Capítulo 2

1687 Words
El cuerpo de la zorra temblaba mientras el amo la usaba como una puta barata. Gritó mientras el azotador le azotaba el clítoris hinchado. —¿Qué eres, zorra?—, le ordenó el amo. —¡Oh, amo, soy tu puta! ¡Soy tu zorra hambrienta de polla! ¡Soy tu coño, aquí para servirte como quieras!— El amo continuó azotándola por todo el cuerpo mientras ella gemía por el abuso. Cada azote la acercaba a su primer orgasmo de la tarde. El amo percibió la necesidad en su voz mientras jugaba con ella y la impulsaba hacia adelante. El amo finalmente arrojó el látigo al sofá y se acercó a ella. El cuerpo de la zorra temblaba de necesidad. Su mano izquierda se deslizó entre sus piernas y ahuecó su coño con dos dedos. Deslizándose dentro de su coño mojado. La zorra gimió de deseo. Casi estaba allí. El amo se inclinó hacia ella y le susurró al oído: —¡No te corres hasta que me pidas permiso, zorra, y yo te lo concedo! ¿Entiendes?—, gruñó. —¡¡Ooooohhhhh sí maestro!!—Puta gimió. —¡Desobedéceme y te mostraré lo que puedo hacerte!— El amo empezó a acariciarle el coño con los dedos mientras agachaba la cabeza y se metía una de sus enormes tetas en la boca. El cuerpo de la zorra se estremeció al empujarla más. Se levantó y la besó profundamente, atrayendo su cuerpo hacia él. —¡Te gusta chupar pollas! ¡No, zorra! —¡Oh, sí, amo!—Sus gemidos eran ahora un gemido. —¡POR FAVOR, AMO!—, jadeó. —¿PUEDO CORRERME?—. Él podía percibir la urgencia en su voz. Se inclinó y le susurró al oído: —¡No, no puedes, zorra! ¡Aún no lo necesitas lo suficiente! ¡Te voy a romper la cabeza antes de que esto termine! —¿Y ahora dónde estaba?—, preguntó en broma. —¡Ah, sí! ¡Tus habilidades para chupar pollas!—El amo metió los dedos en su coño efusivo y jugó con ella mientras sentía que su cuerpo casi se desplomaba. —Creo que mañana llenaré esta habitación de pollas para que las chupes. ¿Qué te parece? La zorra gimió y tembló aún más al pensar en ser usada como una puta barata para satisfacer a una sala llena de pollas. Habían hablado de esa situación muchas veces. Y cada vez la ponía más cachonda. El amo rió entre dientes, sabiendo cuánto la excitaba ese pensamiento. —De verdad que eres una puta chupapollas. —¡Pero eso es mañana por la noche! Muéstrame lo buena chupapollas que eres. ¡Ponte de rodillas, zorra, y haz que me alegre de ser tu amo! Debbie se arrodilló como le habían ordenado. El Amo la agarró del pelo y le echó la cabeza hacia atrás, dejándola boca arriba. Tomó su pene, que se endurecía, con la otra mano y empezó a abofetearle la cara de un lado a otro. Debbie intentó atraparlo con la boca abierta mientras se deslizaba entre sus labios. El Amo rió. —¡Eres una zorra loca por las pollas! ¡Mmm! ¡Eso es! ¡Atrapa esa polla, sucia zorra!—. El Amo le frotó la cara con su pene mientras ella gemía, intentando llevárselo a la boca. Cuanto más la humillaba el Amo, más lo ansiaba. —¡Mmmm!— gimió. —¡Me encanta! ¡Dámelo! ¡Dámelo!—, casi suplicaba. El amo siguió frotándole la cara con su polla. —¿Quieres que te folle la cara con esta polla? ¿Es eso lo que quieres, zorra? —¡Ooooohhhhhh! ¡Sí! ¡Sí! ¡Fóllame! ¡Atragáchame! —gimió Debbie de deseo. Cuanto más la dominaba y humillaba el Amo, más ansiaba su control sobre ella. El amo le metió la polla en la boca hasta que la cabeza de su serpiente intentó abrirse paso por su garganta. Debbie sintió náuseas, incapaz de apartar la boca de su polla. El amo le sujetó la cabeza con fuerza y comenzó a follarle la cara con furia. Debbie empezó a hacer ruidos de gorgoteo y sorbos al sentir náuseas. Después de un par de minutos, el amo le arrancó la venda de los ojos. Debbie entrecerró los ojos mientras intentaba adaptarse a la luz, con lágrimas corriendo por sus mejillas. Miró al amo mientras él le sonreía. El amo le sacó la polla de la boca. Debbie jadeó en busca de aire, aspirando todo lo que podía con cada trago. "¡Demasiado!", preguntó con ternura en la voz. Sabía que ella deseaba esto, pero no estaba seguro de si había ido demasiado lejos. —¡No! —jadeó Debbie—. ¡Soy una zorra! ¡Fóllame como tal! —Abrió la boca y esperó su siguiente invasión. El amo condujo a su zorra por el suelo, de rodillas, hasta una silla en la esquina. Se sentó y le acercó la cabeza a su entrepierna. —¡Chúpame estas pelotas! Debbie bajó la cabeza y se metió la lengua en su escroto, bañándolo con la lengua. —¡Mierda! ¡Eres una buena zorra!