XXVI
La atención de los dos Alphas que estaban por enfrentarse por una hermosa hembra, a los ojos de los curiosos, era algo nunca antes visto en aquella pequeña ciudad de predominancia beta. Las feromonas de ambos estaban al rojo, iba a ser imposible evitar la pelea, además, parecía ser que la querían. Jan se levantó, se irguió y cuando iba a lanzar su primer golpe, sin que nadie se lo esperara, fue detenido de una enloquecida bofetada.
—¡¿PERO QUIÉN DIABLOS TE HAS CREÍDO?! —dijo una dulce voz, en extremo enojada—. ¡¡No puede ser que hagas ese tipo de reclamos y espectáculos!! ¡¡Frente a tu pareja omega destinada!! ¡¡NO ME FALTES MÁS AL RESPETO!! ¡¡NO SOMOS NADA!! ¡¡NO TE ATREVAS SIQUIERA A METERTE EN MI VIDA!!
Aluna temblaba de ira. Matt sumió los labios, en ese momento no reconocía a su hermosa dama, que siempre se había mostrado tan serena y gentil. Aunque amó en el alma conocer esa parte de ella. No había entendido una palabra de lo que dijo, pero estaba seguro de que no era nada halagador.
La jovencita se giró rápidamente a Matt, y él se cimbró un poco al verla tan molesta.
—¡¡Y tú!! ¡¡Me dijiste que no ibas a pelear con nadie!! ¡¡Tonto!! —gritó al patinador. Luego le dio unos golpes en el pecho.
Con ternura y sin que nadie en absoluto lo esperara, menos ella, la cargó en sus brazos y dio la espalda a ese otro Alpha. Aluna no supo qué hacer, así que se abrazó a Matt por el cuello. Quería llorar, estaba muy alterada.
—Espero que entiendas lo que voy a decirte. No vuelvas a acercarte a Aluna de ninguna manera. Tuviste tu oportunidad, y lo único que hiciste fue romperla a ella. Yo no voy a dudar en hacerte mucho, mucho daño.
Jan apretó los puños, aun así, no pudo hacer nada, porque su pareja lo miró con algo de decepción. Ellos eran destinados, se suponía que aquello significaba casi que solo debía orbitar a su omega, pero parecía ser, que el ego y el orgullo de Alpha le cegaban, y creía que Aluna, quien fue suya en algún momento, le pertenecía todavía.
Matt no la puso en tierra hasta que fue el momento de subir al auto. Regresó por la compra que Aluna había dejado tirada, ya Jan se estaba retirando y todo se calmaba. Cuando subió al fin para seguir la ruta a la casa de su futuro suegro, la vio a ella, conteniendo al máximo su llanto.
—Aluna —susurró con ternura—, yo estoy para que puedas desahogarte… tú me has acogido en mis peores momentos, yo ahora quiero…
Ante esas palabras, la niña se soltó a llorar, lanzándose a su pecho. Estaba en una mezcla tan profunda de sentimientos, que lo abrazaba, lo golpeaba un poco en su pecho y luego seguía llorando y hablando, solo que lo hacía en su idioma y el hombre no entendía nada. Él solo la acariciaba y le daba besos en su hermoso cabello.
—Gracias, ya estoy más tranquila. Es horrible lo que pasó… cómo pudo hacerme eso, es un cínico.
—Debiste dejar que le partiera la cara. Sí, ya sé, prometí no pelear, sin embargo, creo que se lo merecía —replicó Matthew poniéndose su cinturón de seguridad.
—Claro que se lo merecía… ¿Pero acaso no viste el rostro de esa otra chica? Su compañera… Ella pasó de la euforia por conocerte, a la enorme decepción de ver cómo el hombre que dice solo amarla a ella, iba a pelearse por alguien más.
Matt no había notado para nada esa situación, casi ni recordada la existencia de ese cuarto actor en escena. Solo hasta que Aluna se lo dijo, se sintió terrible. La falta de respeto a la destinada de ese otro imbécil, solo reforzaba la teoría que los omegas no tenían otra función en el mundo más que reproducirse.
Ya ambos, un poco más calmados, siguieron a casa de Aluna. Él seguía muy sorprendido con la modernidad de esa pequeña ciudad y sonreía con ese paisaje en el horizonte, tan prístino, lleno de montañas y cielo azul. Solo 10 minutos después, parecían haber llegado. Matt se puso algo nervioso, iba a hablar con el padre de su futura esposa, aunque ella no supiera lo tan en serio que iba su novio Alpha.
—¡¡Aluna!! —se escuchó que alguien dijo con demasiada emoción—. ¡Mi niña!
Un hombre delgado y un poco más alto que ella, abrió los brazos y recibió a la chica, que fue hasta él corriendo. Estaban desatados de amor; aquel sencillo señor, era el padre de su prometida. Matt se quedó junto al auto, algo inquieto, no sabía qué hacer, jamás había pasado por una situación parecida.
—¡Muchacho! —habló el señor emocionado—. No te quedes ahí, pasa, eres bienvenido.
