Capítulo 20: Él y yo

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XX —No me trates como a un idiota. Esa frase dicha en medio de lo que parecía ser una charla tranquila, hizo que Aluna se tensara un poco. Todo iba bien, la terrible historia de la chica hizo estremecer a Matt hasta lo más hondo de su ser, no obstante, a medida que seguían charlando, ella dio a entender que no se podía luchar contra esa contraparte destinada entre Alphas y omegas, y que, seguramente, Matt haría lo mismo que Jan. —No te estoy tratando así… Solo que entiendas que no quiero volver a pasar por algo ni medianamente parecido… menos contigo. —No te atrevas a compararme con él —de nuevo intervino Matthew—. Ese cabeza hueca no te quiso en realidad nunca, pero sí te necesitaba para cimentar su ego. Yo ya tengo 30 años, Aluna, y sí, son Alpha. Esa condición no me ha importado mucho, no obstante, claro que reconozco que me ha traído ventajas. —Matt… —susurró la niña acariciando un poco su cabello, no quería verlo molesto—. Entiende, los Alphas y los omegas son muy distintos a lo que somos los betas… —Seguimos siendo humanos, Aluna. Yo tengo la capacidad de elegir, y te elegí a ti… Sí, es una maldición que debamos estar sometidos bajo una medicina para que no nos afecte el ciclo omega, y viceversa, pero sobre todas esas dificultades, yo quiero estar contigo, no con la niña Beta… quiero estar con Aluna. Ella se conmovió hasta las lágrimas y se abrazó al pecho desnudo del que ahora se declaraba dueño de sus sentimientos. Matt no podía expresar por completo todo lo que se lo estaba carcomiendo, porque su primer impulso fue ir a Holanda y matar a ese tal Jan. Sentía que debía vengar el sufrimiento de Aluna, eso no fue tratarla como si fuera su pareja, ese hombre solo no quería dejarla ir, quería todo para él. Lo de ese bebé que no fue y del que Aluna intentaba hablar tranquila, le partió el corazón en dos. ¿Cómo pudo solo dejarla a la deriva? Después del abrazo, se vino otra tanda más de sexo, estaban locos el uno por el otro. Aluna lo excitaba de maneras que él no había experimentado y siempre quería más de ella. Estaba enamorado. Era así de simple. Con destino o no, Matthew Siberan amaba con locura a esa jovencita, no entendía el porqué o cómo es que se le colaba en el alma de esa manera. Aluna también se sentía igual. No obstante, algo le decía que no podía confiar en esa naturaleza Alpha, que tarde o temprano sería abandonada también por él. Luchaba por reprimir eso en su mente porque lo amaba con sinceridad, pero su marca, esa que le dejó Jan, iba más allá de un simple tatuaje en la nuca. Cuando por fin decidieron salir, luego de ese intenso encuentro amoroso, Gino corrió hacia su amiga, sobresaltado y complacido de verla tan radiante. Lu intentó hacer lo mismo, acercarse a saludar, pero sus pies quedaron clavados al piso a un metro de ella. Tuvo que llevar la mano para cubrir su nariz, y empezó a temblar. Aluna no notaba aquello, no como debería ser, hasta que varios Alphas empezaron a alejarse de ella como si fuera una bomba nuclear. La razón era muy sencilla, Matthew la había dejado tan invadida de sus feromonas, que aquel aroma que percibían los otros, era solo una advertencia de no acercarse a ella. El único que lo pudo hacer sin sentirse tan amenazado fue Sam. —Ese idiota se lo tomó muy en serio… —susurró Sam, dándole un beso en la mejilla a Aluna—. ¿Cómo te sientes? —¿Qué quieres decir, Sam? ¿Qué hizo de especial? La pregunta de la jovencita hizo sonreír un poco a Gino. Sam, en cambio, torció el gesto y se fue hacia la cafetería. Él también empezaba a sentirse un poco retado por ese aroma. —Aluna, sé que no te das cuenta, pero creo que Matt ha creado una pared entre ti y los demás… Alphas. Está hablando muy en serio… ¿Hizo algo, que