Sara-Actualidad (febrero 2011)
Le di un sorbo a la copa de vino que sostenía en mi mano, dejando que mis ojos se perdieran, observando alrededor. Vivía en el departamento de mis sueños, en la zona que siempre había querido vivir. Era exitosa. Tenia dinero. Todo lo que siempre quise. Sin embargo, en medio del silencio como tañido, la copa de vino sobre mi mano y mis ojos perdiéndose, divisando todo detenidamente, percibí a mi amiga la soledad, que muy seguido, acostumbraba visitarme.
Por cada trago de vino, la soledad y el vacío, más y más se acrecentaban, haciéndose presentes en las esquinas de los marcos relucientes de mi departamento, en la lobreguez envolviendo todos los muebles a su paso y en el frio liquido corriendo sobre mi garganta.
Las cavilaciones venían una tras otra. No podía dejar de pensar. Era como una acción. Pensaba en Layla. En su compromiso. En lo feliz que se le veía. En lo mucho que deseaba tener esa misma felicidad reluciendo en mi rostro. Pensaba en mi madre. En el monstruo que era. En su esquizofrenia. En lo que hizo. Y en como los recuerdos de quien ella fue cuando yo tan solo era una niña pequeña, se iban tornando añejos, haciéndose mas borrosos en mi memoria. Pensaba en Zedd. En la conexión que solo había experimentado con él. En su paradero. En cómo podía estar. En lo mucho que lo extrañaba. En lo mucho que me hizo sufrir. En nuestra historia. Y en cómo comenzó todo.
Años atrás (octubre 2011)
—¿Es una broma!-musito Daniel, exasperado, todavía con el ojo morado—Ni crean que me voy a quedar después de clases a limpiar, tengo cosas que hacer.
Zedd, Daniel, Ana y yo, nos encontrábamos en la oficina del director Wilson, en donde este, nos había informado nuestro próximo castigo, por la pelea ocurrida, días atrás. Nuestro castigo consistía en quedarnos a limpiar las aulas, después de las horas de clase.
—¿Por qué solo nos castigan a nosotros, si al final, comenzaron a pelearse todos contra todos?
—Porque hay testigos que afirman que ustedes iniciaron la pelea, provocando a que los demás a hacer lo mismo—repuso el director, molesto, mientras clavaba su mirada en cada uno de nosotros.
Era un tanto injusto. Que solo nos castigaran a nosotros cuatro, cuando en sí, toda la escuela había sido parte de la masiva pelea de golpes y empujones. A demás, desde un inicio, Zedd y Daniel habían sido los iniciadores de todo. Sin embargo, Ana y yo también terminamos en aquella reprensión. Solo nos tocaba obedecer y cumplir con el castigo. Ahora, tendría que quedarme horas extras después de clases, limpiando, con las personas con las que menos quería convivir. Eso incluía a Zedd. Pues quería dejar de sentir lo que sentía por él, ya que a mi amiga Lisa le gustaba, y yo no quería ser mala amiga. Mas, ¿cómo se suponía que podría evitar lo que sentía, si de ahora en adelante, lo vería de cerca, todos los días, después de clases, limpiando junto con el, teniendo que forzosamente verlo a sus estupidos e hipnotizantes ojos verdes?
—Al menos nos dejaran ir al viaje de fin de cursos—se quejo Ana, mientras salíamos de la oficina del director—que ya es en menos de un mes.
—Eso es lo que menos me importa—dijo Zedd, apáticamente, mirando hacia un punto fijo.
—¡Eres un idiota!—le insultó Daniel a Zedd—Por tu culpa estamos metidos en este lío. Y todo porque de la nada llegaste a golpearme.
Sin decir absolutamente nada, Zedd aceleró el paso, ignorando las palabras de Daniel, así colándose por una de las puertas de los salones. No tenia idea de por qué Daniel y Zedd habían comenzado la pelea, ya que según yo, ellos no se llevaban ni mal ni bien. Y Zedd no era una persona conflictiva. Sin embargo, estaba segura de que algo le había tenido que haber hecho Daniel a Zedd, para que iniciaran a pelearse de esa forma.
