La felicidad que Zoé me mostraba en esos momentos fue mi recompensa por haber exhumado el cuerpo de su tío y entregarlo en sus manos, también ese beso en el que podía sentir que me quería más de lo que sus palabras me pudieran expresar. —Ya dejen de lamerse las caras y vámonos que el avión nos va a dejar —Sofía mostró una cara de asco —deben de comportarse, hay tres niñas presentes. A pesar de que Sofía tenía esa cara, podía notar que se sentía contenta al ver a su tía Zoé sonreír nuevamente. —Vámonos —tomé las maletas y miré mi celular —ya el taxi nos está esperando. Nos fuimos después de despedirnos de la señora Vanesa, que tenía sentimientos encontrados por la partida de Zoé. —Estaré bien y puede mantener el contacto conmigo si así lo desea, sepa que tiene a alguien en España si a

