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1831 Words
De todas las personas que podría encontrarme en el boliche jamás me imaginé que una de ellas podía ser Diego. Se veía tan sexi y su aroma exquisito me hacía sentir seducida, sus ojos negros como la noche me atravesaban el cuerpo y su tacto con mi piel desnuda nunca se había sentido tan bien ¿Será los efecto del alcohol en sangre? no lo sabía, de lo único que estaba segura era que hacía mucho no me sentía tan excitada y si quiera me había dicho una palabra. Él no hablo, solo me tomó el rostro con sus manos y calló mis pensamientos con un beso, el mismo que fue en aumento al mismo tiempo que mi cuerpo se iba preparando para arder junto al suyo. Sus manos viajaban por toda mi espalda desnuda, mientras nuestras lenguas luchaban una cruel batalla en nuestras bocas y obligándonos a separarnos para recomponer el aire y continuar besándonos. Podía sentir la humedad latente de mi intimidad y la erección de mis pezones, quienes morían por sentir sus dientes mordiéndolos y, estirándolos. Jala con fuerza mis cabello y me obliga a mirarlo mientras lame dos de sus dedos y sin previo aviso, los desliza por mi cuello, los pasa por mis pechos aún cubiertos por la suave tela y para sorpresa de nadie los entierra en mí, dejando escapar un desgarrador gemido que se hace eco en todo el lugar. Sus dedos entraban y salían arrebatando mis adentros, al mismo tiempo que podía ver en sus ojos el deseo de enterrar su erecto m*****o en mi, pero conociéndolo esto era solo el inicio y como siempre terminaba obligándome a rogarle que en haga suya. - Te deseo. – le digo en un suspiro. - Lo sé.- dice arrogante. En otro momento de mi vida o bien, si lo hubiera conocido de otra forma, estaba segura que lo mandaría al demonio, pero lo que me conectaba a él era algo más fuerte que mi voluntad y solo podía entregarme a los deseos de la carne que llama y clama por él, ahora. No recuerdo en qué momento nos habíamos perdido entre la gente y ahora nos encontrábamos en la oscuridad de un callejón donde el único testigo de nuestro pecado eran, la luna, las estrellas y algún que otro insecto o animal repugnante que puede vivir entre desechos. Esa noche había elegido ponerme una pollera suelta, como si mi inconsciente ya supiera que lo encontraría allí, que me tomaría en sus brazos y me haría el amor con tanto placer. Sus besos dejan mis labios para recorrer lujuriosamente mi cuello al mismo tiempo que su pelvis empuja la mía desesperado por liberarse y abrirse paso dentro de mi. Sus manos acompañan el recorrido de sus labios por cada rincón desnudo de mi cuerpo, despojándome de los pocos trapos que vestían y cubrían mi cuerpo. En un momento pienso ¿Y si alguien nos ve? ¿Si algún alma desamparada justo pasa por aquí y nos ve teniendo sexo? Pensar eso generaba en mi una adrenalina que alimentaba el deseo s****l que me sofocaba el alma, me asfixiaba. Cuando no había nada que ocultar a mis pechos, se separa de mi cuerpo para admirarlos, dejándome claramente visible la expresión de su rostro, extasiado y deseoso de llevarse a la boca uno de los pezones rozados y duros. ¿Alguna vez han tenido el placer de sentir lo excitante que puede ser que mientras te lamen y muerden los pezones, te masturben sin piedad tus genitales? Es la gloria misma. El sentir sus dedos entrar en mí mientras su boca arrebataba salvajemente mis pechos, su forma de poseer mi cuerpo era algo que no había olvidado y que creo que en la vida podría hacerlo. - No puedo aguantar más. – le digo con la voz entrecortada y con el poco aire que tengo en los pulmones. - Pues lo lamento, esto recién comienza. – fue lo único que me dijo luego de soltar mis pechos y sacar sus dedos dentro de mi. Con firmeza me toma del cabello y me obliga a mirarlo. – no tienes idea de lo que está noche voy hacerle a tu cuerpo. – De un momento a otro, se arrodilló a mis pies y clavando sus ojos en los míos desabrochó los botones de mi pollera y acto seguido comencé a sentir el suave desliz de la prenda sobre mis piernas. Sus ojos no se separaban de los míos y mis piernas comenzaban a temblar, aún no me había vuelto a tocar y mi cuerpo estaba sufriendo una convulsión tan placentera como la sensación se su respiración en mis partes prohibidas. - Mojada, como a mí me gusta. – acotó al mismo tiempo que dos dedos hacían presión sobre mi hinchado y húmedo clítoris aún cubierto por la tela. Mientras más hacia presión en la zona mas placer le provocaba a mi cuerpo, que quería más, deseaba más. Suavemente me saca la ropa interior y se la lleva a la zona de la nariz y la boca para tomar una gran bocanada de aire al mismo tiempo que la fragancia íntima de mis genitales copaban cada milímetro de sus fosas nasales. - Tu aroma sigue igual que la última vez, exquisito. – No podía emitir sonido alguno, su comentario me había tomado por sorpresa, como la acción que vino después, cuando creyendo y preparándome para sentir su lengua entre mis piernas, se acercó y