—Los veo después de clases—les dije a Daniel y a Ana, dirigiéndome hacia dónde estaban mis amigas—Idiotas.
Daniel y Ana solo se quejaron de tras mío, caminando despacio, murmurando acerca del castigo y de lo inconformes que estos estaban.
Llegue hacia dónde estaban Lisa y Kim, hablando frente a los casilleros. En cuanto Lisa me vio, dijo:
—Quisiera ser tu, para tenerme que quedar con Zedd después de clases.
En mi interior, trate de ignorar la culpa que sentía, por gustarme el mismo chico que a mi mejor amiga y solo me limite a decir:
—Es una estupidez. No entiendo porque nomas nos castigan a nosotros, si toda la escuela estuvo involucrada.
—Supongo que sí nos castigaran a todos, tendrían que cancelarnos el viaje de fin de cursos—repuso Kim—Y pues lo veo improbable, ya que es una tradición ir por estas fechas a Long Blanch, cada final de curso.
—Ademas, seguro que el director Wilson no castigaría a su propio hijo—repuso Lisa, lanzándole una mirada a Michael, que se hallaba sacando sus libros en su casillero, todavía con los golpes de Daniel sobre su rostro.
—Pobre Michael—le defendió Kim—El no tuvo la culpa de que Daniel le pegara. Daniel es un monstruo y él sí se merece el castigo.
—Vaya, vaya—alardee en forma de broma—A caso, ¿defiendes a Michael?
—No…,no…—titubeo Kim—¡No es lo que parece!
—No pasa nada, Kim—dije, riendo junto a Lisa—Me gusta Michael para ti. Creo que harían bonita pareja.
—¿En serio lo crees?
—Claro—contesté. De manera inesperada, le hable a Michael—Hey, Michael, ven—Kim se sonrojo, lanzándome una mirada furiosa, mientras Michael caminaba dirigiéndose a nosotras—¿No crees que mi amiga Kim es bonita?
—¿Kim..? Oh..,si…,si—titubeo Michael, viendo a Kim, tímidamente—Claro que lo pienso…, porque claro que lo es… si si lo..
—Silencio—interrumpí—entonces, ¿por qué no la invitas a salir?
—Yo…, no sé si alguien como Kim saldría con alguien como yo.
—¡Acepto!—exclamó Kim, de un momento a otro, mientras las miradas se dirigían hacia nosotros y lo que ocurría.
—¿En serio?—respondió Michael sorprendido, con un aparente entusiasmo—¡Genial!
A consiguiente, el timbre de la escuela sonó, anunciando la próxima clase. Tome a Lisa del brazo, llevándomela conmigo, mientras dejábamos atrás a Kim y a Michael conversando.
—Wow, Sara—dijo Lisa—Si que eres todo un cupido.
—¿Que te puedo decir? Solamente doy un pequeño empujón cuando veo conveniente hacerlo—respondí.
—Deberías de darme un pequeño empujón a mí.
—¿Que?
—Si, ya sabes—replico Lisa, mirándome fijamente—con Zedd
—Oh sí, claro—dije, tratando de ocultar mi desacuerdo e incomodidad—Puedo hablarle de ti, ahora que lo comenzare a ver después de clases.
—Gracias Sara—dijo Lisa, entusiasmada.
No era una mentira. Verdaderamente, había decidido hablarle de Lisa a Zedd. No podía seguir traicionando a mi amiga de esa forma. Y si en mis manos estaba la posibilidad de cambiar las cosas, entonces, lo haría. Tal vez, solo tenia que mentalizarme a mí misma, que nunca ocurriría nada con Zedd, que lo nuestro no era mutuo y que la conexión era algo que solamente yo sentía. Sin embargo, ¿aquello era algo posible? ¿Era posible que solo uno de los dos sintiera aquella conexión que se discernía tan fácilmente, volatizando sobre los aires? No lo sabia. Mas, prefería pensar que así lo era, eliminando toda posibilidad de que existiera algo mutuo con Zedd. Y tal vez, y solo tal vez, la única manera en la que podría seguir adelante, era si hacia de cupido con Zedd y Lisa, logrando que las cosas se dieran entre ellos, viendo feliz a mi amiga, y así, finalmente seguir con mi vida, olvidando que alguna vez existió aquella conexión invisible, entre Zedd y yo.
