Capítulo 19: Lo que no eres

1565 Words
XIX El pequeñito, de apenas 10 años, esperaba a la salida de la casa de su mejor amiguita, la que tenía casi desde que aprendieron a hablar. El pueblo no era muy grande, así que se conocían entre todos. Aluna y Jan no eran tan diferentes, y su amistad creció tanto como ellos lo hacían. En la escuela secundaria ya eran novios de una relación muy inocente, llena de ternura y sueños con el futuro. Ellos resultaron muy fieles a sus sentimientos, incluso hablaban de vivir juntos una vez terminaran la escuela. Esos tranquilos deseos infantiles se vieron un poco entorpecidos cuando se hicieron la prueba del segundo género, en la que se determinaría casi su futuro. —Jan, ¿son importantes estas pruebas para ti? —preguntó Aluna, mientras le acariciaba el cabello. El muchacho de piel pálida estaba recostado en su regazo. —Claro que no, yo quiero estar contigo sin importar lo que seamos. Además, en este pueblo son solo betas y escasos omegas, así que lo más seguro es que nosotros seamos uno de ellos. —Tienes razón —dijo la jovencita de 14 años, sonriendo como el sol—. Yo solo quiero estar contigo. La prueba llegó, aunque los resultados saldrían un tiempo después. Ellos estaban muy lejos de las grandes ciudades, por eso no se esforzarían mucho en responderle a los jovencitos. No se esperaba mucho de ellos. Así entonces los días pasaban entre los paisajes y la tranquilidad propia de aquella sencilla vida, rodeado de aire puro y amor. Aluna sería maestra de la escuela y su Jan de seguro sería policía. Tenían su vida planeada, ellos dos. El resultado llegó, y dejó a más de uno impactado: por primera vez en mucho tiempo, se daban varios Alphas, uno de ellos era Jan. La noticia llegó a su familia como si hubieran ganado la lotería, ya que tenían un futuro asegurado, una universidad, una carrera, un trabajo de excelente condiciones. Así había sido siempre para los privilegiados de la pirámide. Todos estaban felices, en especial Aluna que sentía que el triunfo que su amado llevaba en la sangre, era también el suyo. A pesar de su propio resultado. —Aluna, no importa. Tú y yo tenemos planes y seremos siempre los dos. Sin embargo… —Sin embargo, qué —preguntó la niña asustada de que Jan decidiera dejarla. Era lo normal que él buscase a un omega, era lo más adecuado, lo compatible. —Yo creo que es mejor que ocultes tu resultado de beta… y digas que eres omega. Así entonces nos evitaremos presiones de todos acá, solo mientras salimos de acá y vamos a la Universidad. Será lo mejor. —¿Universidad? —Aluna tenía en su mente todavía esos sueños de los que tanto habían hablado ellos. —Hermosa, ahora las cosas son diferentes. Es mi responsabilidad salir y sacarte de acá. Responsabilidad. Esa palabra no la entendió muy bien la jovencita de cabellos de tinta negra, que pensaba en un futuro diferente. Mintió sobre su resultado, ser omega o beta era lo esperado, aun así, todos se alegraron por ella, pues sería la perfecta herramienta para dar a luz el hijo de un Alpha, de Jan. Los años siguieron pasando y ellos seguían juntos, ella seguía mintiendo. Su padre, el panadero de aquel pueblo, era el único que sabía su segundo género, a él no pudo ocultárselo. El buen hombre quiso persuadirla muchas veces de decir lo que en verdad era, que no debía importar eso si en realidad Jan la amaba. Aun así, fue imposible, estaba cegada de amor y esperanza. Igual seguía siendo una mujer, y su vientre de algo debía servir. Llegó el momento de partir y la pareja fue a la gran ciudad, cada uno a estudiar cosas diferentes, aunque en la misma escuela. Ahí fue cuando Aluna conoció a Gino, que estaba ahí, solo porque había ganado una beca. Ellos no eran de grandes recursos económicos, así que se esforzaban más que ninguno. Ambos deseaban llegar a ser maestros y regresar a sus raíces para enseñar a chiquitines. Gino nunca gustó de Jan. Había una arrogancia en él, que podía percibir como omega, además de que no trataba a Aluna como lo merecía. Casi ocultando esa relación. Él intentó persuadirla de dejarlo, pero la jovencita, ¿qué haría después? Ella había girado en torno a él, aquello no era concebible. El sexo con Jan, era muy aburrido. Aluna pensaba que todo se debía a su condición de beta, que él no se excitaba como debía. Entonces todo cambió un día en que llegó el