Acomodo mi corbata luego de que los estilistas se retiran de la habitación, y me doy la vuelta para ver a Hugo, quien ha mandado a traer una pizarra, se ha colocado unos lentes ridículos y parece que se ha tomado muy en serio eso de “enseñarme” en cuanto a cómo actuar con las mujeres, pero específicamente con Mirabella. Tiene una sonrisa que me hace temer lo peor. ―Te daré una guía rápida para conquistar a esa chica, pero si quieres métodos más fuertes como “brujería”, tú solo dime y le hacemos un “amarre”. Dicen que son muy efectivos ―comenta como si habláramos de algo completamente normal. ―Nada de “amarres” ―espeto, entrecerrando los ojos. ―Solo lo dije por si te veías muy desesperado. No necesitas “amarre”, eres muy guapo ―me guiña el ojo sin ninguna vergüenza. ―Ve al punto, Hugo ―

