, para no enloquecer si ella lo rechazaba, o reclamaba como debía ser lo correcto. —Hoy ya volveré a clases… será más de una semana de no verla… —dijo Matt peinándose el cabello, antes de salir a clases. —Todo saldrá muy bien. Te lo aseguro —respondió su padre, con su maleta en la mano, ya listo para volver a casa. Matt salió del baño y le dio un abrazo a su padre, eso era todo. Entre los hombres las palabras siempre eran escasas, pero se decían todo lo que sentían en cortas y cálidas expresiones de afecto, así fueran padre e hijo. Anna llevaría a su padre al aeropuerto, Matt iría a la clase. Era viernes, logró ponerse al día gracias a Lu, que estuvo al pendiente de él, nadie lograba entender la razón, se suponía que eran rivales en la pista de hielo, antes solo se veían en los camerinos y en los campeonatos, ahora de la nada, se sentían afecto. Quizás era porque podían verse como seres humanos, más allá de la corona del número uno. Las cosas entre Lu y Gino habían avanzado un poco, al menos el chico omega no salía corriendo cada vez que lo veía. Ahora sostenían conversaciones cortas, era lo que resistía sin que se lanzara uno sobre el otro, a veces llegaba a ser tan insoportable el aroma del uno y del otro, que por eso usaban potentes inhibidores para tolerarse. Gino estaba harto de eso, de usar esa medicina y a la vez, querer estar con Leroy. —Es un infierno —susurró Gino, sentado junto a Aluna en el salón de clases—. Quiero escapar de él y a la vez que me tome y me destroce. —¿Por qué no le das una oportunidad en serio? Ser solo el amigo de quien es tu destino, no te llevará a nada. O entonces, simplemente, déjalo ir. En países diferentes, no sucederá nada. Gino bajó la vista, agobiado por esas certeras y duras palabras. ¿Dejarlo ir? ¿Cuándo apenas soportaba dormir para verlo un tiempo en el día? No, él lo quería en su vida y muy profundo en su interior. —Tienes razón, Aluna. Debo tomar una decisión… sé que si llego a aceptarlo, será para siempre, y no quiero eso todavía… Aluna sonrió un poco, esa no parecía ser la verdad de su amigo, que estaba ya loco por Lu. El patinador se había esforzado muchísimo por agradarle, le llevaba dulces y le escribía para saber si estaba bien. A pesar de lo que ella sugería al darle una oportunidad, eso no funcionaba muy bien entre ellos. No era como salir y tener citas, sabían que no lo podrían controlar y terminarían en la cama. —Al menos, si duermes con él, podría dejar lo suficiente dentro de ti para que no tengas que usar ese horrendo supresor. Ni él ni tú. Ya puedes decidir con el tiempo si te enlazas con Lu o no. —¡Aluna! Me haces sonrojar —respondió riendo el muchacho—. Pero tienes mucha razón… La puerta del salón se abrió y entraron los Alphas patinadores. La jovencita de cabellos tan negros sintió cómo el corazón le saltó del pecho y sonrió a más no poder al ver a Matthew. Él también se sintió en júbilo al verla, no obstante, tuvo que tomar asiento en su lugar, pues el profesor ya llegaba. El día fue de ires y venires. Matt y Aluna se saludaban, hablaban un poco como si nada sucediera y luego salían corriendo el uno del otro, casi actuaban como Gino y Louis. La Universidad estaba bajo una rigurosa investigación, por eso no era extraño ver a algunos inspectores verificando que todo espacio hubiera sido liberado de ese peligroso químico. Aún se fumigaban los sitios donde más se concentró, así que había zonas donde no se podía transitar. Aluna miró hacia el sitio exacto donde «eso» había pasado. Ella también pudo ver ese video que corrió por todo lado, cuando Matt la atacó. Nadie entendía esa reacción, aun así, no fue el único suceso, muchos Alphas atacaron así a omegas al azar; por fortuna ninguno llegó a un vínculo. —No veas más hacia allá —le dijo Gino a Aluna tomándola por una mano—. El pobre Matt se ha disculpado conmigo tantas veces, que