celo del Alpha y la tomó con mucha violencia. Fue ahí cuando la mordió, fue brutal. Pese a eso, la jovencita estaba muy feliz de ser parte de un mundo especial. Que él la notara y tratara de hacerla su pareja real, fue lo mejor del mundo. Por eso, decidió perpetuar esa marca con un tatuaje. Aunque increíble, quien se lo hizo le dijo que no era poco común ese en especial. Para Jan, aquello fue una muestra de amor que no se esperaba, y el trato cambió radicalmente hacia Aluna. Parecía ser que ahora que veía su mordida, por fin la trataba como una prometida, salía con ella más, la presentaba a sus nuevos amigos. Aluna hacía parte por completo de un mundo que le ofrecía un lugar que, aunque ella no estaba buscando, la hacía sentir bien. Entonces, llegó el fin. Un día, simplemente en un restaurante en el que celebraban un año más de estar juntos, un aroma doblegó por completo a Jan. No se explicaba lo sucedido, pero frente a ellos se apareció una joven hermosa, deslumbrante, que abrazó a Jan tan fuerte y tan feliz como nadie en el mundo. Ella era la destinada del muchacho. Jan salió de ahí y sacó a Aluna del lugar. Ya lejos los dos, pudo respirar e intentar explicarle lo que pasó y lo que sentía, cosa que ella claro que no podía entender de ninguna forma. —¿Qué va a pasar ahora? —preguntó la niña de cabellos negros, abrazándolo en la cama. —Nada va a pasar. Seguiremos juntos, mientras me mantenga lejos, todo va a estar bien. Pero no lo estuvo y todo fue peor cuando Aluna descubrió que llevaba vida en su interior. Ese mismo día que le quiso dar la noticia a Jan, él le dio la otra noticia, de que no podía luchar contra el destino, por mucho que lo había intentado. Aluna en un último y desesperado intento, le dijo sobre su embarazo que dejó al muchacho de una sola pieza. —No puedo dejarte, no puedo ir contra mi destino… por favor, yo responderé por mi hijo, pero ya no quiero estar contigo. El corazón de Aluna explotó, y ya no volvió a recuperarse nunca a su origen. Desgraciadamente, poco después su cuerpo rechazó ese embarazo y el único que estuvo a su lado fue Gino, que desesperado, avisó a Jan de aquella situación. Esperaba el chico que aquel Alpha al menos se acercara a darle un poco de compasión, sin embargo, para Jan, esa pérdida fue un alivio. Sam, el estudiante de enfermería que la atendió primero, sintió que se le partía el alma con lo que sucedía, y le pidió a su joven esposa que la cuidara. Ella estaba sola en esa ciudad y Gino debía seguir estudiando. Los jovencitos le agradecieron mucho y así comenzó una valiosa amistad. Aluna poco a poco logró recuperarse, sobre todo de perder esa vida. Ella aún amaba mucho a Jan, y lo último que supo fue que salió del país con aquella hermosa dama que era su destino. Los chicos se graduaron, todos en sus áreas. Como Gino y Aluna no querían separarse, fueron a trabajar los dos a una pequeña escuela de la ciudad. A ambos, los niños los amaban y destacaron tanto en su trabajo que fueron considerados para una beca en una prestigiosa universidad multigénero, algo lejos de Holanda, pero eso daría un estatus mucho mejor a esa pequeña escuela. Al contarle a Sam, él quiso acompañarlos, también quería un curso en esa novedosa escuela. Aluna apenas con 25 años, había pasado por todos los dolores posibles. Aun así, los había podido superar y con ayuda de sus amigos, sanar. Ella no quería saber de nadie, una nueva pareja estaba fuera de sus pensamientos. Pero poco después de llegar a esa universidad, jugando con Gino y Sam a las carreras junto con otros chicos, tropezó y se llevó por delante a un hombre que le clavó su mirada de océano y que la sacudió por completo. Ella no había sentido eso antes, jamás. ¿Los betas podían amar a primera vista? ¿Para ellos también había destino? No tenía idea, sin embargo, por primera vez en su vida, su alma se agitaba así. *** —Oh dios… —susurró Matt, conmovido por completo con aquella historia. No podía creerse que en una chica tan menuda, cupiese tanto dolor. —No tienes que preocuparte… ya todo pasó. Aluna levanto los platos de comida, y los llevó hasta el fregadero. Fue entonces que Matt fue hacia ella y la abrazó por la espalda, tenía que hacerle saber que la amaba, que él la protegería. Él no era igual a Jan. *** Fin capítulo 19
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