Esa es la frase más repetida en estas ocasiones y generalmente la decimos cuando en realidad nos queremos responsabilizar de que es el otro y no uno mismo, pero está vez era diferente. No era Diego, era yo. Yo soy la que está confundida, la que no sabe qué hacer, la que no entiende por qué si quiere a un solo hombre está revolcándose con otro y por qué siento tanto deseo s****l por este otro cuando no debería ser así
- Esa es una frase repetida y lo sabes muy bien ¿Qué pasa Camila? -me dice en tanto me costó rápidamente, necesitaba huir de allí.
- No puedo estar con vos si quiero a otro hombre. – el decir esto último lo toma por sorpresa y se queda inmóvil sin decir ni hacer nada. – no quiero que pienses. . . – intento decirle que no es su culpa, que la confusión es mía y que si había de algo que no me arrepentiría era de haberlo conocido y haber vivido un romance tan apasionado, pero la realidad era que estaba sintiendo cosas pro Nacho que creí muertas y no puedo estar con Diego si pienso que traiciono mis sentimientos.
- No hace falta. Vamos, te llevaré a tu casa. –
En mi vida me había sentido tan incómoda con su presencia. Jamás me hubiera imaginado que podría tomarlo así, tan indiferente, en otro momento me esperaba que él se pusiera feliz de saber que aparentemente se acabaría está presión de estar llevando una doble vida, pero ahora todo era distinto.
Hasta dónde sabía, desde que él se separó de su mujer no había vuelto a ser el mismo, sus colegas decían que se había encerrado en su departamento y que por ello había pedido licencia especial sin goce de sueldo. Se anduvo diciendo también, que había mantenido una relación clandestina con una alumna y que por ello su matrimonio se había acabado. Por sus labios me enteré que Julieta sabía que él había sido víctima de acosos s****l por parte de Daiana y que el vídeo que le habían mandado era edición pura porque él jamás había faltado a su promesa el día que se recibió de docente y que era un profesional con todas las letras y su personalidad se fundaba en la ética y la moral.
Sabemos que eso no fue lo que sucedió, pero las circunstancias le habían servido para limpiar su reputación y por suerte no se había filtrado que en el entiendo, también estaba involucrada.
En el tiempo que estuve internada no hubo día en el que no me llamara y en el que no me pidiera perdón por haberme dejado sola con esa loca, pero ya saben pudo haber sido muy tarde y gracias a Dios Nacho estuvo ahí, mientras que él, sentado en el living de su departamento comiéndose las uñas por qué yo recupere esas foto exponiéndome a perder mi vida.
Admito que más de una vez no le he atendido el teléfono y que al cabo de quince días sin atenderle ya no había insistido más, por lo que llevábamos dos meses y medio sin hablarnos y cuatro sin vernos. Ahora solo me importaba encontrar a Nacho.
- Llegamos. – le digo evitando mirarlo y creyendo que iba a decirme algo más, da la vuelta yen silencio se marcha.
. . .
Cuatro meses del ingreso de Daiana al centro Psiquiátrico y los médicos aun sorprendidos al ver que el tratamiento no estaba arrojando buenos resultados, pese a que ellos mismos seguían de cerca todos los detalles, no podían cerciorarse de que la paciente hiciera su parte de manera efectiva.
Otra de sus actitudes que realmente preocupaban a los especialistas eran las autoflagelaciones. Las lesiones comenzaron aparecer a la semana de su ingreso por lo cual tuvo que ser derivada a un pabellón exclusivo dónde tuviera vigilancia personalizada las 24 hs.
Así mismo, no podían entender cómo todos los estudios que se le habían realizado hasta el momento, mostraban que era incapaz de sentir sentimientos compasivos por quienes la rodean y que no percibía la realidad como tal, sino que vivía sumergida en un estado de inconsciencia, despierta, dónde todo giraba en torno a lo que ella creía. Esta era una actitud que realmente les preocupaba, dado que, si no tomaba conciencia de lo que le había sucedido, de su realidad sería difícil que pudiera empezar a responder de manera positiva al tratamiento y esto era una alerta para los especialistas dado que, seguía siendo considerada paciente peligrosa para sí misma como para terceros.