El tiempo transcurrió y llego la hora. La hora en la que las clases terminaron. Todos comenzaron a salir de las instalaciones, dejando las aulas y los pasillos de la escuela, vacíos por completo. Era extraño ver todo tan solo. En silencio. Al cabo de unos segundos, me encontré con Daniel, Ana y Zedd, junto al conserje, que se hallaba dándoles los objetos de limpieza mientras les dictaba algunas instrucciones.
—Aquí vamos—pensé, dirigiéndome hacia dónde estaban, preparándome internamente para todo.
—Okay, escuchen—hablo la exasperante voz de Ana—No tengo ganas de estar con ninguno de ustedes dos—nos señalo a mí y a Zedd—No tengo ganas de ver sus ridículas y feas caras, así que si me lo permiten, pienso que nos dividamos una sección por parejas. Daniel y yo limpiamos la sección de por allá, y ustedes dos limpian la sección de por acá, ¿entendido?
—Pero..—musito Daniel, como si fuera a darle la contraria a Ana.
—¡No quiero peros!—interrumpió Ana—Vamos, Daniel, tenemos mucho trabajo por hacer y yo ya quiero terminar—volvió a decir, llevándose algunas cosas de la limpieza, mientras arrastraba a Daniel a la fuerza, y este se quejaba.
—Creo que ya vimos quién es la que manda en el trio—me dijo Zedd, bromeando, poniendo una pequeña sonrisa sobre su rostro. Reí.
Zedd y yo tomamos los artículos necesarios y nos dirigimos hacia donde en mutuo acuerdo, habíamos elegido comenzar a limpiar.
Nos hallábamos dentro de un salón de clases, dejando que el silencio de voces, el ruido de toallas húmedas sobre los pupitres y la escoba haciendo de las suyas, nos invadiera en aquel instante. Zedd limpiaba, absorto, las butacas esparcidas en el espacio. Mientras que yo, barría el sucio suelo sobre nuestros pies. Le lanzaba una que otra mirada discreta a Zedd, observándolo realizar una acción que nunca antes lo había visto hacer. Los rayos de sol, se asomaban por la ventana, iluminando su cuerpo erguido. Sus mechones de cabello bailaban de lado a lado, mientras que un rostro concentrado, se dibujaba sobre él.
Después de escudriñarlo, volvía mi vista hacia la escoba atrayendo la basura a su alrededor, tratando de no mirar nuevamente a Zedd, limitándome a hacer lo asignado, entreteniéndome con los constates ruidos de las toallas tallando el pupitre y la escoba barriendo, a mi alrededor.
Ya basta, me dije a mí misma, tratando de ahuyentar los pensamientos sobre Zedd y las ganas de querer mirarlo una y otra vez. Pensé en Lisa. En lo que tenia qué hacer. Y en lo que era mejor para todos.
—Zedd—interrumpí el silencio—¿Qué piensas de mi amiga Lisa? ¿Se te hace linda o algo por el estilo?
—¿A que viene tu pregunta?—contestó, sin apartar sus ojos de la acción monótona, que este también hacía.
—Me gustas para Lisa—dije, mientras dejaba de lado la escoba, y me dirigía lentamente hacia él—siento que ustedes dos harían una bonita pareja.
—Ya sé que le gustó—respondió Zedd, sin emitir ninguna expresión—Y no, no es mutuo.
—Pero..—no sabia qué decir. Quede en blanco—¿cómo lo sabes?