ya ni sé qué decirle para que me crea que yo no recuerdo tampoco nada. Y ese video, rayos, qué maldición. —¡¿Ha hablado contigo?! —preguntó Aluna algo sorprendida. —Sí, siempre que lo hace, está Lu presente. —Gino detuvo su paso, era hora del almuerzo, pero tenía que hablar de ese tema una vez más—. Es hora, de que le digas la verdad. Aluna, ese hombre está loco por ti, tienes que decirle todo. Es ahora. —Solo hubiera querido estar a su lado un poco más… Gino la miró con sorpresa, no esperaba esa respuesta. —¿Tan poco confías en él? —Sabes lo que pasará… Lo que tarde o temprano pasará. Los amigos estaban dando una vuelta muy larga para no pasar por las áreas delimitadas y llegar así a la cafetería. Esa tarde ya solo quedaba una clase, y luego entonces, la incertidumbre. Ya Aluna no iba a escapar. Sin que la chica se lo esperara, de pronto Gino se detuvo en seco. Empezó a agitarse y de la nada salió a correr. Aluna salió tras él y lo encontró cerca, tras una columna, observando a una pareja. La muchacha casi se desmaya al ver que se trataba de Louis y su antigua prometida. Al parecer había ido a visitarlo. —¿Quién es esa mujer? —preguntó Gino, alterado, casi furioso. —Ella era su antigua novia… Matt me contó que lo dejó y Lu se puso tan mal, que por eso terminó acá. Su vida fue en picada… Gino seguía viendo la escena, odiándola cada vez más y más. Sobre todo por la confianza que ella tenía con Lu, por supuesto, lo que tuvieron le permitía acariciarlo como le diera la gana. —Su aroma es muy diferente al lado de ella… ni siquiera puede percibirme —masculló el muchacho, apretando los puños. Pero al contrario de lo que pensaba Gino, Leroy no estaba feliz. Esa visita se dio al enterarse la mujer, lo sucedido en la Universidad. Todo tenía un propósito, claro que sí, ella quería regresar, al parecer su actual Alpha, no era lo que deseaba y Lu podía caer muy fácil. —Estuve tan preocupada —decía ella mientras le acariciaba los cabellos a Lu—. Qué bueno que estás fuera de peligro. —Gracias, pero yo estoy bien. Te pregunto otra vez… ¿Qué haces aquí, Isabella? Pero la mujer, no dijo nada. Solo tomó a Lu por las mejillas, con la clara intención de darle un beso. Gino salió de las sombras y sin que nadie pudiera detenerlo, tomó una de las muñecas de la chica y la apartó de un empujón. Aluna se acercó unos pasos apenas, Lu estaba como paralizado y ni que decir de Gino, que estaba histérico. —¡¡¿Ibas a dejar que te besara, estúpido?!! —reclamó el joven omega, a los gritos. —¡¿Quién eres tú, entrometido?! —preguntó Isabella, intentando llegar a Leroy. —¡¡NO TE LE ACERQUES!! ¡¡NO LO TOQUES!! ¡¡ÉL ES MI ALPHA!! Los presentes quedaron con la boca abierta. Louis Leroy el más aterrado de todos, lo tomó por las manos y casi con el aire cortado le preguntó si eso era cierto. —¡¿Quién es él? ¡¿Cómo que su Alpha?! La chica no sabía qué hacer, aunque quedaba claro que era la tercera en esa escena de dos. Gino la miró con desprecio, nada propio de él, que era un chico tan gentil. —Somos destinados. Eso fue todo. Lo dicho por Gino fue tan poderoso que Isabella no supo ya que decir, pero quería comenzar una pelea al increpar a Gino y Lu no iba a permitir que se acercara al muchacho. Aluna quiso acercarse, sin embargo, alguien la tomó por un brazo para detenerla. —Creo que deben resolverlo ellos… Ese tacto, claro que lo reconocía. Giró para ver a Matt que la detenía, aquello le traía mucha felicidad. Regresó su mirada al trío y tomó el aire necesario para armarse de valor. —Tienes razón. Creo que lo mismo debemos hacer nosotros. Matt no se esperaba esa respuesta. Menos que lo tomara de la mano y lo empezara a llevar hacia el edificio de habitaciones. Ese era el día; esa tarde, y quizás noche de viernes, era el momento de toda la verdad. *** Fin capítulo 16
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