XXXII Ella había nacido para ser hermosa, para que las flores danzaran a su alrededor, para que los hombres lucharan con su sangre por ella. Desde ese momento, sus padres sabían que el futuro de aquellos nómadas, estaba asegurado, porque su hija era como una princesa. A medida que fue creciendo, se fue enterando al igual que todos los del clan, de esa nueva división de razas. Ya no era solo hombre y mujer, ahora eran Alphas, betas y omegas. Se enteró también que los que iba arriba de la pirámide, eran los fuertes, los que tenían un lugar privilegiado en el mundo. Los Alpha. —Quizás, mi destino esté atado a uno de esos hombres excepcionales —le dijo a su madre un día, lavando la ropa. —Lo está, mi niña. Harás de esta tribu lo mejor que ha existido. —Mamá, ¿y si un día solo quiero salir

