Los estilistas peinaban mi cabello a toda prisa y la maquillista me arreglaba al mismo tiempo. Habían demasiadas manos a mi alrededor y uno que otro jalón de cabello, también unos cuantos pinchazos cuando me maquillaban. —Bueno —Emanuelle me miró y sonrió con satisfacción —. Has quedado preciosa, pero no te puedes ver hasta que tengas el vestido puesto. El vestido no me lo pusieron como querían hacer, lo hice yo sola y luego solo dieron unos pequeños arreglos sin que me vieran mis carnitas. —Bueno, ahora si te puedes ver. Colocaron dos espejos de cuerpo completo delante de mí y me sorprendí al ver lo que estaba viendo, si no fuera porque caminé y me moví haciendo que todo se reflejará en los cristales, pensaría que es otra persona. —Bueno, supongo que esta es la reacción que tanto esp

