XVIII
Hicieron el amor en todas formas y posiciones. Aluna fue feliz de estar en brazos de ese hombre que sobrepasaba la resistencia física, su profesión le había dado agilidad y sobre todo, capacidad de moverla y levantarla como se le daba la gana. Ella no sabía muy bien lo que pasó cuando él se hizo más grande dentro de su cuerpo, eso no lo había vivido antes, con su pareja anterior.
Ni qué hablar de Matt que en su vida había tomado a nadie de semejante forma, entendiendo la diferencia entre tener sexo y hacer el amor con alguien a quien ya se amaba mucho. Era como si fuese en una carrera contra el tiempo, que cada segundo que la besaba, la penetraba, la acariciaba, era uno menos que la tendría cerca, por eso quería más y más.
Cuando ya el salvaje instinto de posesión empezó a reducirse en Matt, por fin vino el romance, las caricias de Aluna, que poco a poco se convirtieron en besos, en súplicas. Ella estaba en un éxtasis que no había conocido antes, el cuerpo de ese Alpha la encendía de maneras que ella no había experimentado; jamás creyó ser capaz de resistir tanto ese despiadado ritmo, menos, desear que no terminara. Por fin entonces, tuvo que pedir un descanso, casi a la madrugada, tenían que dormir.
—Esta conversación aún no termina. Lo sabes —susurró Matt en el oído de la jovencita, abrazándola por la espalda.
—Claro que lo sé. Yo iba a decirlo todo, pero al parecer tú no podías esperar…
Una risilla cansada salió de la boca de la hermosa chica, que no tardó en caer dormida. Matt iba a cerrar los ojos, pero frente a ellos apareció esa «marca», que ahora sabía era falsa. No importaba cómo es que terminó en esa nuca, de todas formas alguien estuvo antes que él, y eso lo torturaba. Cubrió un poco esa visión con el precioso cabello de su amada y durmió feliz. Satisfecho.
El despertar fue algo diferente. Harto del sonar de su móvil y el de Aluna, se levantó para saber lo que sucedía. Anna resultó ser una de las desesperadas, asustada porque no apareció la noche anterior, así que le contó todo por encima. Luego en el móvil de su dama vio las llamadas de Gino, no quiso ser grosero y responder, así que le escribió a Leroy contándole más o menos lo mismo que a Anna, para que tranquilizara al muchacho omega.
El sueño se le espantó, según sus cálculos habían dormido unas 5 horas. Paseándose desnudo en la pequeña habitación, se sirvió agua y la bebió mirando a Aluna, enamorándose cada vez más. Pese a que todo era color de rosa, al acercarse a ella, notó que estaba sudando un poco. Cuando tocó su frente, la niña ardía en fiebre.
—¡Por Dios! —gimió quitando su mano.
No sabía qué hacer, estaba muy asustado. Se puso algo de ropa, iba a salir a buscar a una enfermera, pero tomó su móvil y quiso probar suerte.
—¿Hola? ¿Matt? ¿Qué pasa?
—Dios mío, Tom, tengo un problema, estoy… estuve con una chica y ahora tiene mucha fiebre…
—A ver, cálmate —respondió el hombre al otro lado de la línea—. Cómo es eso que estuviste, qué pasó…
—Tuve… hice… me acosté con una chica… y creo que la lastimé, porque ella estaba perfecta y ahora tiene fiebre… Dios no debí intentar anudarla… ella es beta… Ayúdame, hermano…
—¡¿Pero qué estás diciendo?! —respondió el hermano mayor muy alterado—. ¡¿Cómo que anudarla?!
—Yo sabía que las mujeres beta tenían la capacidad de expandir mucho sus caderas y úteros…
—¡¡Cuando van a dar a luz, imbécil!! —pareció que el hombre refunfuñó un rato—. En todo caso, ¿es la chica del incidente? ¿La que por accidente golpeaste?
—La misma. Su nombre es Aluna. Por favor, eres doctor, ayúdame o tendré que ir por una enfermera del campus, cosa que significarán más problemas. Dios mío, la rompí…
Thomas, el hermano mayor de Matt, estaba algo divertido. Era la primera vez que acudía a él para pedir ayuda, casi siempre que se veían terminaba todo en una tremenda pelea. Ni siquiera permitió que fuera a verlo cuando hizo pedazos su rodilla. Que lo hiciera en ese momento, significaba que algo había cambiado en su hermano pequeño.
