IX
Luego de un sermón de ética y valores sobre la relación de los omegas y los Alphas, además de ilustrativos videos de cómo se reproducen, de la altísima probabilidad de embarazo por parte de estos dos géneros y un llamado de atención sobre sus expedientes, al fin pudieron explicarse los que fueron llevados a la dirección. Empezando por Lu, que se echó toda la culpa de haber arrastrado a Siberan a esa situación, en la que lo único que deseaba Matt, era sacarlo de ahí.
Los consejeros de la Universidad, que, increíblemente estaban reunidos esa madrugada en la dirección, creyeron entender la situación de ese par, ya que los realizadores de esa fiesta eran estudiantes de carreras, no como ellos, solo de un curso. Después de un largo discurso de responsabilidades, de preguntar sus calendarios de toma de inhibidores, de cómo ese claustro se había caracterizado por haber logrado la excelencia sin discriminar por género a nadie, parecía terminar todo para Matt y Lu. Solo que, el hombre de cabellos de otoño, no parecía importarle nada de lo que pasaba. En su rostro solo había una desconcertante tristeza.
—¿Está claro, señor Siberan? —interrumpió uno de los directivos mayores—. Ha estado usted muy callado.
—Me queda claro, señor. Lamento mucho estas circunstancias tan desagradables en las que fuimos encontrados, no se repetirán jamás.
Matthew bajó su cabeza y miró su pierna, a través del pantalón deportivo no se apreciaba ni la cicatriz ni el dolor que estaba sintiendo en su rodilla. Pero había algo más que lo estaba atormentando, Aluna. No podía creer su suerte tan mala, como para que ella, a esa hora, en ese lugar, tuviera que verlo metido en semejante lío. Quedaba frente a la chica que le robaba el sueño como un pervertido que no podía controlar su instinto y que solo se comportaba como un Alpha de tantos, esos que menospreciaban la vida de los omegas que los veían solo como excelentes juguetes sexuales. Tuvo que ver ella cómo lo golpeaban, lo humillaban, con razón, al creer que estaba metido en esa fiesta prohibida en el campus. Todo estaba mal, odiaba con su vida ese momento y solo pensaba en cómo poder explicarle lo inexplicable.
—Lo siento, Matt —susurró Leroy, conmovido con esa actitud. Solo con ver lo mucho que se esforzó por ir con esa chica, sabía que le gustaba.
—No pasa nada, solo, por favor, tómatelo en serio. La vida no da tantas oportunidades.
Lu tragó saliva y luego suspiró. Un guardia le dijo que lo llevaría hasta su habitación, para asegurarse que no tomara otro camino esa noche. Matt aún no se decidía si llamar a Anna o no, tenía mucha vergüenza de mostrar la cara también a su hermana. Se quedó un rato sentado en la fría sala de espera de la dirección, sintiendo dolor en su rodilla y en su alma.
—Puede irse, señor Siberan —le dijo la rectora, saliendo de su oficina. Ella iba con un abrigo muy grueso, en verdad hacía frío. Eran casi las 3 de la mañana.
—¿No me escoltará ningún guardia? —preguntó algo sorprendido.
—No creo que lo necesites. Tu amigo ha expuesto muy bien tu situación, y agradezco tu gesto al intentar alejarte de ahí. Aun así, esto va mucho más de la fuerza de voluntad. Tú lo estás logrando, Matt, estás tomando esto como un verdadero Alpha.
Matthew intentó sonreír, y luego le dio las gracias. Muy despacio salió por el camino opuesto a la rectora, despacio, teniéndose de las paredes. Estaba cansado física y emocionalmente, no quería nada, solo tumbarse en su cama y dormir un año. Que cuando despertara fuese porque lo llamaban a la pista congelada para una presentación. No obstante, él sabía que eso jamás pasaría de nuevo,
Cubrió su cabeza con la capota de su abrigo, estaba helando, más en esa parte que era de altos árboles. A lo lejos se veían en la zona de dormitorios, algunos con las luces encendidas, de seguro muchos hacían aún deberes para las clases. Se abrazó para calmar un poco el frío que le calaba los huesos y que hacía que su rodilla doliese aún más. Hubiera deseado vivir un poco más cerca, pero tendría que atravesar un par de edificios más para llegar al camino de su exclusiva zona privada de departamentos.
—¿Matt?
La dulce voz en medio de esa fría noche, cuando la luna era su única y pálida compañía, le hizo brincar el corazón. Giró todo lo rápido que pudo, fallando un poco su pierna. No obstante, ver el rostro de esa niña lo hizo sentir que todo lo malo de su mundo se acababa. Ella fue de prisa a su lado para ayudarlo a que se pusiera derecho, tomándolo por el pecho y un poco por un brazo. Él era demasiado alto y atlético, si se caían, iba a ser un gran problema.
