No recordaba que el amor podía doler tanto hasta que lo vi de la mano con otra. Tenía tantos deseos de acercarme a él, de abrazarlo, de besarlo pero verlo acompañado me hizo detenerme en mi lugar y ponerme a pensar si no sería fuera de lugar hablarle en una situación como la que estaba transitando. La muerte de su padre.
- Si querés podes irte. No es necesario que pases por esto. –
La madrasta de Nacho sabía por demás mis sentimientos por su hijastro y sabía que no se sentía para nada bien el que esté acompañándola en la tragedia y que Nacho se haga presente con su nueva novia.
- No pasa nada, señora, estoy bien. –
Mentí. No estaba bien, nada de lo que estaba sucediendo estaba bien. Me dolía el alma el verlo ahí, frente a mis ojos con otra mujer, que me ignoraste y que siquiera se haya acercado para recibir mis condolencias.
No quería verlos, sinceramente toda la situación me estaba haciendo realmente mal y no era lo suficientemente caliente para quedarme a ver cómo otra mujer ocupa el lugar que debería ser mío.
Se había levantado algo de viento y las primeras gotas comenzaban a mojar mi piel desnuda y como no quería enfermarme preferí irme, no sin antes dsr mis condolencias nuevamente a la viuda y pasar a saludar a Franco.
Mientras me acercaba donde él trataban de juntar todo el valor posible para no derrumbarme cuando esté frente a frente de él y analizando si debía o no saludarlo.
- Debo irme. Nuevamente lamento lo de tu padrastro. - le digo a Franco mientras le doy un se todo abrazo.
Le regaló una última sonrisa y volteó a mirar a la pareja sintiendo que el mundo entero se me venía a los pies. Mire a sus ojos, mire sus manos entrelazadas y solo pude decirle una cosa.
- Lamento verte en estas circunstancias, pero me alegra verte bien acompañado. – sus ojos se dilataron por completo y no podía descifrar lo que estaba sintiendo, simplemente estaba inexpresivo. En cuanto a ella, nos miraba con atención y hasta podía jurar que sabía quién era o por lo menos tenía conocimiento de algo de nuestra historia.
- Disculpa ¿Quién sos? – para sorpresa de los tres, ella quiso saber quién era yo para poder comprender cuál fue ese “doble sentido” con el que le hablé hacia segundos a Nacho.
Por un momento me quedé en silencio ¿Quiénes era realmente? ¿Sabría ella que él y yo tuvimos una historia de amor? No podía averiguar qué historia le contó pero tenia derecho a contestarle y él ni nadie podía negármelo.
- Soy su ex novia. – digo tajante mirándola a los ojos
- No sos nadie. – me sorprende y siento una puntada en el pecho que no me deja comprender cómo aún sigo de pie.
No le dije nada, no soy lo suficientemente fuerte como para quedarme a escucharlo, pero él no iba a permitir que me fuera sin antes “echarle sal a la herida”.
- ¿A dónde vas? – yo lo miro sin comprender el por qué de su pregunta, pero guardó silencio. - no entiendo cómo tenés el descaro de venir al funeral de mi viejo. –
- Tu familia siempre fue especial para mí. – explico pero es en vano. Su mirada está cargada de odio y sus palabras de resentimiento.
- Por tu culpa toda nuestra vida se ha vuelto un infierno. Mi hermanastra está en un Neuropsiquiatrico, mi viejo muerto … - había algo que no comprendía ¿Por qué me estaba diciendo estas cosas? Yo no era la culpable de todo lo que les estaba sucediendo como familia y respecto a Daiana, ¿Por qué justo él tendría compasión de ella, cuando le arrebató lo que más amaba? No tiene sentido.
- ¿Te escuchas lo que decís Nacho? – el se calla por unos segundos y aprovecho para “refrescarle” la memoria. - ¿A caso perdonas que haya sido la culpable de las muertes de tu ex y tú hijo? – pero el toma con fuerza mi muñeca y me atrae a su cuerpo.
- Nadie te pidió que descubrieran nada. – el dolor en el alma era más fuerte que en mi mano. – estaba mejor sin vos. – pero no iba a permitir que me siguiera hablando así. Me solté bruscamente de su agarre y mirándolo a los ojos es que le dije unas cuantas verdades, que supongo y quisiera creerlo, tendrán impacto en él.
- ¿Sabes lo que pasa? Eres un cobarde que prefieres vivir en una mentira que afrontar las verdades. Entonces te sumerges en esa basura de las drogas para sentirte valiente y no sos más que un imbécil y un cobarde. Y si, me equivoqué en haber aprovechado la cercanía con vos para saber de ella, pero jamás. – tomo su barbilla para mirarlo a los ojos. – escúchame bien, jamás jugué con tus sentimientos porque sí, tarde me di cuenta que te amo y no me merezco todo esto que me haces. – él saca mi mano de su rostro y vuelve a darme otra puñalada.