—Mira, revisa en sus gavetas, ella debió haber sido medicada para el dolor. Y no la rompiste, no seas dramático.
Matt obedeció y encontró en la mesita junto a la cama unas píldoras y una prescripción reciente. No tuvo que ser un genio para darse cuenta de que era la fecha en que eso pasó. Al leerle a su hermano, supo de inmediato que era para la fiebre y el dolor, aquello bastaría. Si no mejoraba en dos horas, no había más remedio que llevarla a la enfermería.
—Gracias, Tom —susurró conmovido.
—Te veo pronto en casa. Cuídense mucho.
Thomas colgó y de inmediato Matt hizo lo que le dijo su hermano. Incorporó a Aluna un poco para darle la medicina, ella estaba muy adormilada, no obstante, obedeció. Él le tomó la temperatura, muy alta. Debía esperar una hora para hacerlo de nuevo. Se sentó en el piso junto a la cabecera, para observarla dormir. Levantó un poco su cabello y vio algo que en la hojarasca de sexo que había tenido, no notó. Aun en el cuello de Aluna había rastros de la marca de sus dedos, cuando la levantó para lanzarla.
Tomó aire, de nuevo la culpa se lo estaba carcomiendo. Entendía ahora la razón del porqué lo hizo, más no la justificaba, no podía perdonárselo. Debía armarse de valor y ya aceptar que el agredirla fue culpa de ese horrendo químico que alteró a todos los Alphas y aceleró el celo en omegas.
Al tomar la temperatura a la siguiente hora, esta había bajado muchísimo. Se alegró, incluso ella parecía más tranquila durmiendo. Se recostó un poco en la pequeña cama, abrazándola, seguro que despertaría para la toma de la siguiente hora. Sin embargo, cayó como una piedra.
No supo cuánto tiempo pasó, pero dio un brinco en la cama al ver a Aluna en la cocina. No sabía qué hora era, solo que olía a delicioso café. Ella estaba vestida con su camisa, cosa que lo excitó de inmediato.
—Aluna ¿cómo te sientes? Tuviste fiebre…
—¡¡Matt!! —respondió emocionada al verlo despierto—. Lo siento… tengo un leve recuerdo de que me diste medicina…
Matt recibió de sus manos la taza de café. Además, Aluna estaba preparando comida, ya habían ayunado demasiado. Pronto esa deliciosa comida que ella preparaba, llegaría a su estómago que empezaba a reclamar.
—Yo comí unas galletas, cuando esperaba para tomarte la temperatura…
—Ya estoy preparando deliciosa comida. Es casi medio día y no hemos probado nada desde ayer. Me sorprende que a pesar de eso tuvieras tanta energía, eres un Alpha muy impetuoso.
Aquellas palabras hincharon el ego de Matt hasta la luna. Él comenzó a tomar ese café, mirándola a ella, con sus divinas piernas desnudas, mismas que probó una y otra vez.
—Matt, mientras esperamos, es hora de que me escuches. Ayer no parecías dispuesto a hacerlo…
—Lo siento, Aluna, pero te deseaba demasiado.
Aluna se sonrojó, y subió a la cama junto a él. Era la hora de regresar a esa realidad, de decir la verdad, de explicar esa marca.
—Matt, esta marca no es más que un tatuaje muy bien hecho, luego de que él me mordiera. Yo lo amaba mucho, y él decía que también me amaba, por eso, una noche en que el instinto le ganó, me clavó sus dientes muy fuerte, dolió horrible. No obstante, cuando empezó a sanar, se notaba tan claramente que yo… queriendo ser parte de eso tan especial que une a Omegas y a Alphas, fui con un amigo que me hizo este tatuaje perfecto. Cuando mi ex pareja lo vio, se alegró mucho… yo en ese momento no entendía lo que pasaba en realidad, solo quería hacerlo feliz. Pero en verdad… Él decía amarme, pero no se sentía cómodo con mi condición de beta… por eso decía a todos que yo era una chica omega.
Matt tomaba su café, sintiendo que odiaba y quería matar a ese «él», que Aluna nombraba. Tenía un millón de preguntas, solo que sería prudente esperar, antes de explotar y decir tonterías.
***
Fin capítulo 18