Oliver y yo llegamos a una capilla que se encuentra en un lugar apartado de la ciudad, es casi una carretera de servicio pero es algo hermoso, no está rodeado de concreto ni de gente y es algo que, sinceramente, me causa una pequeña alegría, cosa que no creí posible. Estoy tan nerviosa, Dios, me voy a casar y sólo tengo 18 años, esto no era lo que yo esperaba en mi vida, siempre he querido primero ser doctora y luego preocuparme por esas cosas, pero ahora lo estoy haciendo todo al revés, aunque, si tengo que confesarlo, estar a punto de casarme con el soltero más joven y guapo de la ciudad es algo irreal, lo que me provoca aún más nervios. Entramos a la capilla y hay un hombre al final del pasillo que creo que conoce a Oliver, pues, en cuanto entramos él se acerca feliz con los brazos ab