—Es fácil saber cuándo le gustas a alguien—dijo Zedd, dejando de limpiar la butaca y mirándome fijamente. Mi corazón dio un vuelco. Su mirada sobre mí. Que manera tenia de alterar todo dentro de mi.—Por la simple manera en la que alguien te puede ver—siguió diciendo—Esas miradas secretas que te siguen y puedes sentir. Por las sensaciones percibidas cuando estas cerca. Es como si escucharas al mismísimo corazón latir—Zedd hablaba y solo me hacia pensar en si él también sabia de lo que yo podía llegar a sentir por él. Casi vomito con pensar aquello frente a Zedd—Incluso, me atrevo a pensar, que las acciones y la forma de ser y de actuar de una persona, pueden comunicarte mucho más, que las mismas palabras—expresaba Zedd, haciendo que aquella revelación explotara dentro de mi cabeza.
Me gustaba la manera tan profunda que tenia Zedd para expresar una idea. La manera tan única en la que emitía cada palabra, pensamiento, con su grave y suave voz. Me gustaba dejarme envolver por su sonido y el impacto que este tenía en mí, cada vez que la percibía.
—Me gusta esa forma que tienes de ver la vida—replique, sintiendo nuevamente la conexión entre nosotros. Aquella conexión que no desaparecía. Qué persistía. Tan tangible. Tan real. Tan intensa. Entre Zedd y yo—,creo que a veces podemos hablar tanto pero sin lograr comunicar algo en especifico, y solo basta con una mirada o con una acción, para expresarlo todo. Que loca seria la vida sí nadie hablara y todos nos comunicáramos por medio de nuestras miradas y acciones, ¿no lo crees?
—Para mi seria un mundo perfecto—expuso Zedd, dejando por unos instantes, que viera más allá de lo que se hallaba dentro de él. De sus deseos y añoranzas conocidas solo por él mismo, y su interior. Su realidad.
Y me gusto lo que vi. Algo nuevo para mí. Algo único, que solo me hacia sentirme más y más atraída por él. ¿Quién eres, Zedd Anderson? ¿De donde sacas aquellos pensamientos tan locos que solo tu eres capaz de formular en tu propia y desconocida realidad?
Aquellos segundos en los que la conexión nos sintonizaba, conectando, de alguna manera extraña, mientras los rayos del sol se reflejaban sobre nuestros cuerpos y el silencio acentuaba el imperceptible tañido de la misma conexión emergiendo entre los dos, eran parte de una memoria que viviría por siempre dentro de mi.
El nerviosismo me invadió, dándome cuenta de la tensión que podía ser percibida, y titubeando, con la intención de que Zedd no descubriera lo que yo también sentía por el, dije:
—¿Y por qué lo que sientes por Lisa no es mutuo?
—Pensé que lo habías entendido—repuso, burlándose de mí, mientras me sonrojaba—No siento nada por ella, precisamente, porque en medio del silencio y las acciones sucediendo, no percibo ninguna especie de conexión, ¿sabes? La conexión es lo que te hace sentir algo mas allá. Es como si de alguna manera, esta te conectara con alguien en especifico, en medio de tanta gente, tanto tiempo, espacio y lugares. Y yo no siento eso por Lisa.
Me quede enmudecida, pensando en lo que había dicho Zedd. Exactamente, aquello que mencionaba, sobre la especie de conexión que te conectaba con alguien, en medio de la vida sucediendo, era lo que yo podía discernir por Zedd. Era loco saber que el mismo Zedd conocía ese sentimiento, esa atracción. ¿Notara él la conexión que hay entre los dos?, pensé, sintiendo que aquel pensamiento resonó, haciéndose audible.
Luego, me sentí mal por Lisa. Estaba claro que él no sentía, ni sentiría nada por ella, entonces, ¿que se suponía que tenia que hacer?
Sin decir nada, tanto Zedd como yo, volvimos a enfocarnos en la tarea que teníamos. Seguimos limpiando bajo el silencio y la conexión, todavía percibiéndose entre los dos. Zedd era una persona seria. Yo no lo era. Sin embargo, cuando estaba con él, parecía como si lo fuera. Me ponía nerviosa y me daba vergüenza ser una parte, de quién era realmente. Pero, ¿por qué? Si muchas veces Zedd ya había escuchado las tonterías que decía o las bromas que les realizaba a los maestros en clase. Él sabia bien cómo y quién era. Él sabÍa lo espontánea que era yo. Mas, verdaderamente, ¿qué era lo que Zedd podía a llegar a pensar de mi? A caso, ¿le gustaba mi alocada personalidad? ¿O prefería que solo lo observara, en medio del silencio?