- ¿Amor? Por favor, el único imbécil que sentía algo en la relación, de mentira aclaremos, que llevábamos era yo. – negué con mi cabeza, estaba ciego del dolor y el resentimiento.
- El amor perdona. – fue lo único que me salió en ese momento, pero el negó.
- No te confundas. El amor no perdona, el amor no lastima y vos me hiciste mucho daño. – dijo frio.
- ¿Y dices amarme? – él me miró sin comprender por qué mi pregunta, con qué argumento iba a contextualizar la pregunta. – me dejaste abandonada en el hospital y nunca más tomaste las llamadas. No sabías si estaba viva o si había muerto ¿Esa es tu forma de amarme? ¿Ese es el castigo que querés darme? – su mirada se suavizó y sus ojos se empañaron. – si fue difícil para vos no tenés la más puta idea de cuan difícil fue para mí todo este tiempo. –
- ¡Lo fue! – me interrumpe rápidamente y en sus ojos veo nostalgia y mucho dolor.
- No, no lo creo. Cuatro meses y enseguida el amor para vos murió. – al decirle esto señaló con mi mirada a la chica y él lejos de decirme que todo esto es una pesadilla y que volvió para recuperar el amor que teníamos reafirma lo que digo. –
- Por lo menos no miente. – hice caso omiso a su comentario, solo quería saber una cosa y entonces si, todo tendría su punto final.
- ¿La amas? – él me miró detenidamente y pasaron unos segundos que parecían horas en contestar y realmente deseaba no haberlo oído nunca.
- Sí. – esto fue suficiente para marcharme de ahí.
No sé si hizo ademán de detenerme porque el escucharlo decir que sí, que la ama me fue suficiente para darme cuenta que no tenía más nada que hacer en ese lugar y justo cuando estoy abriendo la gran puerta de hierro del cementerio alguien me detiene. Por un momento pensé que era Ignacio que se había arrepentido y que venía a decirme que me amaba y que quería que estemos juntos. Lejos de ello se trataba de Franco, quien este último tiempo había estado muy cercano.
Al llegar a mí yo volteo y dejo ver mis lágrimas , él me tomo el rostro con sus manos y mientras sus dedos secaban una a una las mismas me dijo algo que venía diciéndome hace rato, solo que ahora tenía otro peso sus palabras.
- Es momento de darle vuelta a la página. – sonreí y asentí con la cabeza.
Tenia razón, Ignacio había empezado su vida con otra mujer y yo aún seguía creyendo que podíamos estar juntos. Ya me había dejado en claro que no me amaba, que ahora la ama a ella. Ya había pasado esa etapa de ser la tercera ¿Otra vez? No. Otra vez no.
- ¿Vas a estar bien? – me preguntó preocupado.
- Si. – sonreí falsamente, pero solo quería llorar.
- ¿Vas a llamarme si necesitas hablar? – asentí para poder salir de allí. Por más que no posará mi mirada en Nacho, toda mi atención estaba puesta en él que nos observaba detenidamente mientras la abrazaba. – Cuídate mucho y cualquier cosa sabes dónde encontrarme. –
Con Franco nos habíamos hecho más cercanos por las visitas que me daba cuando estuve internada en el hospital. Recuerdo que la primera vez que apareció en mi habitación fue a los dos días de haber despertado, para disculparse por lo que su hermana me había hecho. Desde ese momento siempre que podía iba a verme y nos traíamos de cualquier cosa. Él me hacía sentir bien por momentos, pero el recuerdo de su hermanastro estaba presente constantemente en mi cabeza.
Por otro lado, A Ignacio, Nacho, no le gustó para nada el que no le hayan avisado que Camila iría a estar en el funeral de su padre y que además viera la cercanía que ésta tenía con su hermano. Él lo conocía lo suficiente como para darse cuenta que Franco estaba interesado en Camila y que eso a él no le gustaba para nada.
El verlo tocar su rostro le hizo sentir muchos celos y el darse cuenta que estaba secando sus lágrimas le hizo dar una sensación de culpa y vacío en el pecho. Nacho no era de esas personas que disfrutaban haciendo sufrir a la gente, claro que no y verla en esas condiciones no le agradaba.
Cuando ve que ella se retira del cementerio y viene de regreso Franco, no pierde la oportunidad de saber a qué viene esa cercanía entre los dos y el interés de su parte y le hace una pregunta que no imagino jamás, desde que la hizo, que podía escuchar esa respuesta.
- ¿Desde cuándo tan interesado en lo que le pase a ella? – dijo entre dientes.
- Ella, tiene nombre y se llama Camila. – Nacho puso los ojos en blanco e insistió en su pregunta. – desde que me di cuenta que me gusta. – de todas las respuestas, está fue la que jamás esperó y quedó inmóvil en el lugar mié tras que su hermanastro biblia con su madre que lloraba desconsoladamente frente al cajón.