respiro sobre mis genitales para luego soplar sobre ellos. ¿Alguna vez han sentido el mentol entre sus partes íntimas? La sensación de calor y frío al mismo tiempo era como sumergirse en un mar de fuego y darse caer en un bloque de hielo. Una sensación realmente excitante. El primer contacto de su lengua con mi intimidad provocó que todo mi cuerpo se desestabilizar y mi equilibrio comenzará a fallar, todo mi cuerpo se tambaleó al mismo tiempo que arrancó un gemido desde las profundidades de mi garganta y mis manos comenzaron a rasgar las paredes de ladrillo. El movimiento de su lengua paso de ser suave y lento a un huracán enfurecido y violento. Quería gritar, necesitaba que todo el mundo escuché mi voz, mis gritos, mis gemidos pero solo podía cubrir mi boca y temblar de la excitación provocada. En ningún momento saco su lengua de mi v****a y sin esperarme su actitud y sin saber cómo y de dónde saco tanta fuerza, me obligó a poner ambas piernas al costado de su cuello y como si mis jugos le dieran la fuerza necesaria, se levanto del piso y con todo mi cuerpo contra la pared y mis genitales expuesto y en su boca, continúo ultrajado mi parte íntima. - Rica, deliciosa. – eran palabras que decía cada aves que dejaba mi clítoris y tomaba una gran bocanada de aire para continuar. Podía ver rostro empapado de sudor y sus labios mojados por mis fluidos, sus ojos estaban dilatados y su respiración era entre cortada, luego de regalarme una sonrisa vuelve arrebatar mi punto más sensible aunque esta vez, mientras su lengua me masturbaba, el hacia lo mismo con su pene que de duro ya dolía. ¿Se imaginan estar sintiendo sus gemidos en tus partes íntimas al mismo tiempo que está practicando te sexo oral? Esto era el suelo y el infierno. Su lengua se centro en ese pedacito de carne, dónde se concentra toda la sensibilidad, todo el deseo, toda la excitación y realmente no podía dejar de sentir como el efecto de sus movimientos sobre mi zona erógena provocaba una sensación tan única como placentera en todo el cuerpo y la excitación llegaba a cada rincón de él. Termine convulsionando, llegando al éxtasis, terminando en su boca ambos al mismo tiempo ¿La diferencia? Que el acabo sobre su mano en cambio yo humedecí su garganta. - Nunca habías tenido tan rico sabor. – fue lo único que me dijo para que con cuidado me ayudara a bajarme de sus hombros. Tomo mis piernas y me acompaño realizándolas sobre sus brazos y cuando espero que me deje en el suelo, de un solo golpe entierra todo su m*****o en mi v****a. - Ahhhhh. – se me escapó un grito desgarrador. Su cuerpo se movía tan rápido y fuerte que mis pechos retumbaban sobre su cara y como podía trataba de atraparlos con su boca, hasta que se dio cuenta que aún los cubría la tela y sin esperarme, deja de moverse y con al sensación de estar, prácticamente sentada sobre un duro y exquisito pene sobre el aire, sostenida en él. Rompe desesperado mi blusa y al mismo tiempo que volvía a moverse, su boca, sus dientes apretaron uno de mis pechos sin poder evitar soltar otro gemido de placer. Su m*****o se mueve dentro mío al mismo tiempo que su lengua juega salvajemente con la mía y sus manos abren cada vez más mis glúteos . Se detiene, me observa y ante una media sonrisa que derretiría hasta un continente entero hace un movimiento brusco y todo mi interior se contrae casi por arte reflejo. - Si, nena amo que hagas eso. Me volves loco. – Cada vez que aceleraba sus movimientos mis paredes vaginales lo encerraban y apretaban y eso era algo que lo desquiciaba y lo llevaba a la cima del éxtasis. De un momento a otro deja de penetrarme y deja caer su cabeza sobre mi pecho desnudo, en ese instante todo a nuestro alrededor era invadido por la exquisita melodía de nuestra respiración agitada, de la sensación de su aliento rozar mis pezones y del sentir de su glande aún latente dentro de mi cuerpo. - Extrañaba tu cuerpo. – Me sorprendió de repente por qué Diego no era de esas personas que demostraban afecto o por lo menos hacia mi, él siempre fue frío y distante, pese a que hemos tenido una aventura por mucho tiempo no conozco tanto de él como de Nacho. Diego nunca me había mostrado las cicatrices de su alma como aquel lo había hecho y era eso lo que los diferenciaba. De un momento a otro, siento que saca su m*****o desde dentro mío y al querer introducirlo por mi orificio anal es que lo detengo. - ¡No, detente! – Él solo me mira creyendo comprender por qué le decía, pero verdaderamente no tenía ni idea de por qué de un segundo a otro, todo el calor en mi cuerpo se disipó y el fuego que ardía en mis partes íntimas se apagó. - Tranquila, lo haré despacio. – me dice intentando penetrarme. - ¡No! No me entendés, ya no quiero a seguir. – proclame firmemente pero el no comprendía nada. – quiero que me bajes. – aún sin comprender me ayudó hacer pie en el suelo. - ¿Hice algo mal? – su voz y su expresión se tornaron preocupantes. - No SOS vos, soy yo. –
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