El viento golpeaba su rostro mientras en su cabeza se reproducían uno a uno todos los recuerdos, los momentos que vivió junto a su padre, que le faltó vivir con él. Intentaba contener las lágrimas, no quería llorar, no se iba a permitir llorar, no quería verse débil, nadie debía saber que se estaba desmoronando pro dentro, absolutamente nadie.
Se sentía abatido, primero se había quedado sin la mujer que amaba, luego sin su hijo, cuando se enamoro nuevamente resultó ser todo una farsa y ahora la perdida del padre, era muy fuerte todo para él. Sentía la cabeza explotar y sus manos le sudaban por el temor de volver a encontrarla a ella, a quien por más que lo había intentado, pasaron cuatro meses, cuatro malditos meses y no había conseguido poder alejarla de su corazón, de sus pensamientos, no había sido capaz de dejarla de amar.
- ¿Estás bien? – fue lo único que pudo articular Nayla durante todo el viaje. Ella sabía que estaba atravesando un momento desgarrador pero quería hacerle saber que contaba con ella para lo que necesitara.
- Si, no pasa nada. – por más que quería hacerse el fuerte, por dentro sollozaba como un niño que pierde su juguete favorito.
- Lamento los e tu padre. – fue lo último que dijo antes de apoyar su cabeza en el hombro de él y quedarse dormida
- Yo también lo siento, yo también. -
El viaje duró aproximadamente 3 horas y durante todo el camino ninguno momento en el que no se reprodujera en su mente las mil y una maneras en que puede volver a ver a Camila. Él muy en el fondo lo deseaba, pero no podía deja ese pensar en que para ella no fue más que un juego, un capricho.
- Nai. – con mucho cuidado intenta despertarla. – bonita, ya llegamos. – mientras corría unos mechones de su rostro.
- ¿Tan rápido? – dijo casi dormida.
- Estuviste durmiendo la mayor parte del viaje. –
- Lo lamento mucho. – mientras se estiraba antes de bajar del micro.
Lo primero que hicieron ni bien posaron la terminal de ómnibus de retiro, fue dirigirse algún barrio económico porteño y pagar dos días y dos noches en un hotel barato. No pretendía quedarse más, solo estaría presente en el entierro y se iría al interior nuevamente.
- ¿850 $ la noche? ¡Qué afanó! – se quejo mientras sacaba el dinero de su billetera. – espero que funcione bien el internet pro lo menos.
La chica no dijo nada, solo le entregó la llave y se dirigieron con sus bolsos a la habitación. El trayecto pro escalera fue en completo silencio, un silencio que hasta a la mismísima Nayla le incomodó. Pero no tanto como ver la habitación por dentro. La misma era pequeña y solo había una cama lo cual significaba que tendrían que dormir juntos. Si bien de vez en cuando compartían la misma cama la situación era diferente. Ella moría por qué le haga el amor, pero no podía pedírselo su estaba de duelo ¿O si?
- El entierro es mañana ¿Podrías acompañarme? –
Nacho necesitaba sentirse acompañado y en todo este tiempo ella había sido su sostén.
- Claro que sí. –
- ¿Tenés hambre? – le dijo fingiendo una sonrisa.
- La verdad que sí, pero no quiero molestarte. –
De repente el se levantó de la cama y tomo de nuevo la llave y su billetera para decirme que lo esperase que traería algo caliente para calentarnos y saciar el hambre.
Ni bien piso la calle, un viento lo envolvió, no había traído ropa abrigada por lo que algo de frío sentía. Se dirigió rápidamente a la pizzería de la vuelta del hotel y mientras se preparaba la pizza que había encargado se cruzó al supermercado chino de enfrente.
Él no había sido nunca detallista con Nayla, pero el hecho de haberlo acompañado en este, su dolor más agudo, le hacían ver qué ella era una muy buena mujer y que tener una atención con ella no sería nada malo.
- Espero que te gusten los bombones. - le dejo el dulce en la mesa de luz mientras se descalzaba para comer pizzas.
