Capítulo 23: Oscuros deseos

1179 Words
XXIII *** Capítulo con alto contenido erótico *** La jovencita estaba de rodillas, mirándolo fijamente, solo cubierta por las ondas de su precioso cabello tan oscuro. Él con las piernas abiertas, sentado como un soberano y entre estas, la mujer que le ocupaba todo pensamiento y sentimiento. Desnuda, ardiendo de deseo de cabeza a pies. Relamió un poco sus labios, haciendo que él jadeara, aun sin haberlo tocado siquiera. Luego, con sus manos, tomó su ya muy erguido pene y con esa lengua que quemaba como el fuego, lamió la punta, haciendo que el jadeo se volviera un gemido. —¡¡A-Aluna!! No… Ella sonrió, entonces su boca se abrió por completo para meterlo ahí, lo que podía. Matt tomó con fuerza lo que podía de la manta con una mano, con la otra acariciaba el cabello de su amada, que en ese momento lucía lasciva, lujuriosa, todo por él. Ella era una mujer tan diferente, que ya no pensaba esconder lo que deseaba, Matthew no querría eso. Cuando lo sacó de su boca, dejó que ese m*****o enorme y al que le faltaba mucho para terminar, se deslizara por su garganta, después entre sus pechos. El hombre apenas podía con su respiración, estaba perdiendo la batalla con la cordura y de seguir así, Aluna sería brutalmente embestida, quizás como lo deseaba. Se puso por completo de pie y tomó a su amante por el rostro, era importante que la mirara. —¿Te gusta lo que ves, Matthew? Él la tomó por las caderas y empezó a lamer su abdomen. Aluna echó su cabeza hacia atrás, complacida por esa caricia que solo Matt sabía dar. —Lo amo, amo lo que veo y lo que veré para siempre… lo deseo cada segundo de mi vida… Era cierto. Matthew la respiraba, la llevaba en su interior, en la piel, la palpitaba en el corazón. Amar a esa mujer le quitó los dolores, las presiones, solo volaba. Ya no importaba su rodilla en pedazos, lo malo que pudo pasarle, todo se borraba en esos ojos, en esa sonrisa. Si por él fuera, la pondría en una urna solo para sus ojos, para que nadie más pudiera verla. Ella era la sangre que bombeaba en su cuerpo, el aire que llenaba sus pulmones, sin Aluna no había nada, ni día ni noche, Aluna era su universo entero. —¿Cómo poder decirte en palabras lo que siento por ti? No puedo, siempre sonaría como que falta algo… me quedaría incompleto. Aluna, ya no hay vida sin ti… La preciosa niña sonrió y se acomodó sobre él, abriendo las piernas y su vientre para dejarse invadir por ese m*****o, digno de un Alpha dominante. Su gemido rompía esa madrugada, su boca abierta lo llamaba, lo excitaba más y más. Aluna lo besó, tan intenso como se permitió. Matt no soportó y llevó sus manos a esas divinas montañas que se hacían arcilla en sus dedos, para al final querer succionar hasta saciarse. Sabía que estaba haciendo las cosas bien, cuando las súplicas de parte de su mujer se hacían más intensas, más agudas. Sus manos desgarrándole la espalda, como hubiera querido tener más manos para tocarla en todos lados a la vez. Matt estaba por rendirse, ella subía y bajaba despacio, eso no ayudaba mucho a la voluntad del patinador que quería solo dejarse llevar por su instinto y poseerla como una bestia. Ahí no importaba ese segundo género que fue una bendición para la postergación de la humanidad, pero que limitaba la manera de amar de tantos. Ellos solo eran un hombre y una mujer que ahora se convertían en uno solo amante, conectados en cuerpo y corazón. No lo logró. Matt sintió que la sangre de su cabeza lo perturbó y el ritmo tranquilo de Aluna no era suficiente, así se levantó con ella encima, para ponerla contra una pared y penetrarla hasta lo más hondo que pudiese. —¡¡Ah!! —gimió ella, apenas controlando su respiración, sintiendo las estocadas de su amante, como si quisieran partirla en dos. Matt buscó sus ojos, y se encontró con unos que brillaban y lo deseaban. Ella era su única, por fin había un motivo para querer ser mejor, no porque eso se esperara de él como Alpha, sino porque deseaba que ella lo viera crecer, mejorar, resurgir. Nada más importaba, solo que Aluna fuera la que se sintiera orgullosa. Eran esos frágiles brazos en los que quería descansar cuando llegara a casa. A su hogar. Salió de su cuerpo, quería poseerla de otra manera. La abrazó por la espalda y besó su cuello, absorbió el aroma de su precioso cabello y se detuvo justo cuando vio ese tatuaje que detestaba. —Ese tatuaje no es lo que yo soy… —susurró Aluna, sabiendo por qué se había detenido. —Lo odio… es falso, pero me recuerda que estuviste con alguien más… Sin mediar palabra la inclinó sobre la mesa y la embistió desde atrás. Aluna se aferró al borde de madera y casi gritaba el nombre de Matt, aquello era doloroso y exquisito. Él estaba molesto, enamorado, desenfrenadamente celoso, no quería ser gentil en ese momento, solo deseaba hacerla suya, que jamás por ese cuerpo pasara otro hombre. Ella entendía la rudeza y aun así, le encantaba. No quería fingir indignación, Aluna solo quería más, si la rompía, no importaba. Matt sería el único al fin y al cabo que la tomaría. Un atisbo de sensatez llegó a su ser, y salió de su cuerpo para llevarla a la cama. Ahí de nuevo empezó su trabajo, asegurándose de verla al rostro, que estaba muy sonrojado. Algo dentro lo estaba quemando, no pudo con eso que su cuerpo estaba controlando; abrió su boca y mordió a Aluna en el costado izquierdo de su cuello. Aluna dejó salir su llanto, esa mordida dolía, y dolía más que no sería permanente. No recordaba que se sintiera de esa manera, pero entonces, de nuevo, su condición de beta no era aceptada. Cuando al fin Matt se desprendió de su cuello y vio lo que había hecho, se asustó, sus manos empezaron a temblar, no podía creer cómo lo había traicionado su instinto. —¡¡Aluna!! ¡¡Perdóname!! ¡¡Por favor!! —Matthew… No tienes de qué disculparte… Aluna lo consoló con un beso y siguieron haciendo el amor, tanto como se lo permitieron. Matt no quería tratarla como una chica omega, él la amaba solo por ser Aluna, aquello se salió de sus manos. Para la hermosa jovencita, el hecho de que se disculpara fue muy significativo, de verdad él estaba luchando contra su naturaleza para estar con ella. Ponía todo de su parte para que eso se diera de la manera más orgánica posible, aunque ese término solo se aplicara a los destinados. Él la amaba, ella lo hacía aún más. También aprendería a soltar ese pasado que la disminuyó como mujer, y así poder estar plena, con Matthew Siberan. Por el tiempo que pudiera. *** Fin capítulo 23
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