XXV
Esa noche, en la cama del hotel, Aluna daba su vuelta número infinito sobre la cama. Estaba aterrorizada de la reacción de Matt si se encontraba con Jan, que era lo más seguro, dada la época, y porque irían a la ciudad de su familia. Como ahí eran tan escasos los Alphas, se les consideraba invitados especiales y se les trataba diferente. No debería ser de esa manera, pero en ese nuevo mundo de jerarquías genéticas, ellos eran los favorecidos.
Viró a ver a su bello amante, que estaba profundo. Tenía la pierna que se fracturó por fuera de la manta, su cicatriz se veía terrible, no obstante, comenzaba a sanar. Nada tendría que estar mal, él la amaba, para eso iba a hablar con su padre, y ella lo adoraba, y por eso también iría a ver a los Siberan.
Sin soportar ya el estrés, además que la limpieza de su tatuaje le estaba doliendo un horror, empezó a golpear a Matt sutilmente en el hombro, intentando que despertara y que se viera de manera casual. Sin embargo, el hombre dormía como una foca, y solo hasta que lo sacudió con fuerza, él abrió uno de sus adormilados ojos.
—¿Qué pasa, Aluna? ¿Te sientes mal? ¿Quieres más sexo? —preguntó abrazándose a ella.
—No… no ahora. Matt, mañana, mejor dicho, más tarde, iremos a conocer a mi padre y es mi ciudad donde yo crecí... —empezó a divagar del tema central. Matthew lo notó y aún con los ojos cerrados, le pidió que fuera más concreta—. Prométeme que si nos encontramos con… él, no harás nada, no habrá confrontación, ni nada por el estilo.
—Si lo dices así, suena a que yo soy un salvaje que anda de pelea en todo momento —masculló, a la vez que se abrazaba más al cuerpo de su amada—. Si ese tipo no hace nada, yo no tengo por qué hacer algo. Si quiere «hablar» contigo, o se pasa de hostil, bueno…
—¿Bueno qué?
—Tendré que defenderte, en dado caso. Anda, duerme un poco, prometo contener la bestia diabólica que crees, tengo por dentro.
Aluna rio un poco, creyendo que se estaba preocupando de más. Dio la espalda a Matt y así tratar de dormir un poco, él la volvió a abrazar y una de sus manos terminó atrapando su seno. Ahora esa parecía ser la postura favorita del patinador para dormir. A ella le gustaba, al fin y al cabo le pertenecía a ese hombre hermoso de cabeza a pies.
***
Llegaba por fin el momento de regresar a ese pedazo de historia que fue tan importante para Aluna. Matt había alquilado un auto y estaba escuchando un audio-libro de aprendizaje del idioma holandés. Ella sonreía complacida, de verdad se lo estaba tomando en serio, aunque sabía que una vez llegara a la ciudad, no iba a entender nada de nada.
El corazón de ella iba a toda velocidad. Tenía un presentimiento, algo muy dentro de su ser le decía que no todo iba a ir tan bien. Matt se daba cuenta de eso y trataba de fingir no hacerlo, aun así, llegó el punto en que fue imposible.
—Aluna, dime qué es lo que te preocupa de este asunto, porque ya empiezo a molestarme —cuestionó él, mientras bajaba el volumen al radio.
—Dijiste que no te iba a enfadar… —respondió ella con un adorable puchero.
—¿Hay algo más que solo el fastidio de verlo a la cara?
—Matt —respondió ella con algo de angustia—. No quiero que, por favor, bajo ninguna circunstancia, pienses que mi temor a verlo sea porque aún siento algo. Claro que no. Solo que no deseo que quiera tratar de molestarte a ti, recuerda que nadie sabe lo de mi bebé perdido. Él tiene su pareja destinada, sin embargo, siento que para Jan hubiera sido ideal tenernos a ambas.
Matt subió una ceja, eso no lo sabía. Mientras seguía admirando el precioso paisaje de verano, bajó un poco la velocidad, había algo que no le cuadraba.
—¿Él intentó contactarte mientras estábamos en el curso de finanzas?
Aluna suspiró algo fuerte, eso no significaba nada más que malas noticias.
—Lo hizo, pero yo jamás le respondí…
—Oh…
La corta, fría e inesperada respuesta de su hombre, la dejó todavía más asustada. Sabía que debió contarle eso, pero las cosas habían ido tan rápido, con situaciones complicadas y dolorosas, que eso pasó a un segundo plano. Matt siguió conduciendo, callado, solo el sonido del GPS era el que los animaba.
