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1819 Words
- Estoy por llegar… - Le decía con la voz entre cortada mientras ella movía su cuerpo de manera intensa y ligera y al mismo tiempo que podía ver en su rostro, como sus facciones se desencajaban, sus ojos se le ponían en blanco, su cuerpo temblaba ella solo reía, sintiendo como él, le acababa tan adentro, tan profundo. Ella sabía que a Pablo le enloquecía terminar dentro de ella y ese era un placer que no solo nole prohibia sino que motivaba para que siga volviéndose loco dado que así, podía tenerlo bajo sus órdenes. Sabía que siempre al terminar, una pastilla del día después debía ingerir para no quedar embarazada. Ella era malvada, era el engendro del demonio y de solo pensar que puede gestar vida en su vientre, que no es de Nacho, sería capaz de asesinar a su propio hijo. - ¿Qué me has averiguado esta vez? – le preguntó aun sentada sobre su m*****o en tanto él intentaba reponerse del exquisito orgasmo que acababa de darle. - No han vuelto a estar juntos. Él se encuentra en las afueras de la ciudad y he visto que lo acompaña una chica rubia. – El simple hecho de escuchar que Nacho, su Ignacio se encontraba con otra mujer hizo que toda su sangre hirviera a 100 centígrados y no quiso escuchar más, sino que comenzó en un ataque de nervios y a los gritos empezó a rasguñarle el cuerpo ante el grito - ¡mentira, él es mío, solo mío! – toda esta actitud “enfrió” por completo a Pablo y de un solo empujón la sacó de su regazo y se incorporó rápidamente. Al verla tirada en el piso tomándose la cabeza con ambas manos y diciéndose a si misma que era una mentira, que Nacho no podía estar engañándola él logra vestirse rápidamente y previo a salir, la toma de ambas muñecas y antes que pueda decirle algo la tira contra la cama y él toma el control de la situación. Entre gritos, manotazos y patadas logra sentarse en su pecho, dificultándole poder respirar cuando se acerca a su rostro para decirle algo, ella lo escupe y eso provoca su enojo que respondió con un golpe de puño en su labio. Ella podía sentir como el líquido caliente se escurría de su boca. No sólo la había golpeado, sino que la había lastimado y eso era algo que en su vida podría perdonarle y que en algún momento se cobraría. - Donde vuelvas a hacer una cosa así, voy a darte una paliza que no te va a reconocer ni tu querido Nachito. – Luego de decir aquello, se levanta de ella y antes de salir la observa nuevamente para decirle algo. – coges tan rico que es una pena que estés así de loca. – la observa de arriba abajo con actitud despreciable. – que desperdicio de mujer. – y se marcha dejándola sola en la habitación. Lo que él nunca podría imaginarse que lo que había hecho no le saldría para nada barato. Llevaba meses sin saber de nadie, si quiera de Daiana. Le era muy difícil poder procesar todo lo que le había sucedido y realmente no apetecía hacerlo. El saber que ella había tenido que ver con la muerte de Marina y su bebé lo había abatido y admitirse a sí mismo que Camila sólo se acercó a él por una tonta obsesión por su profesor de Literatura lo había dejado realmente destruido. El día del incidente, acompaño a Camila en la ambulancia y se quedó con ella hasta que las enfermeras le dijeron que había salido de peligro, pero cuando le permitieron ir a verla, eligió marcharse para perderse de todos incluyéndola a ella. Para él era difícil poder creerse que todo lo que había hecho ella, todo lo que le había dicho y lo que intuía que le pasaba con él, no era más que una puesta en escena y por segunda vez en su vida se sintió perdido. Pero lo que él no sabía, era que ella lo quería tanto que era incapaz de poder estar con otro hombre, de poder terminar el acto s****l sin sentir que traiciona lo que siente por él, que muy en el fondo lo ama y él no le ha dado oportunidad de decírselo, de explicarle todo desde el comienzo. Lo que pocos sabían, era que cuando pasó lo de su bebé y luego lo de Marina, se había sumergido en el mundo de las drogas y el delito que hasta había estado a punto de arrebatarle la vida a un pobre anciano para robarle unos míseros pesos para comprar ese maldito polvo blanco y seguir en ese estado de inconsciencia que lo alejaba de la realidad y hacía que nada le duela. Es más, parte de la herencia de su abuelo, lo había gastado en drogas y no en viajes y mujeres como le había hecho creer a su familia. La realidad era que después de Marina no hubo otra y que cuando al fin decidió abrir su corazón, Camila se encargó no solo de arrancárselo sino de destruirlo y pisotearlo en el suelo por eso una parte de él la odiaba, pero la otra la amaba y eran sentimientos con los que luchaba diariamente para no flaquear y perdonarla. Ni bien Camila se recuperó, regresó a la casa que había compartido sus padres y hermanastros, tomó