Capítulo 8: Perversiones

1916 Words
VIII Los Alpha, Betas y Omegas, eran parte de una nueva y odiosa clasificación que se le daba ahora a la r**a humana, que seguía componiéndose de género femenino y masculino, solo que con nuevos matices que aseguraban su existencia. Los llamados “Alpha” eran hombres o mujeres con capacidades físicas e intelectuales superiores, que destacaban en casi todo. Los nuevos sementales. Los betas, por su parte, seguían siendo los humanos del común, sin características que resaltaran más allá de lo normal. Los omegas eran un nuevo género que estaba listo para la reproducción. Esta población resultaba escasa y era la más apta para emparejarse con los Alpha. Su mayor característica resultaba ser que, tanto hombres como mujeres omega, estaban provistos de útero, así que los varones podían procrear. A pesar de estas increíbles singularidades, no eran tratados con respeto, y se les consideraba de baja categoría, todo debido a que para concebir, los omegas entraban en un periodo de “celo”, al igual que algunos especímenes del reino animal. Este celo se daba para que los omegas hallaran al Alpha más adecuado para la reproducción y se daba a través de la segregación de feromonas. Los omegas no podían controlar esto y, si no tenían pareja, o simplemente no deseaban tener relaciones con alguien, debían inhibir este celo con medicina lo más posible. Por una semana, cada dos o tres meses, ellos debían alejarse y llevar a solas su celo, que les producía fiebre, estados de excitación y alucinaciones en algunos casos. Eso traía problemas en sus trabajos o en lo que se desempeñaran, por eso se les trataba más como un estorbo. Para ellos, lo mejor era “enlazarse” con un Alpha y así, su vida sería más tranquila. Además, eran objeto de constantes abusos, pues algunos de esa r**a superior que no se controlaban ante el celo omega, podían tomarlos, sin tener consciencia real de lo que hacían. Este lazo se creaba a través de una combinación de la sangre y la saliva, cuando el Alpha mordía la nuca del omega. Así entonces, se decía que estaba “marcado”, significando que ya tenía un compañero, único hasta su muerte. El omega no podría producir feromonas más que para su Alpha. Este lazo se podía romper, no obstante, significaba una carga física y emocional para el omega. Había un romántico rumor, que consistían en “el destinado”, que solo se daba entre Alphas y Omegas. Se decía que, genéticamente, cada uno tenía un par perfecto, que se detectaba por el peculiar aroma de feromonas, que llegaba como un relámpago al olfato de ambos. Era imposible escapar de esa atracción inminente, un flechazo, la persona al otro lado del hilo. —Vaya, qué completo este folleto —se dijo para sí Lu, cerrando la información de aquella Universidad. Ya todo estaba en mucho silencio, más en la biblioteca. No había cenado nada en su afán de ponerse al corriente de las clases. Era arrogante y prejuicioso, aun así, muy responsable. Se levantó con algo de pereza, caminó hasta la entrada y de un grito que por poco le provoca un infarto, se topó con Matt. Ese precioso de cabellos tan claros, le dio un coscorrón, había sido una reacción exagerada. —¡¡Qué maldita sea, haces acá!! —espetó el más joven recuperando el aire. —Quería saber que no te estabas metiendo en problemas. Ahora veo que eres algo nerd, entonces ya me voy —respondió dándole la espalda, caminando a la salida. —¡Hey! Siberan, no me digas, estás preocupado por mí… El odioso joven se echó a reír y empezó a seguirlo. Los dos iban a la salida, solo que ya Lu estaba algo perdido, de noche nada era igual. Le pidió entonces a Matt que lo guiara hasta la torre de dormitorios, pues no tenía idea dónde estaban y no deseaba dar vueltas innecesarias. Sin que dijera nada, Matt empezó a ir por el camino que el otro chico necesitaba. No era fácil para Lu ver a quién fue su principal rival, apoyado de un bastón. Ya Matt no volvería a ser competencia jamás, aun así, todos le respetaban, incluido él. Se mordió los labios, sabiendo que el hombre estaba tratando de que no siguiera su camino, porque ya no tenía retorno. —Y cuándo dejarás ese estúpido palo, no es tu estilo… —Creo que me quedan un par de meses. Luego, otra cirugía. Es de nunca acabar. No me importa si al final voy a… Matt no siguió hablando al darse cuenta de que Lu se detuvo de golpe y dirigía su vista a su derecha. Intentó llamarlo, como no respondió, se devolvió para hacerlo reaccionar, entonces se dio, él también podía percibirlo, ese aroma que lo llamaba y le suplicaba por su sexo. Tragó saliva, eso tenía que estar mal, se suponía que las alarmas debían estar sonando ante eso, pero al parecer, se trataba de una fiesta. Una muy particular. Lu empezó a caminar por ese camino que las feromonas le estaban indicando. No quería luchar contra aquello, quería desinhibirse, necesitaba de alguien entre las piernas. Matt lo seguía, solo que no podía ir tan rápido. Estaba en serio asustado porque pronto los supresores no le harían efecto y caería en la cama de uno de esos omegas que estaban desatando su intensa fragancia s****l. —¡¡Detente ya!! ¡¡Esto está prohibido!! ¡¡No tienes por qué ir con esos omegas!! —gritó Matthew, desesperado por bloquear