XXVIII
Con el poco tiempo que quedaba para dormir, el señor de la casa preparaba un té de manzanilla, uno exclusivo que un amigo le había traído de su viaje a Viena. En una hora más, Otto tendría que encender los hornos para preparar el pan, que por fortuna había dejado casi listo antes de su juego de cartas.
Matt, que estaba pegado a la pantalla de su celular, no se podía creer lo que estaba viendo, por eso repasaba aquel video una y otra vez. Este era el de un canal de noticias canadienses, donde la ex prometida de Leroy, dijo que ellos habían regresado y se iban a casar. Gino lo vio, y al no poder comunicarse con Lu para que le aclarara el asunto, se desesperó y solo pudo tomar el auto e ir con Aluna.
—No puede ser posible, esto de seguro es algún tipo de malentendido… —susurró Matt, viendo el estado del pobre Gino.
—No responde mis mensajes, ni mis llamadas, además, es un portal de noticias muy serio, no creo estén mintiendo. Aun así… ¿Por qué me hizo esto? —sollozó Gino, viniendo otro río de lágrimas a sus ojos—. Yo era su omega, ahora estoy condenado a vivir solo para siempre. Estoy marcado por él… ¡Ya no puedo estar con nadie más! Él era mi Alpha…
Gino de nuevo se lanzó en brazos de Aluna, para llorar desconsolado. Él de verdad estaba afectado, era un muchacho muy fuerte, de sabios consejos, pero solo Dios sabría cómo es que le dolía ese corazón roto, además que Lu no solo era su novio, era su destinado. Se suponía que ellos eran el uno para el otro.
Matt también hizo lo suyo, bombardeando el teléfono de ese idiota, pero fue imposible encontrarlo. Quiso llamar a casa de sus padres, no obstante, Lu era lo bastante grande como para eso. Estaba consternado, no lo creía capaz de una canallada de esa magnitud.
La noticia decía el lugar y la fecha del matrimonio, un muy romántico lago, bajo las estrellas. Solo eran palabras de la mujer, que en verdad se escuchaba muy segura. Ella decía, además, que pronto Leroy, también haría sus declaraciones, asegurando, con anillo en el dedo, que su amado jamás había dejado de insistirle.
—Voy a matarlo, él sabe que lo haré. No puede ser posible que me haya pedido… Dios mío…
—¿Qué? ¿Qué pasa? —preguntó Aluna Mientras le daba a sorbos el té a Gino.
—Nada… por ahora será mejor dormir.
—Sí, vamos Gino, dormirás conmigo en el cuarto de huéspedes. Matt, tú seguirás en mi habitación, ¿te parece?
Ante semejante situación, el hombre no pudo replicar la mínima cosa. Se despidieron de Otto, que también estaba preocupado por la situación de Gino, al que quería como a un hijo, y al que le estaba agradecido por estar al lado de Aluna, cuando las cosas con Jan terminaron.
Gino por fin pareció calmarse al poner la cabeza en la almohada. Cayó profundo, había llorado ya por muchas horas. Matt entró en la alcoba y vio a su amada sentada junto a la cama, viendo dormir a su amigo.
—No entiendo qué pasó. Pero tengo mucho miedo, porque sé que cuando un omega es marcado y rechazado, la pasan muy mal… incluso…
—Aluna, por favor, cálmate. Lu debe tener una excelente explicación para todo esto.
Aluna estaba con los nervios de punta, ya que, sabía que en situaciones similares, las tazas de suicidio de parte de los omegas eran demasiado altas. Muy dentro de su ser creía que todo no se trataba más que de una enorme equivocación, pero todo apuntaba al abandono.
Matt por un segundo creyó que había sido por eso que el imbécil de Leroy le pidió que cuidara de Gino. ¿Ese era su plan desde el inicio? ¿Dejarlo a su suerte, mientras pensaba mejor las cosas? De ser así, qué triste y decepcionado estaba de él.
