XXII
El muchacho parecía por fin poder dormir plácidamente. Había sido una noche y una madrugada, ambas muy intensas, de declaraciones, de médicos, de confusión. Luego de que los encontraron a ellos dos, la policía se llevó a los matones que habían hecho un daño nuevo. Ya la justicia les llevaba la pista hacía mucho tiempo, pero no podían comprobarles nada, ya que los omegas que caían en sus garras no los denunciaban. No pudieron imaginar esos malditos, que Gino tenía al destino de su lado.
Aluna estaba de nuevo al lado de su amigo, que a diferencia del ataque en la Universidad, esta vez se encontraba tranquilo e incluso feliz. No podía explicarse eso que sentía y que lo hacía sonreír.
—Lo siento tanto, Gino… tú querías las cosas de otra manera, hablaste siempre de una noche especial, cuando te entregaras a tu pareja… —consolaba la chica, acariciándole los cabellos.
—Nuestros sueños infantiles son eso… sueños. —Gino se incorporó en la camilla, para tomar un poco de agua—. Acá lo hilarante, es que yo sigo siendo virgen… y ya estoy marcado.
Aluna se inclinó un poco para ver su mordida, y tragó un poco de saliva. Aquella era una salvaje herida muy profunda, podía verse su carne al rojo vivo. Esa era la verdadera mordida de un Alpha, aquello era la realidad de hacer un vínculo, sangre, saliva, feromonas que se mezclaban en el cuerpo del muchacho, haciéndolo posesión exclusiva de Leroy.
—¿Te duele? —preguntó Aluna poniendo una gasa encima.
—Bastante. Aun así, es más fuerte lo que siento en el pecho, no te lo puedo describir…
La jovencita sonrió junto a su amigo, entendiendo que la alegría era más grande que el dolor. De repente, Lu entró a la habitación y Aluna se levantó algo asustada. Se despidió de prisa e igual salió.
Louis se acercó a la camilla de su chico, que lo veía con algo de curiosidad. De nuevo, se vinieron las olas de disculpas que Gino tuvo que detener.
—Por favor, no te disculpes más. Me hace pensar que no deseabas esto y que no era cierto eso de que me querías a tu lado…
—¡Claro que no! —espetó Lu—. Es cierto todo, solo que yo no lo quería así… igual, eres mi compañero y eso es lo que cuenta.
—Yo tampoco lo quería así… yo pensé que primero iba a dormir contigo… yo no he estado con nadie, lo sabes.
De nuevo el interior Alpha de Lu se infló como un globo, su amado no solo ya era suyo, sino que no había estado con nadie más. Eso pronto iba a solucionarse.
Aluna y Matt partieron a la habitación, ellos también estaban exhaustos. Estuvieron muy silenciosos en el camino y una vez en la cama, él la abrazó con mucha fuerza por su espalda. Había una extraña tensión en ese momento, Aluna no decía en realidad lo que sentía, aunque el patinador lo sabía a la perfección.
—Te amo, Aluna… todo lo que quieras de mí, te lo daré. Vamos a estar juntos para siempre, te lo juro.
—Matt… yo creo que deberíamos hablar con tu familia, de esta decisión… no desearía…
—No.
La fría respuesta dejó a Aluna tan sorprendida, que de inmediato se sentó en la cama. Primera dificultad para ese “amor eterno”, desbloqueada.
—Es grato saber que eso de «Haré lo que sea», no es tan cierto —respondió la chica, molesta.
—Ellos no tienen que interferir en mis decisiones. Es eso.
—¿Y qué se supone que haré cuando nos visiten? ¿Esconderme debajo de la cama?
Matt se levantó y fue hasta la pequeña cocina a servirse un vaso de agua. Le daba la espalda a Aluna que no entendía por qué estaba tan molesto, cuando debía ser ella la que estuviera furiosa.
—No quiero que intervengan o me den sus opiniones. Eso es todo. Mamá es controladora, y no voy a permitir que salgas lastimada.
—Aun así, fue ella la que te envió acá, cuando ya no podías controlar tu vida. De no ser así no te habría conocido…
—Está bien, después de Holanda, iremos a ver a mis papás, solo por cortesía.
—¿Cortesía? Parece más que preferirías mantener esto en secreto… Qué más da…
Matt dejó caer con violencia en vaso en el mesón, haciendo un ruido tremendo. Aluna sintió que su cuerpo tembló, podía ver que él estaba a punto de enloquecer. Sin virar a verla, apretó los puños y tomó aire, intentando controlarse.
—¿Qué quisiste decir con eso? —preguntó, en voz contenida de ira.
—¿Con qué? No entiendo…
—«Qué más da», eso dijiste. Estás pensando, claro, que no importa lo que hagamos o dejemos de hacer, porque al final, no estaremos juntos. Porque me sigues comparando con ese hijo de puta que te engañó, porque estás convencida de que por ser Alpha, voy a dejarte si es que algún día llega ese destino… ¿Verdad?
