XLV La casa estaba hecha un huracán con todos los preparativos. Por razones más que evidentes, Matt quería que todo se hiciera muy rápido, tenía en su mente la idea que casarse. Deseaba cambiar en algo su horrenda situación. Por la puerta principal entraba Sergei, que entregó su abrigo a la amable empleada. Levantó su vista y vio que por las escaleras bajaba la nueva dama que sufriría las consecuencias terribles de amar a un Siberan. Ella iba hermosa, con una blusa muy colorida y un pantalón corto que dejaba al descubierto sus piernas. —Lo he esperado mucho, señor Sergei. Yo deseaba hablar con usted desde que me enteré de todo —dijo Aluna con su usual sonrisa tranquila. —Lo sé, mi niña. Pero estaba haciendo un primer viaje, para intentar hallar la familia de Florencia. —¿Lo de esa ma