tú notaras diferente? El día era precioso. Aluna brillaba tanto como el sol, estaban ya en la recta final de ese curso y, por primera vez, la niña llevaba su cabello recogido en una coleta y usaba una blusa de profundo escote. Su marca falsa, estaba a la vista, ya no le interesaba que se viera. Matt ya sabía todo, él la aceptaba como era, y eso le resultaba suficiente. —Se lo dije todo. No tuve la necesidad de guardarme nada, tenía que hacerlo, lo amo mucho… Estoy enamorada, Gino, creo que es la primera vez que me siento así. Gino la invitó a sentarse en el césped, a la sombra de un árbol. El muchacho estaba muy feliz de esa confesión que ambos tenían pintada en el rostro. —Bueno, eso era obvio casi desde que se conocieron. ¿Ves? Yo te dije que tuvieras un poco de paciencia, lo de Jan no iba a ser eterno. Pero eso no responde mi pregunta… —¡Ah! —rezongó algo apenada—. Cuando estábamos… juntos… dentro de mí… algo fue muy diferente, yo solo había estado con Jan, pero asumí que todos los Alphas eran iguales. Verás, el… de Matt, tú sabes, empezó a crecer y crecer estando dentro, tanto que llegó a hacerse doloroso. Y su expresión era aterradora. Clavó sus ojos en mí, pero era algo así como si quisiera arrancarme la piel… —Como si fueras su presa —intervino Gino, tragando algo de saliva. —Sí, ¿qué pasaba? No lo sé. Después de eso, todo fue tan hermoso, tan… pasional… —Bueno, Aluna, eso que hizo se llama “anudar”. Como sabe que su mordida no hará ningún efecto, dejó parte de su… genética, dentro de ti. No durará mucho, así que de seguro va a seguir haciéndolo. Eres oficialmente de su propiedad. Gino se echó a reír un poco, no podía creerse lo lejos que había llegado el ex patinador. Un Alpha dominante, como lo era Matt, no se hubiera tomado la molestia. Él debía solo buscar cómo mejorar la r**a, incluso el tema del estatus podría estar muy involucrado. Eso quería decir que también estaba muy enamorado y que le importaba muy poco el que podrían pensar de esa situación. Amaba a Aluna, así de simple. Los días siguieron pasando y aunque Matt quería siempre estar en brazos de Aluna, debían preocuparse por la presentación final. Estaban a poco de recibir su grado y entonces, la vida de ellos dos comenzaría, o al menos así lo veía el hombre. Tan en serio quería estar con esa chica, que ahora ya no vivía en su departamento con Anna, sino que se había instalado con su novia. Casi la primera de su vida. Antes de hacer su mudanza, de un maletín muy pequeño sacó una cajita aterciopelada, muy antigua. Al abrirla vio un anillo, uno que tenía un rubí en forma de una rosa. Aquel era un tesoro para él, lo más valioso de su vida. Su abuelita se lo había dado cuando era muy pequeño para que lo cuidara con mucho recelo, antes de que fuera a embellecer otra mano. Esa sortija fue la que unió a su abuelita, con el hombre que más amó. Era hora de que aquella belleza pasara a manos de otra mujer muy amada. Tenía que saber cómo y cuando, ya no iba a perder el tiempo, llegaba el momento de mirar hacia adelante, con su nueva pareja. Ya su vida en las pistas de hielo terminaba, ahora debía saber de qué iba a vivir, pero sin Aluna no iba a mover un dedo. *** —No puedo creer, Zack, que pienses que está bien que ella sea una beta. —Lo dices como si fuera un pecado, Flora. Nuestro hijo la ama sinceramente. Sabes que no va a ceder si su propósito es el de casarse con Aluna. —No, no puedo permitirlo. Otra vez no va a pasar… No. Zack tomó aire, molesto. Claro que sabía lo que implicaba esa decisión de Matt, aun así, eso no quería decir que la historia se repitiera. Confiaba en su hijo, en lo que sentía. Flora, en cambio, sabía que era inevitable. La vida era un círculo, todo iba a ser igual. *** Fin capítulo 20
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