CAPÍTULO 5: AMIGOS.

1113 Words
Unas horas más tarde — Vaya, no pensé que te vería así. — respondió Carlos mientras degustaba un sándwich con muchas ansias. — Ni yo, nunca me imaginé verte por aquí. ¿Al fin se arreglaron las cosas con tu padre?. — pregunto mientras recordaba que antes de irse Carlos había tenido un fuerte enfrentamiento con su padre, intento ayudarlo, pidiéndole el favor a Tamara de que le permitiera quedarse con ella mientras todo se calmaba, sorpresivamente ella acepto. — Bueno, las cosas se arreglaron, pero no e vuelto con el, ya sabes para evitar volver a lo mismo — Entiendo. — Y dime, ¿Y tú?. Tamara me contó que te encontró el otro día por el parque. — ¿Qué te dijo?. — con nerviosismo lo miro, no sabía cuanta información había salido de la boca de la pelinegra, a veces solía hablar demás. — No mucho, solo que al parecer volviste a casa de tus padres. ¿Es cierto?. — lo miro con seriedad dejando a un lado su almuerzo, aquello fue tedioso para Carlos, sin embargo, este tema era mucho más importante. — Si. — evitando su mirada contesto. — Sabes que cualquier cosa puedes contar conmigo, incluso con Tami. — ¿Tami?, ¿Se hicieron los grandes amigos o algo por el estilo?. — bromeó para alivianar el ambiente. — ¿Celos Josué?, Sabes que siempre seré tuyo. — lo miro con fingida seriedad, para después tirarle una mirada coqueta. Aquello los hizo estallar en risas hasta no poder respirar. Decidieron continuar su plática hasta que el descanso termino, lamentablemente no habían quedado en los mismos salones, pues Carlos era unos años mayor que el, incluso Tamara, iban más adelantados, pero aquello no los desánimo a seguir con el buen ánimo. Al contrario Carlos lo invito aún pequeño convivió improvisado que realizarían está noche, solos el, Tamara y Carlos. Como en los viejos tiempos, hablando de cosas sin sentido y una que otras confesiones que a sus ojos era tonto, pero muy en el fondo eran valiosas, pues era una manera de sacar la frustración que cargaban. Eran las únicas personas que confiaba realmente, podía confiarles hasta el delito más bochornoso, sabía que estarían ahí para escucharlo o al menos eso seguía pensando, realmente esperaba que todo siguiera igual, aún cuando la distancia los había separado. — Hay que continuar dónde nos quedamos. — se dijo así mismo una vez salía de la área de descanso. Apenas era el primer día y ya tenía muchas actividades pendientes, sería cansado, pero lo lograría. Con una sonrisa en el rostro y con un nuevo sentimiento cálido alejándose en su pecho camino directo a la biblioteca por algunos libros que necesitaría para empezar. El tiempo sin duda corría rápido, cuando miro el enorme reloj del lugar supo que era momento de volver a casa, aunque en realidad el hombre de la biblioteca insistían es que terminara rápido, pues ya quería cerrar e irse a casa. Se encontraba tan sumergido en aquellos libros que el tiempo sin duda voló, cuando salió pudo ver qué nadie más quedaba, ahora entendía la insistencia del hombre. — Se permanece abierto de ocho a Diez de la noche, ni una hora más, ni una hora menos. — Pronuncio el hombre mientras caminaba por los enormes pasillos del lugar, alejándose poco a poco en la oscuridad. Oscuridad. Pronunció su subconsciente alertándolo, estaba oscuro, odiaba caminar por las noches y más cuando le tocaba caminar solo, nunca sabías que cosas podías encontrarte en ella. Sin embargo, ya era tarde y debía llegar a casa a prepararse para esta noche, se lo había prometido a Carlos y debía cumplir su palabra. Suspiro intentando calmar sus nervios, no podía tener otro ataque y menos si no había nadie cerca. Con cautela camino por aquel pasillo en dónde aquel hombre de la biblioteca se había ido, no era tan bueno en recordar nombres, pero se le daba bien aprender a fijarse dónde iba o venía, era algo que había aprendido a la mala desde pequeño pues constantemente solía perderse, muchas veces pudo salir victorioso, pero este no fue el caso. La oscuridad era notoria, el temor se hizo presente ante la poca luz que había y las sombras que eran creadas por algunos árboles secos que se movían a causa del aire fresco. — Dios, ¿en qué momento me quedé tan tarde?. — pregunto atemorizado a la nada, provocando que se escuchará el eco de sus palabras. Siguió caminando intentando dejar aquellos pensamientos negativos, estaba pensando seriamente en quedarse en un lugar quieto hasta esperar que lo encontrarán, pero era tonto ya que nadie sabía dónde había estado y por supuesto no se darían cuenta de su ausencia tan rápido. Muchos escenarios llenaron su cabeza mientras caminaba, cosa que no se dio cuenta. Hasta que terminó cayendo boca abajo al tropezarse con unas escalones. — Auch, ¿Por qué a mí?. — se quejo un Josué demasiado afligido. Estaba agotado, perdido, tenía frío y lo único que deseaba era regresar a casa y estar en su cama caliente y con los únicos pensamientos de que haría mañana. Hasta que escucho una voz poco lejana; — ¿Hola?, ¿Hay alguien aquí?. — S-sí, si. — ¿Te encuentras bien?. — pregunto una joven de baja estatura, por la oscuridad no se podía ver a la perfección pero estaba seguro que era una alumna. — Si, gracias. — ¿Qué haces a estas horas?, Digo, si no es tanta discreción. — Oh, tranquila, solo… Me perdí. — se sincero mientras con vergüenza miraba a otro lado. — ¿Eres nuevo? — pregunto con cautela la joven quien había soltado una pequeña risa ante la confesión. — Si, empecé hoy. — No te juzgo, yo también me perdí la primera vez que vine aquí, es demasiado extenso así que es fácil perderse, mas con mi estatura. — Pues yo pienso que tú estatura está bien. — sin poder controlar lo que de su boca salía no tuvo más remedio que pedir disculpas; — Perdón, no quise incomodarte o algo parecido. — Tranquilo, a sido un gusto conocerte, pero debo irme. — Cierto, ¿Me puedes decir dónde está la salida?. — Claro, continuas este pasillo recto hasta llegar a los siguientes escalones y doblas a la izquierda, hay una puerta que da a la salida. — Anotado, muchas gracias. — No hay de que. Sin más la misteriosa chica se esfumó mientras Josué caminaba contento al encuentro de sus amigos, algo le decía que debía formar una buena excusa, pues tendría a dos personas insistentes haciéndole preguntas en toda la noche.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD