XXIV
Llegó el día de la graduación, que se dio con bombos y platillos para todos los cursos que se dictaron en ese semestre. El grupo de Matt y Aluna claro que estaban incluidos en la fastuosa ceremonia.
Aunque resultó algo paradójico que, hasta ese momento, muchos estudiantes se acercaron a Matt y a Louis para pedirles fotografías y autógrafos, cuando el resto del semestre incluso casi los ignoraron. Ellos estaban felices de ser reconocidos, y accedieron a todo tipo de poses en las fotos, algunas bastante sugestivas. Luego entonces la cena que se ofrecía a los recién graduados y después, el tiempo a penas para que desocuparan las habitaciones y regresaran a su vida cotidiana.
—Es increíble cómo puedes acumular cosas en tan poco tiempo —decía Aluna tomando unas cajas para bajarlas a la camioneta del aeropuerto.
—Por favor, te pedí que no hicieras fuerza excesiva. Ya déjame que lleve eso.
Aluna sonrió, Matt parecía ser muy conservador en querer que su dama no moviera un dedo y que él debía ser el de la fuerza bruta. Ella solo lo dejó ser, por fortuna su pierna estaba mucho mejor y no necesitaba ya tanto de su bastón.
Con todo listo para partir, la pareja vio cómo se despedían Lu y Gino. El patinador no podía ir hasta Holanda con ellos, debía regresar a su país y actualizar los trámites para la próxima competencia olímpica. Gino, al igual que Aluna, debía sí o sí volver a la escuela y dejar el certificado del curso, así como su explicación de por qué dejaría su trabajo. Porque eso era lo que iba a hacer. Sam, por su parte, había pagado por un viaje para ver a su esposa en Francia, para tener unas pequeñas vacaciones. Ellos se verían al final del viaje de Aluna a su país.
—Cuídalo por mí, Siberan… te lo pido —dijo Lu en voz baja a su colega, despidiéndose con un pequeño abrazo.
—Lo haré; además, solo será un mes. Tú vendrás a Holanda y hablarás con su familia apropiadamente y luego… la vida ha de seguir.
Lu sonrió, aunque se lo negaron, de seguro se iban a extrañar. Esos meses en los que les había pasado de todo, se volvieron buenos amigos, tanto como para que Matt lo viera como el hermano menor que no tenía.
Aluna y Gino parecían un par de pequeños, hablando y recordando lo mucho que habían hecho en ese curso y la manera, vaya que sí, en que la vida les había cambiado.
—Aluna… sabes que hay una muy alta probabilidad de que “él”, este allá, ¿verdad? —cuestionó el joven omega a su amiga, en la sala de espera de su vuelo.
—Lo sé, Gino. Somos de la misma pequeña ciudad, solo espero que la coincidencia no nos ataque. Hace mucho que no visito a papá y es injusto que él deba ir a Ámsterdam para verme. Esta vez ya no tengo miedo de ir.
—Lo dices porque llevas del brazo a un Alpha de Alphas… el fabuloso atleta Matthew Siberan, campeón internacional de patinaje artístico. Bello hasta los huesos y muy rico —dijo con algo de sarcasmo Gino.
—¿Me crees así de superficial? ¿Qué me dices de ti? —preguntó Aluna algo sorprendida. Después los dos se echaron a reír. La verdad era que la fortuna les había sonreído bastante.
Matt llegó un poco después, con café para todos. Él había sido ya advertido por Aluna de esa situación, y lo hacía solo para que fuera dispuesto a controlarse. Su pueblo era muy pequeño y se conocían entre todos, de igual manera supieron de su ruptura con Jan. Claro, ignoraban el resto de la historia, que tuvo que cargar la hermosa niña muy sola.
Llegó la hora de partir, y los tres iban ansiosos de una u otra forma. Matt más por el hecho de que, luego de ese mes, su amada iría a casa de sus padres. Cosa totalmente innecesaria a su parecer, pero que no pudo rechazar para no seguir en contienda con ella. Estaba listo para que, a la mínima insinuación de su madre, saldría de allí con Aluna para no volver jamás.
El vuelo fue largo y tedioso, incluso para ellos que iban en primera clase. Al final, pudieron hacer su desembarco normal, prometiéndose dormir todo un día. Para Matt no era nada nuevo, eso de largos viajes, filas en migración, gente a reventar. Eso ya era parte de su paisaje, uno al que se había desensibilizado.
En el hotel, pudieron descansar como era debido, darse un baño y luego comer como si no hubiera un mañana. Desde el aeropuerto estaban notando la creciente atención sobre ellos, y no era precisamente por los chicos holandeses, más bien era que reconocían a Matt. Él no pensaba que pudiera llegar a ser popular más allá de lo que significaban las competencias.
Por fin la gente se llenó de valor y, al menos en el restaurante, pidieron su autógrafo y muchas fotos. Aluna estaba algo sorprendida de lo emocionados que estaban todos al acercarse a su novio y eso la ponía un tanto celosa. Había muchos bellos y sobresalientes omegas entre sus admiradores.
—No te preocupes, Aluna, él no va a percibir nada que no sea tu aroma…
Gino tenía razón. Matt estaba usando un potente inhibidor, así que no tendría por qué alterarse por feromonas de otros. La chica no dejaba de sentirse culpable de eso, si la solución era tan sencilla.
Llegaba entonces el momento de visitar la escuela y hacer sus informes del curso. Solo que no previeron que en esa época estaba cerrada por vacaciones y solo estarían atendiendo en un par de semanas.
—Pero esto no tiene por qué ser malo —dijo Matt que los había acompañado ese día—. Solo es que cambiemos los planes y vamos a tu ciudad, a conocer a tu papá. Luego vienes y haces tu informe.
—Dios… —susurró Aluna muy bajo—. Tienes razón, es hora.
Ella empezó a temblar, no sabía lo que podía esperarle en su casa. No hablaba de su papá, de verdad deseaba verlo, se refería al resto, a Jan. Matt sabía por qué estaba nerviosa y le prometió tratar de regular su temperamento si lo veía, aunque tuviera ganas de matarlo. Solo una cosa antes de ir a casa tenía que hacer Aluna en la ciudad, algo que la liberaría de su pasado y le iluminaba el futuro.
No imaginaba Matt lo que ella pretendía cuando le pidió que la dejara un día con Gino. El muchacho también cambiaba sus planes para ir a ver a su familia, y ya tendría que separarse de su mejor amiga esas semanas.
—Es algo muy radical lo que vas a hacer. ¿Piensas ahora tatuarte la de Siberan?
—No, Gino. Pienso ser lo que soy. Y que el destino no se cruce jamás conmigo.
Aluna quitaba de su piel el rastro de un pasado que le había hecho mucho daño. Esa marca falsa la había protegido y le hizo ser parte de un grupo especial, aun así, todo era una mentira. Tenía que aceptar lo que era, para poder comenzar de cero. Tenía que hacerlo por Matthew.
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Fin capítulo 24