— El amo puso la pierna sobre el brazo de la silla para facilitarle el acceso a su escroto. Le mantuvo la cabeza en su sitio durante más de veinte minutos mientras ella le demostraba sus habilidades orales. —¡Maldita sea! ¡Podría tenerte ahí abajo todo el día!—, gimió el amo. —Pero necesito vaciar esas pelotas. El amo la apartó de sus testículos y le metió la polla de nuevo en la boca con renovada intensidad. Sus manos sujetaron su cabeza con fuerza, bombeándola de un lado a otro, mientras su boca le acariciaba la polla como la zorra hambrienta que era. Nunca antes había tratado a una mujer con tanta rudeza. Pero parecía que cuanto más la usaba, más excitada se sentía. Después de varios minutos, sintió que su orgasmo estaba a punto de estallar. Aguantó todo lo que pudo, disfrutando de cada sensación que su zorra le proporcionaba. Quería que esto durara para siempre. Su polla finalmente irrumpió en su boca, llenándola de su semen. Debbie se atragantó y sintió arcadas mientras la polla de su amo le llenaba la boca con su semen. —¡Uf! ¡Uf! ¡Eso es, zorra! ¡Tómala!—Gruñó el amo mientras su polla se vaciaba en su suave y cálida boca. El amo mantuvo sus dedos entrelazados en su cabello mientras ella lo vaciaba. Su agarre en su cabeza se aflojó al disminuir su orgasmo. Debbie continuó chupando su polla intentando absorber todo su fluido. Deseaba desesperadamente complacer a este hombre que ahora controlaba la bestia dentro de ella. El Maestro finalmente levantó la cabeza. —Llevémonos esto a mi cama. Donde perteneces. Debbie estaba casi mareada de emoción mientras su Amo la conducía arriba, a su dormitorio. Esto era más que solo sexo para ella ahora. Era su Amo reclamando su... propiedad. Entonces su familia volvió a pasar por su mente. «¿¡QUÉ DEMONIOS ESTOY HACIENDO!?», gritó su cerebro. No tuvo tiempo para pensarlo. El amo la condujo a los pies de la cama y le quitó una de las esposas. —Date la vuelta y túmbate en la cama—, le ordenó. Debbie se tumbó con las piernas colgando por el borde. El amo le levantó las piernas y las apartó hasta que quedaron paralelas a su cuerpo. —Rodéate las piernas con los brazos—. Debbie hizo lo que le dijo una vez más, con los brazos metidos tras las rodillas. El amo le volvió a colocar la esposa en una de sus muñecas. Su trasero y su coño quedaron expuestos a lo que él quisiera hacerles. Las esposas que le puso no eran baratas de una tienda de juguetes para adultos. Eran auténticas. Sabía que no se levantaría de aquella posición hasta que la soltara. El amo se inclinó sobre su cuerpo, entre sus piernas, y le sonrió. Tenía una sonrisa traviesa que le hacía estremecer el coño cada vez que la veía. —Para que lo sepas. Me gusta dar placer más que dolor. Si eres una buena puta para mí, esto es lo que tendrás. Si eres una puta mala, te pondré el culo rojo. El amo se arrodilló y le inspeccionó lentamente el culo y el coño con los dedos. Debbie gimió mientras sus dedos se deslizaban por su coño y culo. —No hay nada más dulce que el coño de una zorra—. Bajó la cabeza y lamió toda su raja, desde el culo hasta el clítoris y de vuelta. Su lengua recorrió su raja de arriba abajo, hundiendo a Debbie cada vez más en su locura s****l. Debbie intentó meter su coño en su boca. No se cansaba de lo que le hacía. El amo finalmente succionó su clítoris, mordisqueándolo mientras la punta de su lengua lo acariciaba. Debbie gimió de deseo. —¡OH, POR FAVOR, ¿PUEDO CORRERME? ¡POR FAVOR!—El Amo ignoró sus súplicas, manteniendo la boca pegada a su clítoris. Su cuerpo se convulsionó mientras empezaba a llorar con su súplica. —¡POR FAVOR! ¡OH, POR FAVOR!—El Amo levantó la cabeza el tiempo suficiente para decir: —¡Puedes correrte! El orgasmo de Debbie comenzó en lo más profundo de sus entrañas y recorrió su cuerpo como una ola. Su grito inicial de éxtasis se transformó lentamente en llanto y gruñidos a medida que la intensidad se apoderaba de ella. Nunca antes había sentido algo tan intenso y absorbente. Su cuerpo se convulsionó y tembló mientras perdía el control no solo de su reacción física, sino también de sus emociones. No solo estaba experimentando algo que nunca creyó posible, sino que lo estaba experimentando con una profundidad de emociones que nunca antes había sentido. Este hombre al que se había entregado la dominaba en todos los sentidos.
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