a Lu. No obstante, cuando lo vio a los ojos, el muchacho estaba llorando. —Todos hablan de lo mal que la pasan los omegas, al ser objeto de múltiples abusos, pero nadie dice nada de cuándo le rompen el corazón a los Alphas, por eso mismo. ¡Yo la traté como la única mujer del mundo y ella solo seducía a otros para irse con el mejor postor! —¡Qué estupideces estás diciendo! ¡Ya, vámonos de acá! ¡Lo que te pasó no tiene que ver nada con el género! Ya vamos… Pero Lu no quiso hacer caso y siguió andando a ese lugar que llamaba Alphas con mucho afán. Matt podía sentir cómo su pecho ardía y cómo su pelvis gritaba por penetrar. Tomó algo de aire y fue lo más rápido que pudo para detener a Leroy, que se quedó quieto al ver que todo aquello provenía de una fraternidad alejada del campus principal. Una fiesta prohibida. —¡Sean bienvenidos! Nos honra mucho tener a dos Alphas de élite en nuestra fiesta, por favor entren… Un joven muy hermoso, con un collar al cuello, los empujó hasta la puerta, donde otro muchacho, recibió a Lu con un desenfrenado beso que nadie detuvo. Matt se quedó impactado, con la boca muy abierta, al ver el cóctel de sexo que se vivía en aquel lugar. Ver a tantas personas aquí y allá teniendo sexo, sin que a nadie le importara, lo devolvía a esas épocas en que él mismo se dejó llevar por esas perversiones que desataban el instinto básico de reproducción. Como si lo empujaran, dio un paso adelante para entrar y más tardó él en hacer eso, que tener a una hermosa chica acariciando su espalda. —Matt Siberan… eres tan perfecto… yo podría ser tu compañera si quieres… La jovencita se lanzó a su boca y él no la rechazó. Su cuerpo iba, por un lado, y su mente, por otro. Su cabeza se llenó de Aluna. Esa hermosa niña que lo traía tan loco, pero que nunca podría ser suya, a menos que matara al maldito que se le adelantó para marcarla. ¿Dónde estaba él mismo mientras Aluna salía con ese otro Alpha? De seguro en una situación similar, perdiendo semen en otro omega y dejando su cuerpo extasiado, pero su corazón dañado. La jovencita le abrió el pantalón y sacó su muy vigoroso m*****o que empezaba a crecer mucho. Matt, recostado a una pared, la miró cuando abrió la boca dispuesta a darle el placer que con tanta urgencia necesitaba. —¡NO! ¡Basta! ¡Basta! —gritó en un último ápice de lucidez. Apartó a la chica de ahí con la suavidad que pudo, se acomodó la ropa y fue hasta Leroy que estaba ya por hacerlo con ese jovencito omega. Lo tomó por el cuello de su hoodie y lo jaló con tal brutal fiereza que golpeó en una pared. —¡Qué te pasa! ¡Déjame en paz! —¡Pon tu pene en tus pantalones! ¡Nos largamos de acá! ¡¡No arruinarás tu vida, como yo!! Matt estaba tan furioso, que Lu no quiso discutir más con él. Se acomodó como pudo, y casi a rastras salieron del lugar, solo que no esperaban que justo afuera de la puerta de esa casa, estuvieran las autoridades de la Universidad que los detuvieron y los hicieron poner de rodillas y con las manos en la nuca. El momento era casi alucinante, hombres con máscaras entraban a terminar aquel festín, que estaba prohibido, al menos en el campus. Uno a uno fueron saliendo los Alphas, a todos les dieron el mismo trato. Matt intentaba alegar que ellos no hacían parte de esa reunión, que solo tropezaron ahí de casualidad, por eso ya se iban. Leroy no podía creerse que su primer día y estuviera metido en semejante lío. —Nos van a expulsar… Dios, otra vez arruiné todo… —Cállate. De seguro hay cámaras, parecía una fiesta privada… pero sí, es tu culpa, estúpido Leroy. Debí dejar que te reprodujeras como un maldito conejo. Lu intentó sonreír a lo que dijo Matt, aun así, no podía decir nada, sentía mucha vergüenza. Esposaron a los Alphas, ellos incluidos, para llevarlos hasta la dirección. Pasaban de las 11 de la noche, y el escándalo llamó la atención de todos, que empezaron a asomarse por las ventanas y a salir a ver lo que sucedía. Eran un espectáculo esos Alphas y no precisamente por sus talentos particulares. Mientras eran tratados como delincuentes, Matt levantó su mirada y se encontró, qué desgracia, con la de Aluna. La niña salía de estudiar con Gino, e iba a su habitación. Ella lo vio con profunda tristeza, melancolía. Se le veía angustiada, abrumada. —¡¡Aluna!! —gritó el pobre hombre que iba cojeando a más no poder, pues no podía usar su bastón—. ¡No es lo que crees! Como pudo se salió de la fila de pervertidos y corrió cojeando hasta ella, pero fue reducido de un brutal golpe en su espalda. Cayó al suelo de manera estrepitosa, aunque eso no fue importante, lo lindo fue ver a Aluna a su lado, ayudándolo a incorporarse. —Aluna… El hombre iba a golpearlo una segunda vez, solo que la preciosa niña lo protegió con su cuerpo. No iba a permitir que le hicieran más daño. —¡Suficiente! ¡Él irá con ustedes! —gritó para detener a ese guardia—. Por favor, Matt, ve con ellos, después hablaremos. El hombre de la máscara y armado como si fuera a la guerra, tomó a Siberan de un brazo y lo arrastró de nuevo a la fila. Matt quería morirse en ese momento, no era digno de ver a esa hermosa dama a los ojos, otra vez, había fallado como hombre. *** Fin capítulo 8
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