CAPÍTULO SIETE —¿Este es tu coche? —dijo Naomi, muy temprano a la mañana siguiente. Usó su “tono” mientras metía su maleta en el maletero del Volvo—. Quiero decir, cambiaste en términos de hombres, pero ¿qué diablos pasó con tu gusto por los vehículos? —Necesitaba algo para moverme —respondió Lacey, sintiéndose a la defensiva de su feo sedán de segunda mano—. No me di cuenta de que me iba a establecer aquí en Wilfordshire —Dejó sus maletas en el maletero del coche—. Además, he llegado a amarlo. Naomi puso los ojos en blanco—. Hiciste que tu vida aquí sonara tan bohemia, Lacey. Resulta que en realidad es como de un vagabundo. Se rió de su propia broma mordaz, y luego se metió en la parte de atrás del coche. Lacey respiró hondo para calmar sus nervios ya tensados. Se las arregló para pa