—Detente un segundo —pidió la niña de cabellos oscuros, poniendo una mano sobre su pierna.
El patinador obedeció y se estacionó a la orilla de la carretera. No estorbaría para nada, pese a eso, no parecía ser muy transitado el lugar. En el momento en que puso el freno, iba a decir algo, pero Aluna fue más rápida al acomodarse sobre él y darle un desenfrenado beso. Matt no resintió y metió sus manos por debajo de ese vestidillo para acariciar sus muslos y terminar en sus nalgas, las que presionó con fuerza, quería más contacto.
—Solo quiero que sepas que tú eres el único hombre para mí. Que si pudiera cambiar todo mi pasado para solo haberte conocido a ti, lo haría, pero fue ese mismo horrible pasado el que me llevó a encontrarme contigo. Aluna es solo para Matt.
—Yo, también estoy agradecido de que a pesar de toda mi desgracia, algo bueno por fin pasó en mi vida al llegar a esa Universidad. Eres mía niña… que no se te olvide.
Por un rato más se besaron y se acariciaron, hasta que todo empezó a subir de tono, fue ahí que debieron detenerse, faltaba poco para llegar. Se aguantarían hasta la noche, estaban en esa etapa de su relación en que si pudieran pasar 24 horas en la cama, lo harían.
Cuando empezaron a divisar la entrada de la ciudad, Matt se quedó muy sorprendido con lo que veía, era todo muy moderno y colorido. Aluna le había pintado el sitio como de la prehistoria, ahora comprobaba que había exagerado un montón. Por petición de ella se detuvieron en un enorme supermercado, quería comprar unas cosas para llevar a su casa. Dentro, habló con su papá por teléfono, que la esperaba con una deliciosa comida para ella y su acompañante.
—Dame unos segundos, quiero comprar algo de energizantes. Me derrito con este calor —le dijo Matt, regresando. Aluna acomodaría las cosas en el auto.
La niña sonrió y le pidió también una soda. Iba apenas a unos pasos de la puerta de crista enorme hacia el estacionamiento, cuando una voz conocida la detuvo en seco.
—Aluna…
—Hola, Jan…
El encuentro, por completo casual, hizo que a la pobre chica le empezaran a temblar las piernas, aunque supo disimularlo. Además, ese hombre iba acompañado por su pareja.
—Qué coincidencia… bueno es verano, todos venimos a saludar a nuestras familias, supongo…
En el momento en que Aluna le iba a responder, Matt salió del supermercado, fascinado con unos chocolates que había encontrado y haciendo un escándalo por ello. No notó la presencia de los otros dos y fue directo a su chica a mostrarle la caja que llevaba. Aluna le sonrió, quiso decirle algo, pero fue entonces que la pareja de Jan, saltó en un pie al verlo.
—¡¡Ah!! ¡¡Dios mío!! ¡¡Eres Matthew Siberan!! ¡¡Por favor deja que te tome una foto!!
El momento no podía ser más confuso. Matt por fortuna había entendido en el sencillo inglés que la joven omega tenía y accedió a hacerse una selfie, en realidad muchas. Aluna los veía muy divertida, la situación era en verdad hilarante.
—¿Qué haces con Matthew Siberan? ¿Eres guía turística ahora? —preguntó el disgustado hombre, ante la actitud de su novia.
—¿Qué dijo? —preguntó Matt intrigado. Aluna le tradujo tal cual sus palabras.
—Bueno, no sé quién rayos eres, pero Aluna es mi prometida.
Jan suspiró fuerte, había entendido aquello, claro que sí. El inglés, a fuerza de ese nuevo mundo, se había convertido en algo obligatorio. Quiso disimular, la sorpresa, sin embargo, no lo logró. Miró a Aluna que se despedía de él con un ademán y al dar la vuelta, con su cabello recogido, él se dio cuenta de que ese tatuaje, esa horrible marca de su vida, había desaparecido.
Sintió que algo estaba mal, que aquello no era posible. Sin medirse, la haló por un brazo para hacerle el reclamo, fuera de lugar en todo sentido.
—¡¿Qué hiciste en tu cuello?! ¡¿Qué fue lo que…?!
No pudo terminar de hablar, pues Matt lo tomó por la muñeca y lo empujó con fuerza excesiva, haciendo que cayera de forma estrepitosa. Luego se puso frente a Aluna, dejando que sus feromonas muy superiores se esparcieran. Si había que dejar salir a su salvaje interior, lo haría, pero a su Aluna, nadie la tocaba.
***
Fin capítulo 25