Lo que los médicos no sabían, era que, en el cuerpo de Daiana, seguía creciendo el odio que tenía hacia Camila y que más de una vez se había jurado muy lucida, que se vengaría por haberle quitado al hombre que amaba. Para ella, Ayala lo había seducido y esa era la razón por la cual, Nacho se había olvidado de ella, pero que si volvían a verse él recordaría que la amaba y volverían a estar juntos.
En todo este tiempo, ella no había dejado de escribir sobre él ni de dibujar su rostro o características del mismo y cada vez que ingresaban a su habitación a por algún motivo, se encontraban con más y más papeles pegados en las paredes. Cada vez que tenia sesiones con su psicóloga siempre eran las mismas preguntas con sus mismas respuestas. Daiana mostraba incapacidad de aceptar el motivo de su encierro y manifestaba emociones negativas cada vez que en la conversación se nombraba a su hermanastro. La ultima vez que la doctora le preguntó sobre Marina, la ex novia de Nacho, le agarró un ataque de nervios que la llevó no solo a autoflagelarse, sino a destruir todo lo que tenía a su alrededor y atacando a la especialista, lo cual tuvieron que sedarla y amarrarla con chalecos de fuerza.
Lo que nadie sabía ni se imaginaba era que, así como la veían, ella sabía perfectamente por qué estaba allí, reconocía lo que le había hecho a Camila y no se arrepentía por ello, si no de no haber podido matarla y que el día que ingresó al establecimiento psiquiátrico se juró hacer hasta lo imposible por salir de allí y cobrarse, de la peor manera, todo lo que le había hecho.
Ella estaba tan cegada de odio que había sido capaz de seducir a uno de los enfermeros, el mismo que cuidaba su pabellón por las noches y como era costumbre violar a las internas en ese establecimiento, a ninguno le pareció raro que se perdiera todas las noches en la habitación de Fernández.
- Pensé que no ibas a venir. – le decía ella mientras él, miraba ambos costados antes de cerrar la habitación.
- No pude venir antes dado que recién terminó el recorrido del turno tarde. – le explicaba mientras se sacaba los zapatos y se desvestía.
Para Pablo, el enfermero, estar todas las noches con Daiana era simplemente un desahogo s****l, dado que estaba atravesando una ruptura con su esposa y estaba muy susceptible por ello. Hacía dos meses que estaban juntos por las noches y ella había logrado ganar su confianza que hasta le hacía de detective. Cada vez que ella le pedía que siguiera a Camila y a Nacho, debía entregarle su cuerpo para que aquel accediese y como para ella, saber de ambos era una necesidad, como el oxígeno para respirar, era un placer entregarse por que cumpliera sus pedidos. Otra de las cosas que había adoptado en todo este tiempo, era el consumo por la heroína, era un secreto a voces entre los empleados nocturnos que las pacientes a las cuales abusaban, las drogaran para que no puedan decir nada sobre lo que le hacían, pero con Daiana era diferente. Las drogas le daban la adrenalina que necesitaba para seguir alimentando su odio y él se las proveía. Salvo las veces que le tocaba estudios de sangre, allí, por una semana, no consumía. Debía estar limpia.
Daiana sabía cómo volverlo loco, conocía detalladas cada una de sus zonas erógenas y aprovechaba su poder para poder hacer de su cuerpo un títere, bajo sus manos, sobre y dentro de sus partes íntimas. A él lo volvía loco cada vez que ella se sentaba sobre su duro pene y de espaldas se revolvía sobre él y podía sentir la profundidad que iba ganando con cada movimiento suyo. Era costumbre escuchar música clásica cada vez que violaban a las internas ya que les permitía extasiarse sin reprimir un solo gemido y a él le volvía loco los gritos de placer de ella.
Otra de las cosas que le volvían loco era la manera en la que ella jugaba con su m*****o en la boca, Daiana era una diosa y en ello no había mujer que pudiera igualarla. Para Pablo, nunca en sus 30 años había sido poseído por una mujer tan hermosa y pasional como ella y lo tenía realmente embrujado, tal es así que si le pedía que saltase de una montaña lo haría sin dudar un solo segundo y ella sabía eso.
- Estas tan estrecha que me vuelve loco lo que haces con mi m*****o dentro tuyo. –
Para él cada noche era algo nuevo, la manera en la que lo tomaba bajo las sabanas lo hacían perder los cinco sentidos. Ella podía manejarlo cómo quería y él dejaba que hiciera de sí mismo lo que deseaba. Había explorado cada orificio de su cuerpo y nunca en su vida había conocido el placer como con ella.