algunas prendas, las guardo en una mochila sacó unos pesos de la caja fuerte que compartía con Franco, su hermanastro y se marchó sin dar muchas explicaciones solo una nota en la que decía “Necesito tiempo, no me busquen. Ignacio” Fue a la terminal de Retiro y pidió un boleto al lugar más alejado y recóndito de la ciudad no sin antes darse un buen pase de cocaína. El siempre decía que para alejarse de la realidad debías estar bien drogado y eso era lo que estaba haciendo porque quería olvidarse hasta de su propia existencia. En su viaje conoció a Nayla, una rubia a la cual había salvado de ser abusada sexualmente por unos borrachos en unas de las tantas paradas que hacía el micro antes de llegar a destino y como ella no tenía familia y le había contado una historia más o menos parecida a la suya por una vez en mucho tiempo se sintió tan identificado que permitió que lo acompañase. Ella le había contado que hacia unos años estaba por dar a luz a su primera hija, pero días antes de parir encontró a su marido con quién decía ser su mejor amiga y producto de esa decepción su hija había nacido muerta con lo cual había decidido escapar de esa vida de mentiras y que cuando la encontró a punto de ser violada estaba huyendo de su ex marido que, como tenía poder y dinero había ordenado a sus hombres a que la buscasen y regresaran a la casa. Algo en ella le había despertado confianza, pero no entendía el por qué, simplemente dejó que lo acompañara, pero advirtiéndole que por alguna razón las cosas se complicaban con ella junto, debería marcharse. Lo que no sabía Nacho era que Nayla, sería tan importante como lo fue Camila en su momento. A lo mejor esto debería ser una señal de no volver a confiar en ninguna cara bonita, pero la vio tan afligida que no creyó que le estuviera mintiendo. Además, le había mostrado la cicatriz de la cesárea, por lo que bajo ninguna circunstancia podría estarle mintiendo. A parte, ¿Qué ganaría con hacerlo? - ¿qué comeremos? – le pregunta ella quien abraza su estómago del hambre que la invadía. - No lo sé. No tengo dinero par ello. – respondió el casi sin mirarla, pero ella lo sorprendió con una propuesta. - Robemos. – él la miró sin entender ¿Qué le estaba diciendo? – no me mires así ¿cómo pensas que vamos a sobrevivir. Además, solo será comida. – La realidad era que luego de casi asesinar a ese pobre anciano él se había jurado no volver hacer una cosa así, pero ella tenía razón, el dinero se estaba acabando y sus “costumbres” no valían dos mangos y ya ni para eso le alcanzaba por lo que no le quedaba mas que robar para seguir fuera de la realidad y para no morir en el intento. - No sé si quiero hacerlo. – le dice él aún indeciso. - Entonces nos moriremos de hambre. – la vuelve a mirar y pone los ojos de blanco. Ella ya sabía que había accedido. – si quieres, me ocuparé de intimar al almacenero mientras vos llenas los bolsos con comida. ¿Está bien? – A él no le quedó más que aceptar, tenía hambre y no tenía un solo peso para comprar comida. Ella traía consigo una navaja, con lo cuál ese era el objeto que utilizarían para infundir miedo a sus víctimas. Ni bien se pararon frente a un autoservicio ella se colocó el arma blanca detrás de su torta y el solo se puso sus anteojos de sol. Supongo que para evitar que lo reconozcan. Tomo una gran bocanada de aire y siguió a la rubia que ya casi estaba ingresando al lugar. Ni bien entraron ella se acercó al almacenero y sin mediar palabra alguna, lo tomo del cuello colocándole el arma amedrentándolo – un solo movimiento y no contas el cuento. – fue las únicas palabras que dijo para luego hacerle señas a su compañero de que ponga lo que más pueda en su bolso. Ni bien lograron tomar varias provisiones, ella lo suelta pero antes de salir, Nacho asalta la caja llevándose tan solo $600 lo cual no era mucho, pero serviría para comprarse alguna bolsa. Hacia mucho él no sentía la adrenalina en su sangre, esa sensación de saber que está haciendo algo malo lo hacía sentir orgulloso de si mismo. Si, no es algo agradable de leer, pero eso le sucedía. Cada aves que cometían un delito, el se sentía más en sus anchas y se acercaban un poco más. Una noche, pasados en drogas y alcohol, él olvidó por unos minutos a Camila y toda la mierda de su pasado y la beso. Beso a Nayla como hacía rato no lo hacía, como si eso le hubiera faltado para poder revivir, para poder volver de las tinieblas. La beso de tal manera que ella no pudo evitar sentirse atada a la pasión que no sabía que existía entre ambos, pero en el momento que sus labios se separaron él no vio los ojos y el rostro de la rubia, sino que se le reflejo Camila y desde ese día, por alguna razón que solo Dios y las estrellas saben, él se hizo adicto al sabor de sus labios, al contacto con ellos.
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