CAPÍTULO 4: DE REGRESO.

997 Words
El lunes por la mañana. El día había empezado de una manera agotadora, anoche llegó muy tarde ya que tenía temor de encontrarse a su hermana, por lo que tuvo la buena idea de esperar hasta media noche y poder entrar por la ventana, pues había un pequeño camino que había descubierto días después de su regreso. — Todo estará bien, arriba. — se animó así mismo, su cuerpo pedía más descanzo, pero pronto serían las seis de la mañana y se le haría tarde. Con prisa empezó a alistarse, por torpeza termino delante del espejo, aprovecho para acomodar su camisa y mirarse, su ropa no era la mejor, pero tampoco la peor, pues aunque no fuera algo adecuado para el lugar a el que asistiría era mucho mejor que sus otros atuendos. El pensamiento de no ser suficiente para aquella escuela que creía en él se volvió en preocupación. Sin embargo, la pequeña bolsa de seda con unas flores secas se vieron por el espejo, dándole algo de valentía para continuar, ya estaba aquí, no había vuelta atrás. "Demuestrate que puedes", fueron las palabras que resonaron en su cabeza, aquella voz le impulso a continuar. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios, mientras un mechón de aquel cabello esponjoso caía en su frente dándole ese toque juvenil. Estaba listo. Con prisa tomo aquella bolsa donde se encontraba todo lo que necesitaría para sobrevivir está semana en aquel lugar. Estuvo a punto de salir por la puerta de aquella casa, sin embargo, sintió un vacío extraño en el pecho, pero aquello no importo tanto, pues aunque sintiera aquella sensación nada lo de tendría, aun cuando sintió que su garganta se cerro, cuando intento pasar saliva y no lo logró... Aún así continúo. Tú puedes. Tú puedes. Tú puedes. Vamos. Repitió una y otra vez en su mente, pues aunque lo intento en voz alta no pudo ni siquiera susurrar. Cerro los ojos con fuerza al no poder controlar lo que su cuerpo hacia. No era la primera vez, eso lo sabía. Pero aquella mujer que lo tomó como familia siempre estuvo intentando calmarlo. Poco a poco la neblina de pensamientos malos fue esparcida lejos con el recuerdo de el en aquel campo de flores de manzanilla, tan bellos y pequeños, pero sobre todo coloridos. Los pequeños solesitos. De pronto el recuerdo de un pequeño niño de cabello oscuro, sus pequeños ojos color cafés y su tes clara apareció, estaba en un enorme parque, rodeado de mucho ruido, aparentemente solo, pues se había perdido en un abrir y cerrar de ojos. Tenía mucho miedo, pero siguió mirando a su alrededor en busca de una cara familiar, intento e intento pero no pudo reconocer a nadie. Los minutos pasaban como si fuesen horas, la desesperación era demaciada, era un niño, estaba asustado, justo como ahora. Sin embargo, en ese tiempo una pequeña mariposa se poso sobre él, haciendo que olvidará por un momento todo lo que pasaba. Pero en este momento lo único que lo hizo entrar en razón fue el ruido del gran lugar, al abrir sus ojos contemplo un hermoso amanecer justo enfrente suyo. Respiro lentamente el fresco de la mañana, está vez se sintió un poco mejor y solo así continúo, sus piernas temblaban, incluso sus manos, pero continuo, está vez sin mirar atrás. El camino había estado algo complicado, más con lo que le sucedió al salir. Pero decidió olvidar aquello para que no arruinara su día. Hoy sería un gran día, se lo dijo una y otra vez en toda la mañana, incluso cuando entro por las grandes rejas del lugar. Había sido algo mágico para él. — Muy buenos días estudiantes, es un gusto tenerlos en este respetable establecimiento. Será una etapa más en su vida, la cual esperemos y sea inolvidable. Sin más, que comienzen su estadía, nos veremos pronto. — pronunció con voz audible un hombre alto y bien vestido, el era el encargado del lugar, Josué lo supo desde el primer momento, estaba igual de emocionado que los demás adolescentes de su edad. Los nuevos se fueron apresurados en busca de su tutor, pues este les daría un recorrido, era normal para aquellos quienes apenas iniciaban estaban tan emocionados por el lugar, pues se decían que en estás paredes habían existido grandes creaturas y demás cosas, dignas de historias impactantes. Por otro lado los que ya llevaban mucho tiempo en el lugar no se impresionaban tanto, pues al parecer ellos habían perdido aquella emoción al estar tanto tiempo aquí. El lugar sin dudas era enorme, mucho más de lo que se imagino Josué que sería. Incluso sus compañeros murmuraba de la impresión. No podía culparlos, pues el también se había quedado embobado mirando el lugar, que incluso estuvo a punto de caerse un par de veces, a comparación de algunos que no tenían tanta suerte y terminaban en el suelo, provocando que sus superiores rieran por lo gracioso que era verles. — Y por aquí, podemos apreciar la fuente de los solesitos. Aquello lo desconcertó, esa palabra había sido muy conocida por él. Se acercó con cautela al lugar, pudo notar unos símbolos en él, sorpresivamente fueron familiares, los conocía, pero no sabía con certeza donde los había visto antes. Entonces una duda se apoderó de él. ¿Qué significaban?. Quizá preguntar, pero la vergüenza fue mucho más mayor que su curiosidad, así que solo lo dejo pasar. Continuaron con el recorrido, pero aquella pregunta seguía rondando por su cabeza, incluso otras más aparecieron. Por no prestar atención a tiempo choco con unas personas, llamando la atención de los demás del lugar. — Lo siento, no te ví, disculpa... — ¿Josué?, ¿Eres tú?. — Pronuncio una voz algo conocida. Josué alzó con cuidado su cabeza para encontrarse con un rostro conocido, el tiempo sin duda había pasado, aunque había sido algo poco era el suficiente para que ambos cambiarán física y quizás en otras cosas más.
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