—Aluna… ¿Qué haces a esta hora acá? Es peligroso…
—Qué dices —respondió ella sonriendo. Se veía hermosa ahora que había recogido su cabello en una coleta—. No estamos en un vecindario peligroso ni nada por el estilo.
Aluna lo miró y se dio cuenta de esa tristeza profunda en los ojos hermosos de Matt. De la nada sacó el bastón y se lo entregó al patinador, que se sorprendió mucho, y le agradeció con un abrazo, que empezaba a durar más de lo normal.
—Fui hasta aquella fraternidad a recuperarlo —dijo ella rompiendo el abrazo—. Estaba tirado en el césped de la entrada, por fortuna, y no tuve que tocar en la casa ni nada por el estilo. Yo sé que este bastón está diseñado especialmente para ti, no es que no te iba doler perderlo…
Aluna no pudo seguir hablando, pues fue de nuevo abrazada por un Alpha que se llenaba ahora con su presencia y su luz. Él lo sabía, esa chica era todo lo que deseaba en la vida, y no le importaba contra quién pudiera luchar para tenerla. Esa marca en su cuello tendría que hacerla desaparecer, de alguna u otra forma.
—Yo quiero decirte, que solo deseaba sacar de ahí a ese estúpido niño…
—Mi habitación está muy cerca, ven conmigo, te prepararé algo caliente.
Matt no se podía creer lo que estaba escuchando. Solo se dejó llevar por esa chica, la primera en su vida que le causaba tanta inquietud, deseo y miedo. Quería crear un vínculo en que pudiera reclamarla como suya; eso le decía su instinto primitivo; sin embargo, con ella las cosas se daban de manera muy diferente.
En la habitación, que estaba demasiado cerca para su fortuna, ella le hizo un delicioso té de manzanilla, para calmarle un poco y que calentara su cuerpo. También le dio de comer lo que ella había guardado para su almuerzo al día siguiente, cosa que Matt devoró sin mucha etiqueta. Aluna lo veía con una sonrisa, no podía creerse que a él le gustara tanto su comida.
—Ese joven, Leroy, me vio hace poco mientras te esperaba y me explicó lo sucedido. No entendí por qué lo hacía, pero se veía muy afligido.
—Es un idiota narcisista, pese a eso, la está pasando mal. Tuvo una ruptura dolorosa con una mujer omega a la que amaba sinceramente, y esta lo dejó. Se vino abajo y antes de que cayera como yo lo hice, sus padres lo enviaron acá, creyendo que si yo podía recuperarme, él también lo lograría.
Siguió comiendo lo que quedaba del plato, con un afán algo desconcertante. Aluna se quedó observándolo, y luego vio el reloj. Faltaban escasos 15 minutos para las 4 de la mañana.
—¿Eso te pasó, Matt? ¿Rompieron tu corazón?
La pregunta detuvo al muchacho en el acto. Levantó su vista para encontrarse con la de su preciosa chica y sonrió con decepción.
—No, el amor y yo no hemos sido muy buenos amigos. Nadie se ha acercado a mí de manera sincera, como para pensar en unirme y formar una familia. Hasta ahora…
Aluna no entendió la tremenda directa de esa última frase, o no lo hizo saber. Lo tomó por las manos y luego le dio una caricia en la mejilla. Luego de eso, Matt sonrió y se levantó al baño para lavarse un poco. Había comido como un salvaje. Cuando salió, se dio cuenta de que Aluna alistaba su cama, poniendo unas mantas extras.
—Creo que es hora de irme…
—Puedes quedarte, si lo deseas. Mi cama es espaciosa… solo si no tienes problema…
—¿Dormir contigo? —exclamó Matt casi en un grito.
—Dormir, bien lo has dicho. Solo dormir.
Aluna se estaba empezando a poner muy roja, y antes de que se arrepintiera, Matt se quitó el abrigo y los zapatos para meterse en la cama. Ella le tenía lista una camiseta de dormir, la más grande que tenía, sin embargo, a pesar de la buena intención, al patinador le quedó como un crop top. Se rieron ambos mientras se lo intentaba quitar, así que dormiría sin nada en la parte de arriba. Aluna fue hasta su baño y se puso su ropa de dormir, muy discreta, y luego de sentir que Matt dormía como una foca, se acostó a su lado, intentando mantener la distancia. Ella también cerró sus ojos y cayó en segundos.
El sol golpeó un poco el rostro del patinador, haciéndolo abrir sus ojos. La sorpresa fue verse él mismo abrazando a Aluna por la espalda, muy pegado a su cuerpo, y que ella lo estuviera tomando por su brazo. No supo qué hacer, así que solo cerró sus ojos, no sin antes absorber el aroma a fresas de su cabello tan n***o, el único que podía percibir de ella. También se topó con esa marca, esa mordida que odiaba tanto. Suspiró un poco, eso no le iba a quitar lo lindo del momento. Soñar así, era lo más hermoso del mundo.
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Fin capítulo 9