Al mismo tiempo, sentía que cuando conversaba con Zedd, podía dar a relucir, un fragmento de mi persona, que nadie más conocía. Un fragmento profundo. Un mundo, Que solo yo misma había sido capaz de explorar. Sin embargo, sentía, como si de alguna manera, Zedd estaba a punto, de explorarlo también. A punto de conocer esa pequeña parte de mí, insondable, llena de quien era yo realmente, de tras de todas las mascaras y la extrovertida personalidad que todos solían conocer. Zedd estaba a punto de encontrarse con un mundo, dentro de mí, que nadie mas conocía.
—Zedd—dije, mirándolo fijamente—Se que no nos conocemos mucho, pero con solo observarme, ¿qué tipo de persona pensarías que soy?
El corazón comenzó a latirme con fuerza. Quería saber qué pensaba Zedd sobre mí, si de alguna manera conocía quien era yo. Y no por aprobación, ni nada por el estilo. Si no que realmente quería que Zedd me conociera. Que explorara dentro de mi mundo, formando parte de un fragmento. Quería que estuviera en mi vida.
—No te lo dire—contesto, decididamente, sin mirarme.
—¡Ay! ¡Vamos! ¿Por que no?
—Ni siquiera somos amigos.
—Bueno, entonces seámoslo.
—No soy como el tipo de amigos que sueles tener—musito, lanzándome una mirada llena de misterio. Una mirada vacía.—Somos muy diferentes. Ni siquiera te gustara estar a mi lado. No veo porque tendríamos que ser amigos.
—¡No digas tonterías! Siempre es bueno hacer amigos diferentes a ti—dije, regalándole una sonrisa—A demás, en las pocas veces que he estado contigo, he disfrutado de tu compañía y de la manera única en la que eres—añadí— No eres muy diferente a mí de lo que piensas. Te sorprendería darte cuenta de las similitudes que podrías hallar dentro de mi mundo.
Y sí, aquella similitudes existían. Él podía ser introvertido, diferente a los demás. Sin embargo, era profundo y veía la vida con una percepción, que dé alguna manera yo podía entender. También sentía aquella profundidad, que habitaba dentro de el, podía sentir los sentires de su sentir, descifrarlos, y comprender, incluso, aquello que todavía no conocía de Zedd, mas aquella profundidad, desconocida e incomprendida por todos, tornaba una especie de sentido para mi, así logrando entender del todo las percepciones, las palabras y la profundidad, que nos entrelazaba a mi y a Zedd. Supongo que sí, yo era una persona popular, extrovertida y un poco básica, sin embargo, muy dentro de mi, tenia un mundo muy similar, al que también se hallaba dentro de Zedd. Un mundo. Dos mundos. Distintos. Los cuales lograban comprenderse a la perfección, conectándose entre sí, de una inexplicable manera.
Observe la extraña forma en la que Zedd se sobresaltó, cuando mencione acerca de las similitudes que podría encontrar en mi mundo, en el mundo que habitaba dentro de mí. No entendí el por qué. Solamente espere a que este respondiera algo. Sin embargo, Zedd no dijo nada. Solo siguió limpiando los pupitres, pasando a ignorarme por completo.
No supe por qué lo hacia. Me daba un poco de lastima. De alguna manera podía discernir lo solo que él estaba. Sin nadie a su alrededor. Y yo quería estar ahí para él. Ahí siempre. A pesar de que no lo conocía a profundidad. A pesar de ser como era. Diferente a mí. A pesar de todo. Quería estar ahí para él. ¿Por qué? Nuevamente la respuesta se resumía a la conexión que podía sentir entre nosotros, atrayéndonos como imanes.
Solamente sonreí, lanzando mi sonrisa al atardecer que se asomaba por las ventanas. Lanzando mi sonrisa a su delgado cuerpo, ignorando al mío. Ignorando mis palabras y la invitación de ser amigos.