Para Aluna también fue un golpe directo, haciéndolo entender que no importaba qué vínculo los uniera, solo alguien se iba y era el fin. Fijó sus ojos en Matthew, que estaba mirando por el balcón ese fabuloso amanecer, y a pesar de la terrible situación, sonrió. Él le había dicho y le había demostrado que la amaba, como un hombre amaba a una mujer. Ahí la genética no tenía mucho que ver, entonces sus miedos se hicieron un poco más pequeños. Quizás sí pudiera lograrlo.
Casi a medio día, luego de que todos se quedaron dormidos en la misma habitación, el móvil de Matthew empezó a vibrar sin detenerse. Por fin, el hombre que se había quedado dormido en un sofá, abrió los ojos y vio en medio de sueños el nombre de Leroy en la pantalla.
Se levantó de golpe, echó un vistazo a su mujer y a Gino profundos en la cama y salió de ahí, al primer piso, a la sala de estar.
—¡¡Maldito hijo de puta!! ¡¡Dónde estás!! —espetó Matt, queriendo matarlo.
—¿Qué diablos es lo que está pasando? Te llamé porque vi llamadas tuyas y de Gino… ¿Él está bien?
—¿Cómo puedes ser tan infeliz? ¡Claro que no está bien! ¡Se enteró de tu fabulosa boda con tu estúpida exnovia!
Se escuchó del otro lado del teléfono un quejido que sorprendió a Siberan.
—¡¡De qué hablas!! ¡¡Yo acabo de llegar a Ámsterdam!! No pude atender las llamadas de nadie, por obvias razones. ¡Necesito hablar con Gino ahora mismo!
Matthew sintió que el alma regresaba a su cuerpo. Le contó grosso modo la situación, y dónde estaba Gino es ese momento. Lu no sabía nada más que ellos en ese momento, así que prometió aclarar todo. Iría a su hotel a asearse un poco e iría después a la ciudad de Aluna, para hablar con Gino.
—Más te vale, él creyó que lo habías rechazado.
—No es así, además, es mi destinado. No podría hacer algo así.
Matt suspiró, era un problema menos. No se negaba que estar enamorado y tener el corazón tan expuesto, resultaba su competencia más difícil. Amar era una tarea tremenda y de una exigencia máxima.
Se encontró con su suegro, le ofreció comer algo. Otto no había querido molestarlos, había sido un día, una noche y un amanecer bastante agitados, por eso si dormían todo el día, los dejaría. Matt comió como si no probara bocado en días, estaba de verdad hambriento.
***
En la noche, Gino estaba un poco más tranquilo, casi resignado. Al parecer, ahora hablaba con planes más concretos, diciéndoles en la cena que se dedicaría a su escuela. Claramente, no podía ocultar su tristeza, su desolación. A pesar de eso, pensaba en que iba a salir adelante, con o sin pareja. Porque ahora, literalmente, era Lu, o no era nadie.
Matt, de la nada, propuso salir a dar un paseo. Aluna y Gino lo miraron con sorpresa, no estaban como para salir, con el tema de Jan que rondaba por ahí y que Gino estaba sin ánimo de nada. No obstante, tanta fue su insistencia, que no pudieron negarse, sobre todo Gino, que entendía que la única intención del patinador era hacerlo sentir mejor.
La ciudad era muy alegre. Aluna hacía de guía, así como desafortunadamente le dijo Jan. Comieron delicioso, al igual que se tomaron muchas fotografías. En un punto dado, Matt los empezó a llevar a una zona cerca de un lago. Ahí, entonces, caminaron tranquilos, como mucha otra más gente, hasta que de un momento a otro, apareció un camino de pequeñas luces.
—Qué lindo, ¿qué podrá ser? —preguntó Gino mirando con curiosidad.
—Tu destino, Gino.
El muchacho no entendió las palabras de Matt. Miró, a lo lejos, no vio nada especial, así que decidió entrar por esa senda iluminada. Sí, era el inicio de una nueva vida.
***
Fin capítulo 28