Aluna se encogió en la cama y apretó las mantas. No se atrevió a responder nada, ya que muy en el fondo, eso precisamente era lo que pensaba. La vida con Matthew Siberan sería estupenda, hasta que su destinado apareciera.
—No puedes decir que nunca va a pasar… entonces ya nada será igual…
—¡¡Eres tú quien dice eso una y otra vez!! —gritó por fin, asustando mucho la chica—. ¡¡Estoy harto de tus suposiciones!! Dime, ¡¿qué es lo que quieres tú?
Matt volvió a girarse, para no verla. Sabía que la había gritado y eso no estaba bien, se sentía miserable, harto, furioso y enamorado. Tanto estuvo pensando en eso, que no notó cuando Aluna se puso muy rápido un vestido y zapatos para salir de ahí.
—Tal vez quiera que sea eterno… pero dolerá menos si solo es el bello recuerdo de un amor, de un curso.
Abrió la puerta y salió a correr, haciendo imposible el que Matt la pudiera seguir, ya que él estaba en ropa interior. Gritó por el pasillo para que se detuviera, pero ella no lo hizo.
Aluna corrió por pasillos dormidos, hasta que salió un poco, al gélido exterior. Se sentó en unas escalinatas y empezó a llorar, se culpaba de esa primera pelea que definiría muchas cosas. Estaba tan distraída, que no notó cuando un perro enorme y dorado se acercó a olfatearla.
—Hola… eres muy hermoso… —dijo sacudiendo su cabeza.
—Señorita, debería ir a descansar… no se ve muy bien…
Quien le hablaba era uno de los guardias, que se cubría la nariz. De seguro el hombre percibía las furiosas feromonas de Matt, en Aluna.
—Gracias, en un momento lo haré, espero a alguien.
El guardia se fue, y el hermoso perro salió tras él. Aluna hablaba con la verdad, esperaba a alguien y no era a Matt precisamente. Había enviado un mensaje a Sam, necesitaba hablar con desespero de su situación y Gino no era opción en ese momento. Por fin y con un abrigo extra, llegó a su lado, cubriéndola casi por completo. Luego se sentó a su lado en las escalinatas.
—Debió ser una discusión enorme, si saliste a correr en la madrugada… Apenas si puedo acercarme a ti, el muro que él ha levantado a tu alrededor es aterrador…
—Él piensa que no confío en que esto sea duradero… porque es un Alpha y yo una beta…
—¿Y lo haces? ¿Confías en él? —preguntó Sam, calentando sus propias manos con su aliento.
—Quiero… pero no puedo. Porque, ahora, la «madre naturaleza», no actúa para que se pueda ser libre…
—Esa es una excusa muy tonta. Yo viví a tu lado lo que te pasó, con Jan. Bueno, no tanto como Gino. Y sí, fue horrible, llegaste tan lejos por un bueno para nada, saliste herida, casi muerta, y un pequeño no pudo vivir… Me sorprende que incluso tengamos esta conversación ahora.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Aluna, frotando sus manos.
—Porque pensé que jamás tendrías la idea siquiera en estar de nuevo con un hombre de ese género… y te has enamorado de Matt. ¿Lo ves? Amas a Matthew Siberan, el hombre, no el Alpha. Y aunque me pese decirlo, ese idiota te adora. Llegó tan lejos como para intentar anudarte, de seguro hallará una forma para complementarse contigo por completo. Aluna, nunca será fácil, nunca lo ha sido. Pero debes darle una oportunidad real de demostrar todo eso que dice y promete.
—¿Y si pasa? ¿Qué voy a hacer?
—Si pasa, entonces probarán todo el amor que dicen sentirse. Él ya tiene 30 años, ha viajado por todos los rincones del mundo, ha estado con muchas personas en su cama y nada ha sucedido. Confía en su buena suerte.
Aluna y Sam se echaron a reír. Sam era un Alpha normal, que estaba por entrar a estudiar medicina. Tenía ya una beca asegurada en Holanda, quería estar con su esposa, la extrañaba mucho. Aluna lo tomó de una mano para darle las gracias, pero él se soltó rápidamente al percibir el peligro. Matt estaba ahí.
—Creo que ya vinieron por ti, Aluna, recuerda… a veces es mejor estar solo…
—¡¡Eres un…!! —gritó Matt, queriendo lanzarse sobre él.
Sam lo hacía solo para fastidiarlo, claro estaba. Aluna tomó a Matt de un brazo, era demasiado temprano para otra pelea. Como no parecía calmarse, le dio un beso en los labios que lo dejó sin palabras.
—Quiero estar contigo ahora, señor Siberan…
Aquella clara insinuación dejó al patinador sin ganas de discutir. La tomó de la mano y tan rápido como su pierna se lo permitió, la llevó de nuevo a la habitación.
***
Fin capítulo 22