Matt sonrió, estaba feliz de ese recibimiento y más el que el señor hablase su idioma. Se acercó y recibió un fraternal abrazo de su suegro, que le ayudó con las valijas. Luego se dio cuenta de que estaba entrando por la parte trasera de la casa, al frente estaba el negocio de la familia.
La casa de Aluna, era como ella. Se respiraba tanta tranquilidad y todo estaba en un perfecto orden. Había flores por todos lados y la luz que entraba de los enormes ventanales, daba esa sensación de paz. Una de estas, en particular, daba hacia las montañas, haciendo todo más bello.
—¿Matt? —interrumpió Aluna aquella observación—. Sígueme, te diré cuál es tu habitación para que te des un baño y te cambies, debes estar sudando mucho…
—¿Cómo que «tu habitación»? ¿Acaso no vamos a dormir juntos?
—Sí, lo haremos, solo era una forma de decirlo.
La chica sonrió y lo guio hasta el segundo piso, todavía más bello. Allá pudo al fin quitarse algo de ropa y darse un baño como debía. Por toda la casa había un delicioso olor a pan recién horneado, que provenía del negocio de la familia. Al bajar de la escalera, se le hizo curioso no encontrar a nadie, así que tuvo que ir hasta el negocio, donde los vio, al padre y a la hija, rodeados de mucha gente.
—¡¡Es él!! ¡¡Es Matthew Siberan!! —gritó uno de los presentes emocionados.
Las personas no pudieron disimular el gusto que les daba verlo, él era una celebridad y no solo por ser un Alpha. Aun así, Matt no imaginaba que el Holanda fuese famoso por su trabajo. Él levantó su mano para saludar y fue entonces que el padre de Aluna, les dijo que debían comer, que por favor no lo agobiaran.
—Otto, no seas engreído… —dijo alguien de forma jocosa—. ¡Tu yerno es una celebridad!
Por fin, el buen hombre logró cerrar la puerta de vidrio de su local y llevarlos al comedor. Pidió disculpas por la actitud de los vecinos, que lamentablemente se habían enterado de la visita de Matt por esa pelea.
—Señor Otto, no se preocupe. Le agradezco mucho que me haya recibido en su casa, que por cierto, es hermosa…
—Otto, muchacho, solo Otto. Por favor, siéntete como en casa, ahora será la tuya.
La mesa estaba llena de viandas que hicieron agua la boca de Matt. El muchacho empezó a comer con una avidez impresionante, diciéndole que ahora entendía que la sazón maravillosa de Aluna lo había heredado de él. Otto hablaba perfecto inglés, así que la comunicación era muy fluida.
—Muchacho, Aluna me ha dicho la relación que tienen, la verdad me sorprende que alguien como tú, un atleta de tu nivel, haya ido a tomar un curso en finanzas…
—Verá usted, señor, en la última de mis presentaciones, no hice un giro correcto, y mi rodilla se estrelló contra la pista. Se hizo pedazos y ya eso significó el fin de mi carrera. Mi mamá, al ver que ya no sería lo mismo, me forzó a tomar ese curso, para que me alejara un poco del ojo público y de la prensa que me hizo su bolsa de boxeo. Yo llegué ebrio a esa presentación y eso desató mi descenso. Ahora, creo que no pasa algo malo sin que algo bueno venga. De no haber sido así, no habría ido a esa Universidad, y no hubiera conocido a Aluna…
Otto se quedó muy sorprendido con la respuesta de Matthew, no esperaba tal sinceridad de su parte. Él era así, su condición genética no le permitía ser tímido. Aluna le sonrió a su padre, y este a su vez notó lo feliz que era su hija al lado de ese muchacho.
—Dime, hijo, ¿qué planes tienes ahora?
—Señor, yo tenía varias propiedades regadas por el mundo, y con ayuda de mi madre he vendido algunas, para comprarme una casa, donde viviré con Aluna. Usted no tiene que preocuparse porque en este momento yo no tenga trabajo.
»He pensado en presentarme al comité olímpico, ellos han intentado contactarme, ahí de seguro tengo empleo. A Aluna no va a faltarle nada, y viviremos donde ella me diga que lo desea. Aun así, me temo que va a hacer en uno de los sitios donde la delegación me envíe, que seguro será en una ciudad principal. No importa, tenga por seguro que el dinero no será un problema y lo estaremos visitando muy seguido.
Aluna y su papá se miraron sorprendidos, al saber que Matt ya tenía todo un plan a futuro. Otto tomó un poco de agua, y luego soltó una pequeña risa.
—Bueno, muchacho, yo te preguntaba que planes tenías para más tarde, hoy. Lo siento mucho que hayas pensado que te acosaba.
Matt se sonrojó un poco, él casi siempre hablaba sin filtro alguno, y todos en el campus se dieron cuenta de ello. Por eso, también era muy sincero. Aluna estaba un poco ausente, ya que saber todos esos planes, que la incluían de inicio a fin, la dejó muy sorprendida.
Tocaron a la puerta de la casa, algo inusual en ese momento. Otto se apresuró a abrir, solo que no esperaba que quien estuviera en la puerta fuera nada más y nada menos, que la madre de Jan.
***
Fin capítulo 26