Luego, volví a la limpieza, pensando en lo raro que Zedd podía llegar a ser. En lo único que él era. Y en que nunca jamas había conocido a alguien como él. Zedd era especial. Y eso, me atraía jodidamente hacia él.
—Solo me falta darle una trapeada ese horrible piso y listo—dije, entrando al aula en el que nos hallábamos haciendo la limpieza, con un trapeado en mi mano izquierda y una pesada cubeta llena de agua y jabón, en a derecha. Sin embargo, para antes de que Zedd volteara a verme, la fuerza de mi mano derecha falló y accidentalmente, deje caer la pesada cubeta al suelo del salón, haciendo que el agua y el jabón en esta, se dispersara de un lado a otro. Gracias a eso y a la vergüenza invadirme, percibí a mis dos pies resbalarse en el agua enjabonada que fluía por los resbalosos suelos. Caí, bruscamente, lanzando un pequeño grito, mientras mi cuerpo impactaba contra el enorme charco de agua en el piso.
Me sentí la persona más estupida, haciendo una vergüenza, frente a Zedd. Frente al chico que me atraía. Típico de mí, pensé, quejándome al exterior, evitando encontrarme con la mirada de Zedd, que se hallaba absorto en la penosa escena.
Sin embargo, de manera inesperada, Zedd comenzó a reírse, lanzando fuertes carcajadas, haciendo que su risa me contagiara por completo. Nunca lo había visto reír de esa manera. Me gustaba la forma en la que reía. Me gustaba esa nueva cara de él, que no conocía. Deje que nuestras risas se conectaran en medio del momento, comunicándose entre ellas, por mi graciosa y penosa tragedia.
—¿Estás bien?—me preguntó, entre risas, acercándose, y extendiendo su brazo frente a mí, para ayudarme a ponerme de pie.
—Eso creo. Solo estoy empapada y me duele el trasero—respondí, riéndome, mientras me aferraba fuertemente de su mano, para levantarme de un salto. Al tocar su mano por primera vez, su piel sobre mi piel, una parte de el sobre mi extremidad, sentí una ola de emociones abalanzarse sobre mí. Sentí una revolución en mi estomago y en mi cabeza, apoderándose de mis cinco sentidos—Siempre me pasan este tipo de cosas—me quejé.
—Por eso no me junto contigo—dijo Zedd, en tono de broma, mientras me guiñaba el ojo.
—¡Oye!—le seguí el juego, entre risas, dandole un leve empujón.
Estar con él, en medio del silencio, de las pequeñas bromas y las palabras pronunciadas, me parecía como vivir una experiencia completa. Porque lo era. Y no solamente por la conexión evidente entre los dos, sí no porque aquella era la primera vez que sentía algo tan real, por alguien, en el ámbito amoroso. Era la primera vez que experimentaba algo más allá, de simples mariposas en el estomago. El conocer y estar con Zedd, siendo parte de aquella atracción que nos envolvía, era toda una experiencia completa.
A consiguiente, Zedd y yo nos apresuramos a seguir limpiando la parte que nos había tocado, hasta terminar, exhaustos.
Minutos más tarde, salimos de las instalaciones, sintiendo la fresca brisa otoñal abrazando nuestros cansados cuerpos. El cielo comenzaba a tornarse oscuro, mientras la masa de personas fluía por aquellos rumbos, acumulándose en la estatua del famoso toro, como normalmente solía ocurrir
—¿Tú crees que tocándole sus partes a ese toro, las personas de ahí, lograran ser ricos?—repuso Zedd, mirando fijamente a la muchedumbre de nuestro alrededor.
—No lo sé—dije—Supongo que es interesante, como una especie de tradición que no pueden evitar hacer, al estar frente a la estatua.
Zedd me miro profundamente, como si escudriñara cada centímetro de mi rostro. Quería descifrar qué significaba cuando me miraba de aquella forma. ¿Qué estará pensando?
—Por cierto—dijo Zedd, de un momento a otro—¿por qué tú y tus amigas suelen ir a patear a la estatua? ¿No es como una falta de respeto o algo así?—rio de forma burlona.
