Los ojos cafés de Víctor me observan con más prepotencia que antes, como si tuviera derecho a hacerlo, como si aún tuviera algún poder sobre mí. Infla el pecho como un idiota, una maniobra tan vacía como su conciencia. Miro a los lados, buscando desesperadamente una salida, alguna vía de escape de estas dos sombras del pasado que no dejan de seguirme, si es que se les puede llamar personas. Mi garganta arde con cada palabra que quiero gritar, pero no puedo, no aquí. Me debato internamente. ¿Debo decirles que soy la prometida de Atlas? ¿Aprovechar esa carta, al menos por esta noche? Aunque…sé que lo dudarían. O lo usarían en mi contra, como todo lo demás. ―No puedes alejarte de mi prometido, ¿cierto? ―escupe Lily, su voz es un látigo venenoso que me hace retroceder un paso―. Tienes la man