- Gracias. – lo tomo y se lo llevó al pecho cuál tonta enamorada, sin que él lo notara.
- Traje pizzas, espero que te gusten. – luego de comer cuatro porciones cada aunó, se embarcaron en un profundo sueño.
Camila no podía dejar de sentir pena por lo que la familia Rodríguez estaba pasando, por lo que no tuvo mejor idea que ir a ver a la viuda y su hijo, después de todo ella no tenía mala relación con el hermano y madre de Daiana y siempre los ha visitado luego de salir del hospital y enterarse que Nacho se había ido para no volver jamás.
- Lamento mucho lo del Sr. Pablo. – y abrazo a la viuda tan fuerte como si quisiera juntar la apartes de su alma destrozada por la perdida de su marido.
- Gracias amor. –
La Sra. le había comentado que Nacho iría a presenciar el entierro de su padre y que le gustaría que ella, como amiga a la cual adoraba el Sr. estuviera presente en el entierro. Lo que ninguno sospechaba era que Ignacio se encontraba en viaje para verlo partir una última vez.
Cómo si a propósito fuera, el tiempo acompañaba el momento fúnebre, el sol se había escondido detrás de las nubes y el cielo no paraba de llorar. Había asistido mucha gente al velatorio, era evidente que el Sr. Pablo era adorado por todos y no era para menos, fue muy generoso con cualquier persona desinteresadamente y el agradecimiento se notaba a borbotones.
- Sra. Me gustaría, si no es mucha molestia, acompañarlos al momento del traslado al cementerio. – hablo Camila mientras sostenía la mano de la viuda.
- Claro amor, me va hacer muy bien sentir tu apoyo. – concluyó conteniendo algunas lágrimas.
Camila desconocía si Nacho se haría o no presente en el entierro de su padre y debía ser honesta consigo misma al aceptar que todo el cuerpo le temblaba con el hecho de imaginar cómo sería el verlo de nuevo. Lo que ella no sospecha es que volver a verlo la va atravesar como una daga en el pecho.
Nacho estaba en contacto directo con su hermanastro, por lo que ya sabía que a su padre lo estaban trasladando al cementerio. Franco no le había comentado nada respecto de ella presencia de Camila dado que de ese modo él no se haría presente y les parecía que ya era hora de enfrentar la realidad y dejar de escapar a ella.
El trayecto del hotel al cementerio estuvo cargado de mucha angustia, pero aún así en el rostro de Ignacio no corría una sola lágrima y por alguna razón estaba tranquilo. A su derecha lo acompañaba Nayla, quien sostenía su mano con tanta fuerza como si eso fuera suficiente como para apalear tanto dolor.
- Llegamos. – fue lo que dijo él al sentir que el auto se estacionaba en la puerta del cementerio.
Luego de abonar el viaje, ambos se bajaron y tomados de la mano, luego de tomar una gran bocanada de aire se adentraron al lugar.
- Tranquilo, todo va a estar bien. –
Camila estaba ansiosa, le había agarrado taquicardia, se le secaba la garganta y no podía articular una sola frase. Ella lo atribuyó al momento que estaba viviendo, pero la realidad era que tanto su alma como la de Ignacio estaban conectadas y antes de que pudiera darse cuenta de la cercanía su cuerpo ya sabía que el otro estaba allí.
- ¡Hermano! –
El escuchar a Franco decir eso, hizo que un escalofrío recorría el cuerpo de Camila. Tuvo miedo de girar y encontrarse con él, el hombre que había salvado su vida, el hombre que la amó el que sufre por su culpa sin saber que lo ama de verdad.
Lentamente Camila se giro sobre su eje, y allí lo vio. Él no se percató de su presencia, más ella sí. Sus ojos se empañaron de la emoción al verlo después de tanto tiempo y cuando juntó el valor para acercarse para hablarle ve como una chica rubia se acerca a él y justo en el preciso momento en el que ella toma su manos la amuradas de Camila y Nacho se encontraron pro primera vez en cuatro meses.