Aquella forma directa de hacer preguntas o comentarios, era tan típico de Zedd, sin embargo, de alguna manera, me gustaba que fuera distinto a los demás. Me gustaba que expresara lo que pensara, que preguntara las dudas que tenia, siendo directo, pero sin faltar al respeto o cruzarse de la raya. Era una persona real, sin apariencias o mascaras, que no tenia miedo a ser quién era. Era introvertido, pero al mismo tiempo, decía las cosas como eran, sin miedo o inseguridad.
—Es algo un poco tonto que hacemos, cada vez que una de nosotras pasa por un día estresante—repuse, tratando de no sonar extraña—Es la manera que tenemos de desahogarnos y liberar todo lo que cargamos.
—Supongo que es algo que tres adolescentes locas hacen—bromeo Zedd, riendo, mientras me lanzaba nuevamente aquella mirada profunda, que penetraba todo de mí. Me reí, mirándolo como si estuviera molesta.
—Se que suena loco, pero de alguna forma, sí ayuda a desahogarte y sacar todo—repliqué.
—No lo sé—añadió Zedd, sosiegamente—Tal vez algún día lo intente—me sonrió, tímido.
—¿Tú qué haces cuando tienes un día pesado?
—Suelo sacar todo, a través del dibujo o de los lienzos que de vez en cuando pinto—me contestó, mientras notaba en él un brillo sobre sus ojos—Casi siempre estoy dibujando o pintando, así que esa es la interacción mas larga que tengo en el día. Con mi lápiz y papel—aquel brillo se intensificaba mas y mas en sus ojos, que miraban hacia el horizonte, al mismo tiempo que yo lo escuchaba atentamente—Cada vez que dibujo, me pierdo en una realidad que me pertenece, en donde puedo ser un poco más feliz, de lo que soy aquí, en esta realidad—al terminar de hablar el brillo sobre sus ojos se apago, luciendo una tristeza que cernía sobre ellos. Aquella melancolía también llego a mí, impactándome, sin darme cuenta.
—Me gustaría ver un dibujo o una obra tuya—le dije, lo más alegre posible, tratando de eliminar aquel dejo de tristeza que habían despedido de sus ojos—Mi madre también es una artista, como tú. Así que toda mi vida me ha rodeado el arte, las pinturas y los lienzos—volví a decir.
—Podría mostrarte mis dibujos—musito Zedd en voz tímida—solo que no si habría algún pro…
—¡Enserio?—interrumpí exaltada—¡Me encantaría! ¡Pensé que nunca lo dirías!
—Solo que vivo en Brooklyn.
Dentro de mí, sabia que ya era tarde y que por las distancias y el tiempo, lo mejor era si no iba a casa de Zedd; sin embargo, el deseo era más grande que el miedo a meterme en problemas. Sentía como si aquel momento era parte de un sueño, y no podía perderme de ello. No podía privarme de vivir aquella nueva experiencia. Aquella experiencia, llamada Zedd Anderson.
—No hay problema—conteste impulsivamente.
Zedd y yo nos adentramos a las calles de la 26 Broadway, en donde las luces armonizaban con la lobreguez existente, mientras que las personas y los taxis, fluían por las avenidas. Caminar por aquella calles, junto a Zedd, bajo el oscuro cielo, los edificios frente a nosotros y la metrópoli siendo por sí sola, era un instante que estaba disfrutando, viviendo al máximo, siendo parte de esa experiencia con nombre y perfume. Me sentía invencible, como si flotara junto a Zedd, olvidándome de todo y de todos. Olvidándome de quién era. Dónde estaba. Solo podía observarlo a él, en medio de la gran ciudad y el sonido ajetreado. Observar sus pasos, crepitar junto a los míos. Su mirada, fija al frente, reflejando la luminotecnia de cada fragmento avanzado. Su cabello castaño, bailando al compas del viento.
Solo éramos Zedd y yo, siendo parte de una escena desapercibida, en medio de luces, muchedumbre y altos rascacielos. Zedd y yo, transitando juntos, por las avenidas, dejando que la conexión nos entrelazara, llevándonos hacia un destino incierto.